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viernes, 20 de junio de 2014

Lectura misionera de la Biblia, adiós al paraíso


LA CAÍDA: DESOBEDIENCIA Y CRIMEN

 

TEXTO BÍBLICO (Génesis 3-4,16)

 

La serpiente era el animal más astuto de cuantos el Señor Dios había creado; y entabló conversación con la mujer: “¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?” La mujer contestó a la serpiente: “¡No! Podemos comer de todos los árboles del jardín; solamente del árbol que está en medio del jardín nos ha prohibido Dios comer o tocarlo, bajo pena de muerte”. La serpiente replicó: “¡Nada de pena de muerte! Lo que pasa es que Dios sabe que, en cuanto comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, versados del bien y del mal”.

Entonces la mujer cayó en la cuenta de que el árbol tentaba el apetito, era una delicia de ver y deseable para tener acierto. Tomó fruta del árbol, comió y se la alargó a su marido, que comió con ella. Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Oyeron al Señor Dios que se paseaba por el jardín tomando el fresco. El hombre y su mujer se escondieron entre los árboles del jardín, para que el Señor Dios no los viera. Pero el Señor Dios llamó al hombre: “¿Dónde estás?” Él contestó: “Te oí en el jardín, me entró miedo porque estaba desnudo, y me escondí”. El Señor Dios le replicó: “Y, ¿quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol prohibido?” El hombre respondió: “La mujer que me diste por compañera me alargó el fruto y comí”. El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Qué has hecho?” Ella respondió: “La serpiente me engañó y comí”. El Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho eso, maldita tú entre todos los animales domésticos y salvajes; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón”. A la mujer le dijo: “Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará”. Al hombre le dijo: “Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol prohibido, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás”.

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer y se las vistió.

Y el Señor Dios dijo: “Si el hombre es ya como uno de nosotros, versado en el bien y el mal, ahora sólo le falta echar mano al árbol de la vida, tomar, comer y vivir para siempre”. Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase la tierra de donde lo había sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que oscilaba para cerrar el camino del árbol de la vida.

 

Adán se unió a Eva, su mujer; ella concibió, dio a luz a Caín y dijo: “He tenido un varón gracias al Señor”. Después dio a luz a Abel, hermano de Caín.

Abel se hizo pastor de ovejas y Caín labrador. Pasado un tiempo, Caín presentó de los frutos del campo una ofrenda al Señor. También Abel presentó ofrendas de los primogénitos del rebaño y de la grasa. El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda y se fijó menos en Caín y su ofrenda. Caín se irritó sobremanera y andaba cabizbajo. El Señor dijo a Caín: “¿Por qué te irritas, por qué andas cabizbajo? Si procedieras bien, ¿no levantarías la cabeza? Pero si no procedes bien, a la puerta acecha el pecado. Y aunque tiene ansia de ti, tú puedes dominarlo”.

Caín dijo a su hermano Abel: “Vamos al campo”. Cuando estaban en el campo, se echó Caín sobre su hermano Abel y lo mató. El Señor dijo a Caín: “¿Dónde está Abel, tu hermano?” Contestó: “No sé, ¿soy yo, acaso, el guardián de mi hermano?” Replicó: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Por eso te maldice esa tierra que ha abierto las fauces para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando cultives el campo, no te entregará su fertilidad. Andarás errante y vagando por el mundo”. Caín respondió al Señor: “Mi culpa es demasiado grave para soportarla. Si hoy me expulsas de la superficie de la tierra y tengo que ocultarme de tu presencia, andaré errante y vagando por el mundo; y cualquiera que me encuentre, me matará”. Le respondió el Señor: “No es así. El que mate a Caín lo pagará multiplicado por siete”. Y el Señor marcó a Caín, para que no lo matara quien lo encontrara.

Caín se alejó de la presencia del Señor y habitó en la tierra de Nod, al este de Edén.

