lunes, 29 de abril de 2013

Oración misionera, 5 de mayo




Oración inicial

Señor Jesús, tú guías sabiamente
la historia de tu Iglesia y de las naciones,
escucha ahora nuestra súplica.

Nuestros idiomas se confunden
como antaño en la torre de Babel.
Somos hijos de un mismo Padre
que tú nos revelaste
y no sabemos ser hermanos,
y el odio siembra más miedo y más muerte.

Danos la paz que promete tu Evangelio,
aquella que el mundo no puede dar.

Enséñanos a construirla como fruto
de la Verdad y de la Justicia.
Escucha la imploración de María Madre
y envíanos tu Espíritu Santo,
para reconciliar en una gran familia
a los corazones y los pueblos.

Venga a nosotros el Reino del Amor,
y confírmanos en la certeza
de que tú estás con nosotros
hasta el fin de los tiempos.Amén. 

Acción de gracias por la semana transcurrida.

Evangelio del domingo (Juan 14,23‑29)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo».

Testimonio misionero:

Annalena Tonelli, misionera laica italiana y médico, vivió 33 años en África (en Kenia y sobre todo en Somalia, donde fue asesinada). Al inicio en comunidad y después sola, única cristiana en medio de musulmanes nómadas. Allí desarrolló un programa de tratamiento de la tuberculosis. Le damos la palabra:

Durante cinco años la población nos había refregado en la cara que nosotras no iríamos nunca al paraíso, porque no decíamos: “No hay Dios fuera de Alá y Mahoma es su profeta”.
Después sucedió un episodio grave, que puso en riesgo nuestra vida, y entonces la gente comenzó a decir que seguramente nosotras también iríamos al paraíso. Y comenzamos a ser tomadas como ejemplo. El primero fue un viejo jefe que nos quería mucho: “Nosotros, los musulmanes, tenemos la fe –nos dijo un día- y vosotras tenéis el amor”. Fue el tiempo del gran deshielo. La gente decía cada vez más frecuentemente que ellos deberían haber hecho como nosotras, que deberían haber aprendido de nosotras a cuidar a los demás, en particular a los más enfermos, los más abandonados. Diecisiete años después, enseguida después de la masacre de Wagalla, un viejo árabe me detuvo en el centro de una de las calles principales del pobre pueblo: profundamente conmovido porque entre los muertos estaban sus amigos, porque me había visto cuando me habían pegado porque me sorprendieron sepultando a los muertos, porque él había tenido miedo y no había hecho nada para salvar a los suyos, mientras que yo había arriesgado todo para salvar la vida de “los suyos”, que habían llegado a ser “los míos”, entonces gritó allí para ser escuchado por todos: “En el nombre de Alá, yo te digo que si nosotros seguimos tus huellas, también nosotros iremos al paraíso”.
En muchos sentidos hay una tal oscuridad y la fe, esta fe que es ante todo don y gracia y bendición. ¿Por qué yo y no tú? ¿Por qué yo y no él, no ella, no ellos? Y sin embargo la vida tiene sentido sólo si se ama. Nada tiene sentido fuera del amor.
Mi vida ha conocido tantos y tantos peligros, he arriesgado la muerte tantas y tantas veces. He estado por años en medio de la guerra. He experimentado en la carne de los míos, de aquellos que amaba, por lo tanto en mi carne, la maldad del hombre, su perversidad, su crueldad, su iniquidad. Y he salido con una convicción inquebrantable, de que lo que cuenta es solamente amar. Aún si no hubiera Dios, sólo el amor tiene un sentido, sólo el amor libera al hombre de todo aquello que lo hace esclavo, solo el amor hace respirar, crecer, florecer, solo el amor hace que nosotros no tengamos más miedo de nada, que nosotros pongamos la mejilla aún no herida al escarnio y a la golpiza de quien nos golpea porque no sabe lo que hace, que nosotros arriesguemos la vida por nuestros amigos, que todo lo creamos, todo lo soportemos, todo lo esperemos. Entonces nuestra vida llega a ser digna de ser vivida, que nuestra vida se hace belleza, gracia, bendición.
Entonces nuestra vida se hace felicidad aún en el sufrimiento, porque nosotros vivimos en nuestra carne la belleza del vivir y del morir. Siento fuertemente que todos nosotros estamos llamados al amor, por lo tanto a la santidad… la mujer pobre de Leon Bloy vagaba de puerta en puerta… una mendiga… “No hay sino una tristeza en el mundo: la de no ser santos”, repetía. Me encanta pensar: no hay sino una tristeza en el mundo: la de no amar. Que al final es lo mismo.

