martes, 8 de diciembre de 2009

En torno al cambio climático

Ya que se está celebrando la cumbre sobre el cambio climático en Copenhague viene bien leer estos dos textos. El primero es un clásico sobre una visión de la realidad donde la naturaleza queda plenamente integrada. El segundo es el manifiesto que con motivo de esta cumbre han publicado cristianos de distintas confesiones.

Seatle, jefe de la tribu Suwamish, hoy Estado de Washington, al noreste de los Estados Unidos se dirigió al Presidente Franklin Pierce en el año 1854, en respuesta al ofrecimiento que éste último le hacía de comprar una gran extensión de territorio indio a cambio de una "reserva segura" para su pueblo

CARTA DEL CACIQUE SEATLE


¿Cómo puede Ud. comprar o vender el cielo, o el calor de la tierra? La idea resulta extraña para nosotros. Si no nos pertenecen la frescura ni el destello del agua ¿cómo nos lo podrían comprar ustedes?
Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo: El majestuoso pino, la arenosa ribera, la bruma de los bosques, cada insecto que nace con su zumbido, es sagrado en la memoria y en la experiencia de mi pueblo. La savia que recorre los árboles lleva los recuerdos del piel roja.
Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a pasar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta hermosa tierra, porque es ella la madre del piel roja. Somos parte de la tierra, y ella es parte nuestra. Las perfumadas flores son nuestras hermanas. El ciervo, el caballo, el águila majestuosa, las rocosas cumbres, el olor de las praderas, el calor corporal del potrillo son nuestros hermanos.
Por ello cuando el gran jefe de Washington nos manda decir que desea comprar nuestra tierra es mucho lo que está pidiendo de nosotros. El agua centelleante que corre por los arroyos y los ríos no es agua solamente, es sangre de nuestros antepasados. Si nosotros les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que es sagrada y deberán enseñar a sus hijos que es sagrada, y que cada imagen que se refleja en el agua cristalina de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de nuestro pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Sabemos que el blanco no entiende nuestra manera de ser. Para él un pedazo de tierra es igual que el siguiente. Él es como un extraño que llega durante la noche y arranca de la tierra lo que necesita y se va. No mira a la tierra como su hermana, sino como enemiga. Y cuando la ha conquistado la abandona y se marcha a otra parte. Deja atrás las tumbas de sus padres, y no le importa. Viola la tierra de sus hijos, y no le importa. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo como cosas que pueden comprarse, saquearse, ser vendidas, como carneros o relucientes abalorios. Su apetito devorará la tierra, pero detrás sólo quedará un desierto.
No sé. Nuestras costumbres son diferentes a las de ustedes. La imagen de sus ciudades hiere la mirada del piel roja. Pero posiblemente es porque el piel roja es salvaje y no entiende.
No hay tranquilidad en las ciudades del blanco. No hay en ella lugar donde se pueda escuchar el rumor de las hojas en primavera, o el susurro de las alas de un insecto. Pero quizás digo esto porque soy salvaje y no entiendo. En sus ciudades el ruido sólo insulta a los oídos. ¿Cómo sería la vida si el hombre no pudiera escuchar el grito solitario de la chotacabra o la animada conversación nocturna de los sapos en las ciénagas?
El indio ama el sonido suave de la brisa al deslizarse delicadamente sobre la superficie de la laguna, o ese olor característico del viento purificado por la llovizna mañanera y perfumado por la esencia de los pinos.
El aire es precioso para el piel roja, porque todas las cosas comparten el mismo aliento. La bestia, el árbol, el hombre, todos compartimos el mismo hálito. El hombre blanco parece no darse cuenta de que respira el aire. Como un ser que agoniza largamente, es insensible al mal olor. Pero si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán recordar que el aire es precioso para nosotros. Que el aire comparte su espíritu con toda la vida que él sustenta.
El aire que permitió su primer aliento a nuestro abuelo, también recibe su último suspiro. Y si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán mantenerla intacta y sagrada, como un lugar a donde incluso el hombre blanco pueda ir a saborear el viento purificado por el perfume de las flores.
Yo soy un salvaje y no entiendo otra forma de pensar. He visto miles de búfalos pudriéndose en la pradera, abandonados por los blancos después de balearlos desde un tren en marcha. Yo soy un salvaje y no entiendo cómo el humeante caballo de hierro puede ser más importante que el búfalo, al que nosotros sacrificamos sólo cuando lo necesitamos para subsistir. ¿Qué es el hombre sin las bestias? Si todas ellas desparecieran, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque cualquier cosa que les ocurre a las bestias enseguida repercute en el hombre. Todos los seres estamos mutuamente vinculados.
Nosotros sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes piensan ahora que él es su propiedad, de la misma forma que desean ser propietarios de nuestra tierra. Pero no puede ser. Él es Dios de todos los seres humanos, y su compasión es la misma tanto para el piel roja como para el blanco.
La tierra es preciosa para Él, y hacer daño a la tierra es hacer un enorme desprecio para el Creador. Los blancos también desaparecerán. Tal vez antes que las demás tribus. Ensucia tu propia cama y cualquier noche te verás sofocado por tus propios excrementos.