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

Desobediencia. La serpiente es uno de los “animales del campo” y por tanto una criatura de Dios. Aquí es introducida para simbolizar el poder hostil al hombre y dar movimiento al relato. Parece que el autor bíblico elige a la serpiente por ser un animal de movimiento enigmático, por haber sido un azote para el pueblo durante su estancia en el desierto tras la huida de Egipto o por formar parte de los ritos cananeos de la fecundidad. Hay quien sugiere que la serpiente es a la vez un símbolo sexual.

 

La pregunta de la serpiente, un falseamiento del mandato divino, insinúa la posibilidad de una restricción injustificada por parte de Dios y provoca necesariamente una respuesta si se ha de seguir la conversación. La mujer corrige el falseamiento de la serpiente, pero añade otro por su parte (“… ni lo toquéis”). El pecado comienza con una distorsión de la verdad.

 

La serpiente niega primero la inevitabilidad del castigo y presenta luego una semejanza con Dios como resultado de comer del árbol.

 

¿Qué significa “conocer el bien y el mal”? Se han dicho muchas posibilidades: la cuasi inmortalidad lograda como consecuencia de la unión sexual, la autonomía moral o la confianza en sí enfrentada a la confianza en Dios. PuEde ser también, simplemente, el paso de la felicidad física y moral antes de la caída al mal físico y moral después.

 

Que la mujer sea tentada primero y tiente a su vez al hombre puede querer expresar la curiosidad de la mujer y su capacidad para seducir al hombre, pero en todo caso este no es el mensaje principal de este texto.

 

La desnudez se convierte en ocasión de vergüenza, cosa imposible antes del pecado. Hay en el original hebreo un juego de palabras entre erummim (=desnudos) y arum (=astuto).

 

En el jardín el hombre disfrutaba de intimidad con Dios, pero esa intimidad queda rota por el pecado. En el libro del Éxodo (20,26) el encuentro con Dios exige una ropa adecuada.

Dios interroga al hombre, y su respuesta (“la mujer que me diste”) es una acusación implícita a Dios.

 

La maldición de Dios a la serpiente afecta también al hombre.

 

La enemistad entre el poder del mal y el ser humano subsistirá a través de todas las generaciones. En la lucha subsiguiente el ser humano obtendrá claramente la victoria.

 

La presente condición de la mujer como esposa y madre es considerada como un castigo del primer pecado. El castigo es triple: la mujer tendrá hijos con dolor; su deseo por su marido, a pesar de las consecuencias que implica, es controlado con dificultad; el hombre domina a la mujer en el orden doméstico y social.

 

A diferencia de la serpiente, el hombre no es maldecido directamente, sino a través de la tierra: no hay proporción entre el esfuerzo del hombre y sus resultados.

 

En el antiguo poema adoptado por el autor, la muerte aparece como la suerte natural del ser humano mientras que aquí es consecuencia del pecado.

 

La mujer (“issa”, por su relación con el hombre, “is”) es ahora llamada Eva (“hawwah”) por su relación con “todo viviente”. El pecado ha introducido la muerte, pero la vida continuará. De hecho Dios viste al hombre y a la mujer porque se sigue preocupando de ellos.

 

Que ahora el ser humano conozca el bien y el mal, ¿es una suerte o una ironía de Dios?

 

La expulsión efectiva del jardín es narrada dos veces, quizá por la confluencia de dos tradiciones distintas. En la mitología babilónica, los querubines son criaturas mitad hombre mitad animal y guardan las puertas de los templos y palacios. La espada llameante simboliza la cólera divina.

 

Caín y Abel. Parece que este texto en su origen exaltaba la vida seminómada (Abel) ante la vida sedentaria (Caín antes del crimen) que llevaban los pueblos cananeos y la vida nómada (Caín después del crimen) de los pueblos del desierto. Pero el relato logra un alcance más universal.