Silencio durante el cual compartimos nuestras oraciones

Canto final
“El que me ama guardará mi Palabra,
mi Padre lo amará (bis)
y vendremos a él y haremos morada en Él”

miércoles, 24 de abril de 2013

Oración misionera, 28 de abril

JORNADA DE LAS VOCACIONES NATIVAS


 Oración inicial

Señor, te pedimos que vengas
a dilatar nuestros corazones
para que tu caridad
pueda penetrar en ellos
y que con tu amor en nosotros,
seamos capaces de amar como tú
de un amor infinito.

(Hno. Christophe-Marie, Carmel Déchaux de la Provincia de Paris)

 Evangelio del domingo (Juan 13, 31-33a.34-35)

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Testimonio de amor y perdón

Carlo Castagna vio un día su casa de Erba (Italia) en llamas y dentro encontró degollados a su mujer Paola, a su hija Rafaella (30 años), a su nieto Youssef (apenas dos años) y a una vecina. Ante este hecho reaccionó con estas palabras: “Claro que perdono. Incluso el Padre Nuestro nos dice de perdonar.”

Cuando dicen que es un santo responde: “¡Pero que santo o santo! No me hagan enfadar. Sólo he pedido al Señor la fuerza para llevar también yo la cruz. He tenido la suerte de encontrar en mi vida sacerdotes y cristianos que han sido ejemplos de vida y de fe. Sus palabras, sus experiencias no están vacías de significado para mí y, en el momento de extrema necesidad, he sentido que las enseñanzas recibidas no han sido inútiles y me han sido de ayuda en el momento de la tragedia.”

¿Dónde se aprende a hablar así? “Estas expresiones vienen seguramente de los diálogos que tenía con Paola. Mi mujer y yo hablábamos mucho y los muchachos a menudo estaban también presentes. Cuando, por ejemplo, oíamos noticias de alguna matanza, ambos teníamos la misma idea: piedad por los asesinos y sus familias. Cierto: hay quien sufre inmensamente porque sus personas queridas han perdido la vida. Pero no podíamos menos que pensar también en lo doloroso y angustioso que debe ser pertenecer a la familia de quien mata”.

Silencio y expresiones espontáneas

Oración final (de la Jornada de las Vocaciones Nativas)

Señor, te rogamos
por nuestros hermanos y hermanas
que han respondido "sí"
a tu llamada al sacerdocio,
a la vida consagrada
y a la misión.

Haz que sus existencias
se renueven de día en día,
y se hagan evangelios vivientes.
¡Señor misericordioso y santo,
sigue enviando nuevos operarios
a la mies de tu Reino!

Ayuda a los que has llamado
a seguirte en este tiempo nuestro;
haz que, contemplando tu rostro,
respondan con alegría
a la maravillosa misión
que les has confiado
por el bien de tu Pueblo
y el de todos los pueblos.

Por Jesucristo nuestro Señor.

(Benedicto XVI)

 

 
 

miércoles, 17 de abril de 2013

Oración misionera del domingo 21/03/2013


Acción de gracias por lo que hemos vivido a lo largo de la semana transcurrida :


Oración inicial :

Señor

ayúdanos a descubrir siempre más,
el amor con el cual tu nos envuelves
a imagen del buen pastor,

y a saber escuchar tu voz
para seguirte en el camino del Evangelio
para siempre

Hno. Christophe-Marie, Carmelo de Déchaux, Provincia de Paris

Evangelio del domingo (Juan 10, 27-30)

Dijo Jesús:

-Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

Yo y el Padre somos uno.