MANIFIESTO DE IGLESIAS Y ORGANIZACIONES CRISTIANAS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO CON MOTIVO DE LA CUMBRE DE NACIONES UNIDAS EN COPENHAGUE

Las Iglesias y Organizaciones Cristianas firmantes, ante la grave situación generada por los efectos del Cambio Climático y la injusta e ineficaz gestión de los recursos del Planeta,

MANIFESTAMOS

• Que el Cambio Climático y sus efectos están agravando los problemas humanitarios (hambre, enfermedades, conflictos, desastres naturales, migración y desplazamiento de población, etc.), convirtiéndose en uno de los problemas más graves de nuestro tiempo.
• Que la injusta y negligente gestión de los recursos globales, junto a los desastres naturales están causando la muerte y el sufrimiento de millones de personas, la destrucción de ecosistemas y la extinción de especies en todo el planeta.
Señalamos, a modo de ejemplo, algunos de los daños que está causando:
 El aumento de los desplazados y refugiados. Según datos de Naciones Unidas, el número de personas afectadas en África por desastres naturales se ha acercado a los 17 millones en 2008; en el mundo, más de 65 millones de personas fueron afectados por inundaciones y tormentas en el mismo año.
 La muerte, cada año, de más de 150.000 personas, según los datos facilitados por la Organización Mundial de la Salud.
 El agotamiento del agua dulce en distintos puntos del planeta está provocando un proceso alarmante de desertización e incrementa la escasez de alimentos. Un ejemplo es el lago Chad, del que depende la supervivencia de una gran región habitada de África (Camerún, Níger, Nigeria y Chad) que se encuentra abocado, en los diez próximos años, a la sequía total y a posibles conflictos por la desaparición de las fronteras naturales. Esta situación está en gran parte provocada por el hombre.
También en España podemos constatar la huella de esta crisis ambiental y de la mala gestión de los recursos, a través de un proceso lento pero imparable de desertización, que amenaza ya a un 30% del territorio. Todos tenemos noticia del daño y desaparición de algunos de los humedales más representativos; la creciente contaminación de ciudades y pueblos; la progresiva llegada de inmigrantes, que han sido desplazados por el hambre, las enfermedades y las catástrofes naturales.
La conciencia de la gravedad y la urgente necesidad de encontrar soluciones a esta crisis global nos empuja a los firmantes a tomar una postura común y fraterna a favor de toda la vida que habita la Tierra y sus ecosistemas, fruto y don precioso del Creador para toda la humanidad. Ante ello, como cristianos, queremos manifestar nuestro compromiso fraterno y solidario con los que ya son víctimas de estas dramáticas consecuencias climáticas (inundaciones, hambre, muertes...), asumiendo también nuestra responsabilidad presente y el legado que dejamos a las siguientes generaciones.
Movidos por nuestra fe en Cristo, alumbrados por la palabra de Dios y en sintonía con los diversos documentos y declaraciones de las Iglesias Cristianas europeas sobre este tema, como las recogidas en la III Asamblea Ecuménica Europea de 2007 en Sibiu (Rumanía), respecto a la “protección de la Creación y la promoción de estilos de vida sostenibles para invertir la tendencia del cambio climático”, nos unimos a la iniciativa de las Iglesias Cristianas de Europa (www.bellringing350.org) –representadas conjuntamente por el Consejo de Iglesias Europeas y el Consejo Europeo de Conferencias Episcopales (http://cec-kek.org/pdf/ENClimatechange.pdf)- de cara a la Conferencia de la ONU sobre el Clima que se celebrará del 7 al 18 de diciembre en Copenhague (Dinamarca).

Pedimos a nuestros representantes políticos:
• Un compromiso urgente y eficaz, un pacto real, sincero y vinculante en el ámbito social, político y económico para frenar las consecuencias del Cambio Climático y mejorar la gestión de los recursos naturales.
• Una reducción urgente de las emisiones de anhídrido carbónico (CO2) en la atmósfera hasta mantenerlas en un límite sostenible (que, según los científicos, se cifra en unas 350 partículas por millón, frente a la estimación de las 390 que ya hemos alcanzado).
• El cumplimiento de los compromisos políticos y medioambientales adquiridos a nivel internacional, desde el Protocolo de Kyoto (1997).
• La creación de los organismos y la aplicación de los medios necesarios para traducir en hechos reales los acuerdos alcanzados respecto a:
 La desertización.
 El desarrollo y aplicación de tecnologías y estrategias que aporten alternativas de desarrollo sostenible frente al uso de las energías basadas en combustibles fósiles.
 Los planes de urbanismo, exigiendo que sean compatibles con los recursos naturales del entorno.
• La aplicación urgente de estos correctivos: su demora puede invalidar los acuerdos y agravar los daños producidos hasta ahora, en algunos casos irreparables.
Hacemos también una llamada personal a tomar conciencia de nuestra responsabilidad individual y familiar como ciudadanos y gestores de nuestra Tierra común. Esto nos exige un cambio en nuestros hábitos de conducta y consumo, además de un compromiso ético frente al desastre ecológico y el desequilibrio en el reparto de los recursos en el planeta.
Desde nuestras iglesias queremos fomentar alianzas, pactos e iniciativas que nos ayuden a comprender la magnitud de este problema así como aportar ideas y soluciones factibles, fruto del diálogo y la responsabilidad de toda la sociedad. A ello nos comprometemos desde la formación, la acción y la oración, en diálogo abierto y fraterno con todos en la sociedad.
Pedimos a Dios que nos conceda la valentía y la sabiduría precisas para afrontar, desde el Evangelio de Jesús y en solidaridad con los que sufren, el reto de hacer de este mundo un lugar más justo, fraterno y sostenible.
Unidos a Dios en su Creación, y solicitando Su bendición para todos los que habitamos y poblamos esta Tierra.

Firmado en Madrid, a día 7 de diciembre de 2009 por los presentes:

Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal. Patriarcado Ecuménico de Constantinopla
Comisión General de Justicia y Paz España
Comunidad Evangélica de Habla Alemana. Madrid
Iglesia Española Reformada Episcopal
Iglesia Evangélica Española
Iglesia Ortodoxa Rumana en Madrid
Iglesia Ortodoxa Rusa en España - Patriarcado de Moscú
Foro Ecuménico Pentecostés

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