domingo, 9 de marzo de 2014

9 de marzo de 2014, domingo


Gen 2,7-9; 3,1-7 ● Sal 50,3-6.12-14 ● Rom 5,12-19 ● Mt 4,1-11

 

La tentación


Palabra de Dios

 

E

l Espíritu llevó a Jesús al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. El tentador se le acercó entonces y le dijo: «Si eres Hijo de Dios…».   (Mt 4,1-4)

 

Reflexión

     Las tres tentaciones son en realidad una sola, pues la pretensión continua del tentador es hacer que Jesús reniegue de su condición de Hijo obediente de Dios, manifestada ya en el Bautismo. Es la misma tentación que se repetirá en la cruz y que atraviesa toda la vida de Jesús: la de un mesianismo fácil y triunfalista. Jesús, sin embargo, supera las pruebas a las que había sucumbido Israel y está así en situación de convocar al nuevo pueblo mesiánico con el anuncio de la Buena Nueva.

 

Oración

Todo lo debemos a tu bondad.

R.: Lo que eres se manifieste, oh Padre.

Lo que existe es fruto de tu sabiduría.

R.: Lo que eres se manifieste, oh Padre.

Todo recibe vida de tu Palabra.

R.: Lo que eres se manifieste, oh Padre.

 

Tu nombre se hace sentir en nosotros

     El nombre en la Biblia no es una simple palabra; es parte de la realidad de una persona o de una cosa. Revela su secreto, manifiesta su identidad. Recibir un nombre es recibir una identidad.

     Sólo Dios puede santificar su nombre; a nosotros nos corresponde el deber de aceptar, de hacernos signos de la santidad que Él tiene en sí.

     No es que Dios necesite añadirle algo a la santidad y magnificencia de su nombre. No le falta nada. Pero su presencia en nosotros no ha llegado a la plenitud, ni se ha completado su dominio sobre el mundo.

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