 


Sugerencia para la meditación :

Jesús, siguiendo la tradición de los profetas (Ez 34), utiliza la imagen del pastor para explicar la relación entre los líderes y los discípulos en la comunidad cristiana. La experiencia enseñaba, ya entonces, que este asunto era delicado y se prestaba a abusos muy graves. Ezequiel se había quejado: «Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!» (Ez 34, 2 b). Es el escándalo de los pastores que actúan como dueños del rebaño y lo dominan según sus propias ideas, sus intereses o sus preferencias.

Por eso, Jesús explica aquí, con exquisita precisión, el modelo de relación entre el pastor, que es bueno de verdad, y la comunidad que apacienta. Esta relación se define por tres verbos: «escuchar», «conocer» y «seguir».

Ante todo, los discípulos escuchan al pastor y, en el pastor, a Jesús. Pero sabiendo que escuchar equivale a interesarse por lo que dice y obedeciendo lo que escuchan (Jn 10, 3.16.27), lo que contrasta con la postura de quienes rechazan (Jn 8, 40-47) cuanto dice el pastor (G. Schneider).

En segundo lugar, el pastor conoce a las ovejas. Lo que indica una relación de mutua comprensión y aceptación.

En tercer lugar, el seguimiento, que define la forma de vida del discípulo, que se fía de Jesús, lo deja todo por él e identifica su vida con la del pastor, así como el pastor identifica la suya con la de aquellos a los que pastorea. No es la relación del discípulo con el Rabino, que se redice a imitar costumbres y normas, sino la adhesión que funde la vida con la del otro

Todo esto supone modificar de raíz la relación entre el gobernante y el “gobernado”. Ya no se trata de una relación de poder a la que responde una relación de sumisión. Esto ha sido el principio de descomposición de la Iglesia, porque la ha deformado. Y en una institución así, no puede estar presente Jesús. Todo lo contrario: Jesús se hace presente donde se ofrece un modelo alternativo en la relación entre líderes y comunidad. Cuando todos ellos se funden en la unidad, entonces la Iglesia ofrece la posibilidad de un mundo que nos seduzca, el mundo que anhelamos.

(cf. comentario de la Parroquia san Vicente de Abando)

Recordamos rodas/os estas palabras que hemos oído el Jueves Santo : “De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja» –esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note–; en vez de ser pastores en medio al propio rebaño, y pescadores de hombres.” (Homilía del papa Francisca en la Misa Crismal).
Queremos pedir por todos aquellas/os que cuidan del rebaño de Dios.  Que sean verdaderamente anunciadores del cariño de Dios.

Tiempo de compartir :

Oración final :

El Espíritu de Fe

Contigo, Señor Jesús, voy en la barca.
A veces el mar de mi vida se levanta bravo, recio
y la tempestad juega con mi barca.

La borrasca, Señor, de mis miedos y fracasos;
la borrasca, Señor, de mis inseguridades;
la borrasca, Señor, de mis conflictos y tensiones.

Despierta, Señor, ven en mi ayuda.
Despierta, Jesús, y conduce mi barca
que zozobra en la tempestad.
Manda, Señor, que las olas
se rompan ante tu presencia;
tú que eres el Señor y el Salvador de los hombres.
Dame fe, Señor Jesús,
para que cuente contigo,
para que me fíe de ti,
para que me abandone en la seguridad de tu amor y misericordia. Dame tu Espíritu para que mi fe
sea firme como la roca.

Señor Jesús, contigo no tengo miedo
porque tú me conduces,
porque eres mi Pastor y nada me falta.
Tú das a mi alma tu paz y tu sosiego,
tu luz y tu ternura.
Conforta mi pobre corazón.