 

En el texto hay anacronismos (civilización, sacrificios, otros pueblos…), pero estas incongruencias se desvanecen ante las verdades religiosas: la rebelión del ser humano contra Dios le lleva a la rebelión contra su prójimo; el crimen de asesinato confirma el estado caído del ser humano; Dios es justo en el castigo del pecado, pero misericordioso en su aplicación; el sacrificio debe ofrecerse con el espíritu apropiado; el pecado puede ser dominado por el ser humano.

 

El nombre de Caín significa literalmente “he recibido”. Del nombre de Abel no se da explicación (significa “soplo de viento”), quizá por su breve vida.

 

Caín y Abel, agricultor y pastor respectivamente, representan dos de los principales modos de vida de la antigüedad.

 

No sabemos por qué Dios acepta el sacrificio de Abel y no el de Caín, pero lo que parece estar detrás es el tema del “hijo menor” repetido tantas veces en la Biblia: Ismael e Isaac, Esaú y Jacob, los hijos de Jacob y José…

 

El pecado, o la tentación, es descrito como un animal siempre presente, agazapado, y que el ser humano debe dominar. “El diablo, como león rugiente, anda al acecho buscando a quien devorar” (1 Pedro 5,8).

 

El pecado es descrito sencillamente y sin dramatismo. También la pasión de Jesús será descrita de forma muy sobria, sin detenerse en detalles crueles o sangrientos.

 

El progreso del mal queda de manifiesto en la insolente respuesta de Caín a Dios.

 

Para los antiguos, la vida estaba en la sangre. Dado que la vida humana viene singularmente de Dios, la sangre humana derramada por una criatura clamará ante su legítimo Señor.

 

Por primera vez el ser humano es maldecido directamente.

 

El ser humano tiene una íntima relación con la tierra, puesto que depende de sus frutos. Aquí la tierra está personificada; ella misma destruye esa relación negándose a responder plenamente al trabajo del ser humano. Según esto, Caín se ve obligado a llevar una vida estrictamente nómada y se va a los lugares desérticos, refugio de demonios y forajidos. Significa además expulsión de la presencia de Dios, de quien se creía que moraba especialmente entre su pueblo. Sin la presencia de Dios y la protección que ella implica, la vida de Caín estará llena de peligros.

 

La marca que Dios pone sobre Caín tiene como trasfondo una institución social concreta: la venganza tribal de sangre. Las tribus del desierto renunciaban a una matanza indiscriminada solo por temor a la venganza por parte de la tribu o del clan del muerto. La marca sobre Caín indicaría su tribu, que se supone era especialmente severa en la venganza. Nuestro autor da un significado religioso a esa marca: es signo de la protección divina.

 

Caín habita en la tierra de Nod, nombre simbólico que significa “vagabundo.”

 

 

 

COMENTARIO MISIONERO

 

Además de lo que el comentario dice sobre el inicio del pecado en una distorsión de la verdad, vemos que una vez que el pecado ha ocurrido se da una cadena de acusaciones y nadie asume su responsabilidad. En la película (hoy vamos a estar muy cinéfilos) “Nader y Simin: una separación” somos testigos de un hecho y al mismo tiempo no sabemos exactamente lo que ha pasado, se nos escapa dónde esté la verdad.

 

Dios pregunta a Adán y Eva y luego a Caín: “¿Dónde estáis? ¿Dónde estás?” Buena pregunta y difícil de responder para nosotros hoy… En algún mito africano también Dios pasea entre los humanos, pero un día un humano muere y los demás culpan de ello a Dios y le esperan con lanzas y cuchillos para pedirle explicaciones y emplear la violencia si hace falta, pero ni ese día ni nunca más Dios volvió a pasear entre nosotros. Ahí también le preguntamos a Dios: “¿Dónde estás?”

