domingo, 29 de septiembre de 2013

Mes misionero, 2 de octubre

Santos Ángeles Custodios

Día internacional de la Noviolencia

Aniversario de la canonización de
siete Franciscanas Misioneras de María, mártires en China

Aniversario de la muerte de Claudio Poullart de Places
fundador de los Misioneros Espiritanos

Oración

Dios, Padre de infinita bondad,

te alabamos por haber dado a tu Iglesia

la Congregación del Espíritu Santo,

por medio de Claudio Poullart des Places.


Que el testimonio de una vida santa que él nos ha dejado,

en particular por su amor por los pobres,

sea luz para nuestras vidas, y nos conduzca a vivir

nuestra misión con la audacia del amor

derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.


Señor, te pedimos su beatificación,

así como la gracia particular que hoy,

por su intercesión, te pedimos.

Por Jesucristo Nuestro Señor.  Amén.

ANDADURA DE CONVERSIÓN DE CLAUDIO POULLART DES PLACES

No quiero nada más que a Dios solo ¡Ánimo, alma mía! Promete a tu Dios que harás penitencia de tus pecados y demuéstrale, con el cuidado que vas a tener que evitar, el horror    que sientes.

Que nada en el mundo pueda alejarme de la virtud. Perdamos respeto humano, complacencia, debilidad, amor propio, vanidad, perdamos todo cuando podamos tener por malo y guardemos solo lo que puede ser bueno. Que digan lo que quieran, que me aprueben, que se burlen, que me traten de visionario, de hipócrita o de hombre de bien, en adelante todo me debe ser indiferente. Busco a Dios. Me ha dado la vida para servirlo fielmente. Pronto iré a darle cuenta del tiempo que me ha tenido aquí para realizar mi salvación.

El mundo no me recompensará por agarrarme a él. Sólo dificultades encontraría si tuviese que buscar en él a un amigo que me amase desinteresadamente. Sólo Dios me ama sinceramente y me quiere bien. Si le disgusto, seré el hombre más miserable del mundo. Tendré todo ganado si vivo en Gracia. Todo está perdido si la pierdo.

Dame, Señor, la perseverancia. Consérvame, Señor, tan santas resoluciones y, si te place, dame la Gracia de la perseverancia final”. 

EVANGELIO DE LA MEMORIA (Mateo 18,1-5.10)

En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el reino de Dios?” Él llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos y dijo: “Os aseguro que si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de Dios. Quien se humille como este niño, es el más grande en el reino de Dios. Y el que acoja a uno de estos niños en atención a mí, a mí me acoge. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños. Pues os digo que sus ángeles en el cielo contemplan continuamente el rostro de mi Padre del cielo.”

TESTIMONIO MISIONERO

De nacionalidad argentina, pintor y escultor de profesión, casado y con tres hijos, católico activo, Adolfo Pérez Esquivel es un militante de la no-violencia. Su actitud le valió la cárcel, y también el Premio Nobel de la paz en 1980. Esta experiencia aquí descrita data de abril de 1977.

“He vivido la cárcel de diversas formas. Lo digo siempre, por mi parte, es importante mantener la serenidad interior suficiente, en la oración, para escuchar “el silencio de Dios”, para escuchar lo que Él quiere decirnos en nuestra vida personal y a través de los signos de los tiempos, para descubrir cómo los vivimos.

Para mí, ciertos hechos han tenido una significación especial. Fui arrestado el primer día de la Semana Santa, el 4 de abril. También era el aniversario de la muerte de Martin Luther King. Ciertamente viví esta Semana Santa de una forma muy especial.

Durante los dos primeros días del “tubo”, permanecí en la oscuridad más completa. El tercer día, cuando los vigilantes abrieron la puerta, entró la luz y pude leer en las paredes innumerables inscripciones, nombres de seres queridos, oraciones, insultos. En lo que estaba escrito en las paredes, en medio de las oraciones, se podía leer: “En el atardecer de tu vida, serás juzgado sobre el amor”; y también: “Virgen Santa, somos inocentes”; o todavía: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Pero que más me impresionó fue una enorme mancha con una inscripción escrita debajo con el dedo mojado con sangre. Leí: “Dios no mata”. Esta inscripción se quedó grabada en mí. Permanecerá toda la vida. Estas cosas que dejan huella... Esto ocurría en medio de las torturas.”

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