Señor Jesús, aunque pase por valles tenebrosos,
aunque pase por noches obscuras,
guíame por el sendero que conduce a la vida.
Nada temo, porque tú vas conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Yo sé que eres bueno
y que unges mi corazón con tu gracia.
Rebosa mi copa con el don de tu fe;
llena mi vida con el don de tu Espíritu.
Tu gracia y tu bondad, Señor,
me acompañarán siempre a lo largo de mi vida.

Tú serás siempre mi Morada, mi refugio,
mi casa donde me cobijo.
Señor Jesús, guía mi vida,
fortalece mi fe, ilumina mis noches.

Gracias, Señor, porque contigo
el camino se hace llano y nada me falta.
Eres mi Pastor, eres mi Guía, eres mi Maestro.

lunes, 15 de abril de 2013

Videos Conferencia "Congo y Siria entre olvido y manipulación"

Los días 15 y 16 de marzo, el Grupo Cultural Javeriano, organizó una conferencia con el título "Congo y Siria, entre olvido y manipulación".


Con un poco de retraso (peleas 'tecnologicas' con videocamera, ordenador, tamaño de los ficheros, ...) logramos alfin poner a la disposición la grabación de la conferencia de Cartagena, que ofrecia la mejor calidad imágen/sonido.  Esperando que todo funcione y pueda serviros.

Un saludo.

Presentación por Enrique Molina Molina

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Intervención de José Luis Vidal Coy

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Intervención de Gerardo González Calvo

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Preguntas, ...

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lunes, 8 de abril de 2013

Oración misionera, 14 de abril


La Pêche Miraculeuse
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Acción de gracias por la semana transcurrida

Oración inicial

Señor, tú sabes que siempre te quise
y que te sigo queriendo;
tú sabes que te quiero.

A pesar de mi soberbia y orgullo,
a pesar de mis miedos e infidelidades,
y de mis quejas permanentes,
tú sabes que te quiero.

A pesar del cansancio y abandono de tantos días,
a pesar de mi cabeza vacía y dura,
y de mi corazón de piedra,
tú sabes que te quiero.

A pesar de que me cuesta adivinarte entre la gente,
a pesar de lo torpe que soy
para verte vestido de pobre,
tú sabes que te quiero.

A pesar de mis dudas de fe,
de mi vacilante esperanza,
y de mi amor posesivo,
tú sabes que te quiero.

A pesar de las bravuconadas de algunos días
y de la apatía y desgana de otros,
a pesar de mis pies cansados,
tú sabes que te quiero.

A pesar de mis entrañas yermas
de mi rostro destemplado,
y de mis manos sucias,
tú sabes que te quiero.

A pesar de que me cuesta quererme a mí mismo,
a pesar de que no siempre te entiendo,
a pesar de los líos que presiento,
tú sabes que te quiero.

Yo te quiero, Señor,
porque tú me quisiste primero
y no renegaste de mí
a pesar de ser torpe y frágil.

Yo te quiero, Señor,
porque siempre confías
en las posibilidades que tengo
de ser, junto a ti,
aquí en mi puesto,
servidor fraterno.

(Florentino Ulibarri)

 
Evangelio del domingo (San Juan 21,1-19)

 En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar."

Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo."

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?"

Ellos contestaron: "No."

Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis."

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor."

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger."

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: "Vamos, almorzad."

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

 
Comentario al evangelio 

- Los apóstoles han vuelto a su quehacer cotidiano, como si el paso de Jesús por sus vidas no hubiese significado nada ¿O quizá sí? Porque los que formaron comunidad con él ahora pescan juntos. En todo caso, no todos están aún entrenados para reconocer a Jesús. 

- Jesús se muestra en la abundancia, como en la primera pesca milagrosa (Lc 5,1-11). No solo el dolor es la “llave santa de su santa puerta” (Gabriela Mistral): también la belleza, la alegría, la abundancia… A ellas estamos llamados. 

- ¿Quién es el más importante: el que tiene poder o el que ama? Para tener un ministerio en la iglesia se necesita ante todo saber por quién se hace y aprender de él a amar. Y la misión entra en esta lógica.