 

Todos pagan un precio por el pecado, pero parece que el de la mujer es mayor (porque en la realidad a la mujer le cae su carga y comparte a la vez la del hombre). El “castigo” se cumple ahora, la tierra se está cobrando el daño que el ser humano le ha causado.

 

Recordamos la película “El lago azul”: no hay conciencia del mal hasta que no nos encontramos con los otros.

 

Dios se vuelve “malo” porque maldice la tierra que Él mismo ha creado.

 

Caín se mueve por envidia. Ahora no matamos, pero sí excluimos. Caín tras su crimen vive la culpa y el miedo. Dios sin embargo lo protege y lo marca para que no le pase nada. La venganza repetida siete veces recuerda al perdón a quien nos ha ofendido siete veces (Mateo 18,21).

 

Dios en el fracaso. Como dice una oración: “Y tu mano apretada en mi fracaso”. Ayer vimos la película “Ladrón de bicicletas” y la única esperanza al final es esa mano del niño en la de su padre. Recordamos a Pedro hundiéndose en el mar tras haber caminado sobre las aguas y la mano de Jesús que lo saca de ahí (Mateo 14,28-32). Necesitamos reconocer hasta donde alcanzan nuestras fuerzas… y saber pedir ayuda.

 

¿En el fracaso hay esperanza? No siempre, la esperanza es también una educación, y a la vez la suerte de creer en Dios favorece esa esperanza. A veces tenemos la impresión de desarrollar grandes esfuerzos que acaban en nada, y sin embargo, como dice el papa Francisco en Evangelio Gaudium: “Como no siempre vemos esos brotes, nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circuns­tancia, también en medio de aparentes fracasos, porque « llevamos este tesoro en recipientes de barro » (2 Co 4,7) (…) Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendi­ciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos.” El fracaso es como una muerte, y la esperanza a pesar del fracaso es como una resurrección.

 

Nos podemos preguntar: “¿Y por qué existe el mal?” Pero también nos podemos preguntar: ¿Y por qué existe el bien?” Tan misteriosos son el uno como el otro. Los mitos son el lenguaje que más se acerca para ayudar a comprender el misterio, pero el interrogante sigue.

 

Tal y como está expresado en la Biblia, que una consecuencia del pecado sea que conozcamos el bien y el mal parece una ironía. Además Dios añade ese “vivir para siempre”, la gran aspiración de los humanos. Jesús dirá: “Quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre” (Juan 8,51). Y también: "El que come este pan vivirá para siempre" (Juan 6,58) ¿Hay algo que dure para siempre? “El amor no pasa nunca” (1 Corintios 13,8).

 

En el mundo actual hay personas que ya no tienen escala de valores, da la impresión que para ellas todo vale y está al mismo nivel. Viven sin expresión ni de arrepentimiento, ni de pérdida, ni de deseo de encontrar un bien duradero.

martes, 20 de mayo de 2014

Lectura misionera de la Biblia, la creación


LOS RELATOS DE LA CREACIÓN

 

TEXTO BÍBLICO (Génesis 1, 1-2,4a y Génesis 2, 4b-25)

 

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de la tiniebla: llamó Dios a la luz día, y a la tiniebla noche. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas”. E hizo Dios la bóveda para separar las aguas de debajo de la bóveda, de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda cielo. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes”. Y así fue. Y llamó Dios a los continentes tierra, y a la masa de las aguas la llamó mar. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra”. Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero. Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo para alumbrar a la tierra”. Y así fue. E hizo Dios las dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto. Y dijo Dios: “Bullan las aguas con un bullir de vivientes, y vuelen pájaros sobre la tierra frente a la bóveda del cielo”. Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que las aguas hizo bullir según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: “Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra”. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies”. Y así fue. E hizo Dios las fieras de la tierra según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles del suelo según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles”. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra”. Y dijo Dios: “Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra --a todo ser que respira--, la hierba verde les servirá de alimento”. Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus muchedumbres. Para el día séptimo había concluido Dios toda su tarea; y descansó el día séptimo de toda su tarea. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque ese día descansó Dios de toda su tarea de crear.

Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra. Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia a la tierra, ni había hombre que cultivase el campo y sacase un manantial de la tierra para regar la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín y el árbol de conocer el bien y el mal. En Edén nacía un río que regaba el jardín y después se dividía en cuatro brazos: el primero se llama Pisón y rodea todo el territorio de Javilá, donde se da el oro; el oro del país es de calidad, y también se dan allí ámbar y ónice. El segundo río se llama Guijón, y rodea toda la Nubia. El tercero se llama Tigris, y corre al este de Asiria. El cuarto es el Éufrates. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara. El Señor Dios mandó al hombre: “Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol de conocer el bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir”. El Señor Dios se dijo: “No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle el auxiliar adecuado”. Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las fieras salvajes y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las fieras salvajes. Pero no encontró el auxiliar adecuado. Entonces el Señor Dios echó sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y creció carne desde dentro. De la costilla que le había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: “¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Hembra, porque la han sacado del Hombre”. Por eso el hombre abandona padre y madre, se junta a su mujer y se hacen una sola carne. Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza.

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

Al inicio de la Biblia hay dos relatos de la creación. El segundo es el más antiguo y es fundamentalmente una antropogonía (origen del ser humano), mientras que el primero es más reciente y su mensaje está centrado en la cosmogonía (origen del universo).

 

Primer relato. Escrito en tiempos de David y Salomón. Parece que las originariamente ocho obras de Dios se han visto reducidas a seis para adaptarse a la semana judía y por eso los días tercero y sexto hay una doble mención a los trabajos de creación de Dios con su estribillo “y vio Dios que todo era bueno” colocado al final de cada obra.

 

Mientras los poemas paganos describen la creación como el resultado de una lucha entre los dioses y las fuerzas del caos, el relato bíblico subraya la tranquila actividad del Dios único. Todo el mundo visible vino a la existencia como resultado de la soberana actividad divina.

 

La voluntad personal de Dios, expresada en su palabra, que tiende un puente entre Dios y el caos, produce primero la luz, el más sublime de los elementos. La luz se halla en marcado contraste con el caos tenebroso. Así queda puesta la base para la primera y principal división en “día” y “noche”.

El firmamento es considerado como un enorme cuenco invertido que retiene las aguas situadas encima de él. Como la división de las aguas no se realiza perfectamente hasta el tercer día, aún no se aplica la fórmula de aprobación divina.

 

La obra del tercer día proporciona la base para la división en “tierra” y “mares”. Así se completa la obra del segundo día; se impone un límite efectivo a las aguas caóticas, lo mismo que a la tiniebla primordial el primer día.

 

La vegetación es creada a través de la mediación de la madre tierra, pero ese poder productivo de la tierra no procede de sí misma, sino de Dios.

 

En la creación de las luminarias celestes no se nombra ni al sol ni a la luna porque sus nombres semitas recordarían a dioses paganos adorados en ocasiones por el propio Israel, y el culto babilónico de esos dioses era un peligro especial para los desterrados. Queda claro que esas luminarias están para servir a los humanos.

 

Según los antiguos, los animales eran superiores a las plantas por ser seres vivos y capaces de transmitir vida, ya que toda vida procede de Dios y por eso su poder procreador es el resultado de una bendición divina. La creación directa de estas criaturas por Dios y la especial bendición que reciben puede explicarse por el hecho de que los antiguos no pensaban que el mar y el aire tuvieran el poder productivo de la tierra. Ese poder de la tierra (la madre tierra otra vez) se vuelve a ver en que ella produce los animales terrestres, aunque ese poder productivo le viene de Dios.

 

La consulta que Dios hace a la corte celestial indica que llegamos al punto cumbre de la creación. El ser humano, por ser imagen de Dios, es su representante en la tierra. La versión poética añade que la distinción de los sexos es de origen divino y, por tanto, buena. El pleno sentido de la humanidad (eso significa adam) solo se realiza cuando hay hombre y mujer.

