martes, 13 de enero de 2015

ROSTROS Y VIDA COTIDIANA


Fernando García (http://caminarconjesusencamerun.blogspot.com.es/), javeriano de La Hortezuela, en diócesis de Guadix, actualmente en Bafoussam (Camerún), comparte con nosotros algunos momentos significativos de estas navidades.  Y … como un regalo no es verdaderamente tal si no se comparte ... nosotros también lo compartimos con vosotros.

31 Diciembre. Eucaristía de fin de año. 19h00. Nos encontramos en familia en la Capilla (Hangar) de la nueva comunidad cristiana del barrio de TOKET. Es la primera vez que celebramos el fin de año juntos. Después de escuchar el Evangelio y de hacer una pequeña explicación de la Palabra y del momento, invito a los presentes a dar gracias espontáneamente al Señor por este año, por lo que cada uno crea conveniente. Han sido muchos los que han testimoniado y dado gracias al Señor. Destaco en particular Appolinaire (el nombre no es el suyo). Tiene once años y todo tranquilo y con una sonrisa en los labios nos dice que está muy agradecido al Señor porque puede llegar al final del año con vida. De hecho este año ha sido difícil para él pues ha sido intervenido quirúrgicamente cinco veces. Siente no haber podido pasar a la clase superior en la escuela, pero lo importante es que ahora se siente mejor y puede hacer una vida con cierta normalidad. Deja el micrófono y vuelve serenamente a su sitio.
En ese momento, mi corazón latía. Hubiese deseado abrazarlo con el corazón de Dios nuestro Padre. La pequeña asamblea no pudo contener la respiración y comenzó a aplaudir al chaval. El coro comenzó a cantar y a alabar al Señor. ¡Sí, momentos de eternidad!

En la misma Eucaristía, Marie, unos 40 años. Tiene un comercio de ropa usada que llega de Occidente. Comparte el hecho más significativo de este año en su vida. Se trata de la hija de una de sus vecinas. Cae enferma y hay que llevarla al Hospital. La madre de la niña no tiene los medios económicos para pagar los gastos del Hospital. Ella mira su monedero, coge a la niña y la hospitaliza. Hay que operarla. Paga los primeros cuidados, pero la operación es otra cosa, cuesta lo suyo. Reflexiona, piensa y se confía al Señor. De vuelta a casa, su hijo pequeño mirando entre la ropa que había llegado para la venta encuentra un sobre en el bolsillo de unos pantalones. Se lo da a su madre. Ella, atónita, abre el sobre y encuentra diez billetes de 50 €. A la mañana siguiente, temprano, va al Banco para ver si son legales.
Le dicen que sí y le dan el equivalente en Fcfa: lo que necesitaba para pagar la operación de la hija de la vecina en el Hospital. La niña pudo ser operada y está en buen estado. Ella se emocionó contando las maravillas del Señor y nosotros con ella. ¡Sí, momentos de eternidad!

25 Diciembre. Navidad. ¡Dios con nosotros!. El Domingo anterior dije al final de la Eucaristía que estaba disponible y me gustaría visitar a todas las personas enfermas y ancianas del barrio durante los días de Navidad. Al terminar la Eucaristía, una chavala me dice si puedo ir a ver a su hermana que está muy enferma. El 25 después de la Eucaristía me estaba esperando para acompañarme hasta la casa. Nadine, en torno a los treinta años, viuda desde hace dos años, cuatro hijos, la encuentro en la cama, muy débil, apenas puede decir algunas palabras. La madre me dice que lleva una semana sin apenas comer ni beber. Le pregunto qué es lo que le ha pasado y desde cuándo está enferma. La madre me dice que es un caso especial, pues ya estaba muerta. Sí, la declararon muerta y la llevaron al depósito de cadáveres (la morgue), y he aquí que al llegar a la morgue se despertó. Mis ojos no daban crédito a lo que estaba diciendo. Después me informé por otros canales y resulta que era verdad. ¡Qué tristeza, Dios mío! Intenté hablar un poquito con Nadine, a lo que respondía con monosílabos. Le dije que veníamos para orar con ella en este hermoso día de Navidad. Su rostro se relajó y sonrió. Oramos un buen momento. Le pregunto si está bautizada con la intención que reciba el sacramento de la reconciliación. Me dice que no. Y así terminamos la oración. La madre con mucha alegría nos dice de esperar un momento, pues hay algo para comer. Nos sentamos y en ese momento Nadine se levanta, se sienta en medio de nosotros y me dice: “padre, yo quiero ser bautizada”. Le digo, “¿cuándo?”. “Ahora”, me responde, y va de nuevo a la cama. No resistía seguir de pie. Entretanto comemos lo que la madre nos ofrece, y me digo a mí mismo: “Es Navidad. Dios está entre nosotros. Es Jesús quien nos envía a esta casa”. El bautismo de Nadine ha sido de los más cortos y profundos que he vivido, pues en el centro de la celebración doméstica estaba la gracia de Dios, pura gracia, amando y acompañando a esta hija suya. Para mi sorpresa, ella respondió a las preguntas e hizo la profesión de fe. Todos la oímos. Sara, que me acompañaba, hizo de madrina.
Desde ese día, he pasado varias veces a verla. Sigue en la cama, tomando los medicamentos, pero todos dicen que se le ve mejor. Responde con claridad, y termina siempre diciendo: “gracias, padre”.

Un abrazo
Fernando

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