 
Silencio meditativo

Meditaciones compartidas

Oración final (para leer por un solista)

En el lago pescaban los discípulos.
- ¿Recuerdas, Juan, cuando él acompañaba?
¿Te acuerdas de sus gestos, de sus signos?
Aquel día… ¡de peces qué redada!
La noche entera en brega y en fatiga,
y el frío de la noche… pero nada.
Navega mar adentro, lo que dijo,
y echad la red con fe y fuerte confianza.

-No pude resistirme ¡Qué poder
tenía su palabra! –“en tu palabra”-.
Pedro se entristecía, recordaba…
Estaban fatigados en al noche,
los miedos y las dudas en el alma.
Los siete pescadores galileos
marcados por el frío y la añoranza.

- “Muchachos, no sabéis, echad de nuevo
la red a la derecha de la barca”.
Y de nuevo la pesca milagrosa,
y de nuevo renace la esperanza,
y nuevamente Juan lo reconoce,
y Pedro nuevamente se echa al agua.
Lo de Juan fue intuición y fue la fe,
lo de Pedro fue gran corazonada.
Y después el reencuentro y el recuento,
el pan partido, y el pez sobre las brasas.
 
- “Aparta de mí, soy pecador”,
te dije aquella vez, porque temblaba.
Pero ya no te apartes más de mí,
porque lejos de ti mi luz se apaga.
Ahora iré yo a ti, donde tú estás,
arrópame, Jesús, con tu mirada.
Perdóname, Jesús, una vez más,
ahora seré yo quien con mis lágrimas
lave tus pies, tus manos, si me dejas,
y ponga suave bálsamo en tus llagas.

Y quiero confesar mi amor por ti,
que yo te amo, Señor, con toda mi alma,
tú lo sabes bien, tú sabes que te amo,
te quiero más que a nadie, más que a nada.

lunes, 1 de abril de 2013

Oración misionera, 7 de abril

Jésus apparaît à Thomas

Acción de gracias por la Semana Santa y la Pascua

Canción de inicio:

"Señor mío, Dios mío" de Ain Karem

SEÑOR MÍO, DIOS MÍO (2)
Acerca tu dedo, aquí tienes mis manos,
acerca tu mano a mi costado.
Dichoso quien crea sin haberme visto,
que tu fe sea fuerte en mi Palabra.
Aumenta mi fe, Señor, hazme tu testigo
para proclamar que sigues Vivo

Evangelio del domingo (Juan 20, 19-31):

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: - «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: - «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. » Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: - «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. »
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: -«Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: - «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. »
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: - «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: - «¡ Señor Mío y Dios Mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Comentario misionero

- Fe es creer sin ver (caso de Tomás). Fe es también ver más , tener los ojos más abiertos para mirar más profundamente la realidad. Por eso, visita frecuentemente la página de la agencia misionera de noticias MISNA http://www.misna.org/es/
- Tomás no cree el encuentro con el resucitado que ha tenido la comunidad. Se ha perdido esa experiencia de comunidad. No se puede vivir la fe por libre, necesitamos una comunidad donde vivir nuestra fe, compartir nuestras dudas, crecer con la experiencia del otro... y desde la que salir al encuentro del mundo.
- Sigue habiendo muchos signos de la presencia de Jesús resucitado, y lo más fácil es encontrarlos donde también se encuentran sus llagas: entre los marginados, enrte lso pobres, en los que sufren.

Silencio meditativo

Oración compartida

Oración final

"Si no hablas,
llenaré mi corazón de tu silencio
y lo guardaré conmigo.
Y esperaré quieto,
como la noche en su desvelo estrellado,
hundida pacientemente mi cabeza.
Vendrá sin duda la mañana
y se desvanecerá la sombra.
Y tu voz se derramará
por todo el cielo
en arroyos de oro.
Y tus palabras volarán
cantando
de cada uno de mis nidos.
Y tus melodías estallarán en flores
por mis profusas enramadas".
 
(R. Tagore)