 

El poder procreador del ser humano es fruto de una especial bendición divina.

 

El poder sobre los animales es expresado con verbos fuertes (hollar, poner bajo los pies). Sin embargo, el poder humano sobre las otras criaturas es ejercido solo como embajador de Dios.

 

En la referencia al alimento de los animales y del ser humano se esboza la paz y armonía que existía al inicio por voluntad de Dios. Esta armonía se rompe más tarde como consecuencia del pecado.

 

El día séptimo, entre el cosmos ordenado y el Creador en majestuoso descanso surge una relación especial que se expresa en la bendición (dotación de poderes vitales) y santificación (segregación) del día.

 

Segundo relato. Es más vivo, popular y concreto. Incluye elementos extrabíblicos, la presentación de Dios es más antropomórfica y la perspectiva es terrena y humana más que cósmica y divina. Este relato parece más el preludio del posterior relato de la caída (pecado original) y del progresivo alejamiento del ser humano con respecto a Dios.

 

La tierra ya creada es una tierra estéril privada de la bendición del agua. En este relato el caos es la esterilidad y la acción de Dios su sustitución por un jardín fecundo. El agua disponible es únicamente la que brota de la tierra.

 

El centro de interés y el primer objeto de la actividad divina es el hombre (adam) que tiene relación con la tierra (adamah): la tierra está destinada para uso del hombre, y este volverá a ella. Pero además el hombre posee también un género especial de vida,  que viene de Dios y que lo distingue de todos los seres terrestres.

 

“Edén” es palabra acádica que significa “estepa” y que a los lectores hebreos les recuerda su palabra “éden” que significa “placer”. Al oriente de Israel está Mesopotamia (palabra que significa “entre ríos”: el Tigres y el Éufrates).

 

Entre los árboles del jardín, dos son mencionados de forma especial: el árbol de la vida, símbolo de la inmortalidad, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. “Bueno” y “malo” no tienen necesariamente un sentido moral, sino de totalidad. La felicidad humana depende de la sumisión a Dios: felicidad física y moral obedeciendo a Dios o mal físico y moral tras la caída.

 

El disfrute del jardín es un don de Dios. El mismo trabajo no es un mal.

 

La mujer es “una ayuda semejante a él”, lo que significa que la mujer complementa al varón pero no existe únicamente para su servicio. Precisamente por eso se menciona en ese momento la creación de los animales, para subrayar por contraste el verdadero papel de la mujer. Los animales, nombrados por el hombre y por tanto para su dominio, no son compañeros adecuados para su ser total.

 

El “sueño profundo” del hombre sugiere la naturaleza misteriosa y altamente significativa de la actividad divina.

 

La descripción de la formación de la mujer indica la unidad de naturaleza de hombre (is) y mujer (issa). En esta traducción han escrito “hembra” y “hombre” para hacer visible esa similitud de las palabras originarias.

 

Este relato se cierra con una convicción profunda: la unidad del matrimonio y su naturaleza monógama son queridas por Dios. Y a la vez el último versículo prepara e introduce el relato del primer pecado, que veremos en el siguiente encuentro.

 

 

COMENTARIO MISIONERO

 

“Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”. Palabra esta última que nos parece fuerte (así lo dice el mismo comentario bíblico). Parece que necesitamos poner límites a las criaturas, como Dios nos pone límites a nosotros. En todo caso el dominio se refiere a las otras criaturas, pero nunca a otro ser humano. Un comentario rabínico dice que la mujer salió de la costilla del hombre porque, si hubiese salido de su cabeza, ella sería la dominadora; si hubiese salido de su pie, él la dominaría; saliendo de su costilla es como más cerca está de su corazón.

 

Nos sorprende ese “hagamos” cuando Dios va a crear al ser humano, y el cambio de “y vio Dios que era bueno” a la expresión final cuando Dios ve el conjunto de la obra de la creación: “Y todo era muy bueno.”

 

¿Por qué pone Dios el árbol de bien y del mal? Algo tiene que haber ahí que ha marcado el mundo entero. Ese árbol es al mismo tiempo plenitud y vacío. Respetándolo podemos vivir la plenitud del paraíso, pero cuando comemos los frutos de ese árbol nuestra relación con Dios y con los demás se estropea. Sabemos que los frutos de ese árbol tienen consecuencias pero hasta que no hacemos la experiencia no sabemos lo que es. Ese paraíso no es perfecto porque está la amenaza plantada en medio del jardín. Al menos podemos descubrir y conocer dónde está el bien y dónde está el mal.

 

El envío del Hijo por parte de Dios, ¿obedece al deseo de reparar lo que hemos estropeado? En el pregón pascual decimos: “Feliz culpa que mereció tal Redentor”. Recordamos la discusión medieval entre quienes defendían que la venida de Jesús al mundo es el “plan B” de Dios, que Dios crea todo bueno y cuando se estropea tiene que arreglarlo con Jesús, y quienes decían que desde el inicio Dios había previsto llevar la creación a su plenitud con su presencia dentro de esa creación. Esta segunda visión nos gusta mucho más, nos parece más sugerente, aunque la primera nos resulta más conocida: visto el desastre, el Padre nos envía a su Hijo.

 

¿Quizá Jesús llegó tarde? Porque el mundo no parece haber tomado decididamente los caminos del bien sino al revés, cada vez vemos más desigualdad y más guerras. Y al mismo Jesús buena le cayó encima. Él también tuvo que lidiar con la debilidad de su cuerpo mortal. Los humanos estamos llenos de debilidades.

 

Dios nos envía a su Hijo para que los humanos veamos la chispa del amor más a nuestro nivel, en nuestra humanidad, porque quizá la divinidad nos queda lejos, aunque una parte de esa divinidad ya la llevamos nosotros al ser hechos a imagen y semejanza de Dios y llevamos a Dios en nuestro interior (El Dios más interior que nosotros mismos, San Agustín), pero no nos damos cuenta. Como a pesar de toda la historia de salvación seguimos sin entender, Dios nos envía a su Hijo.

 

¿Podría venir Jesucristo otra vez? No hemos asimilado aún su primera venida… En todo caso decimos que Jesucristo vendrá otra vez en gloria en el momento del juicio. A cada momento y por ser obra de Dios la posibilidad de encontrarnos con Él sigue abierta.

 

No llegamos a la verdad sin los otros, no estamos completos sin el otro. Esto lo dice también el papa Francisco: la verdad es relativa porque Dios se ha relacionado con nosotros para mostrárnosla y por eso no llegamos a la verdad solos sino a través de encuentros auténticos y sinceros.

 

Estamos llamados a la vida sabiendo que ni nos damos la vida ni somos los autores de la creación, y por tanto humildad. Humildad viene de “humus”, de la tierra de donde nos ha sacado Dios según el segundo relato de la creación. Nos viene bien recordar de dónde hemos salido, quién nos ha dado la vida y cuál es nuestra vocación y lugar. Eso sí, no confundamos humildad con ingenuidad. “De buena que es, es tonta”. Astutos como serpientes y sencillos como palomas nos quiere Jesús.

 

El mejor ejemplo de humildad es María, ella que reconoce la verdad que llevamos todos y que la lleva de una forma única en su seno. María vive en actitud de servicio y sencillez.

 

La maternidad/paternidad supera lo biológico: se trata de la mayor experiencia de colaboración en la creación de Dios. Especialmente las madres, ¡cómo sienten a sus hijos! ¡Que relación tan estrecha e íntima se establece! Se entiende que nuestro Dios sea Padre/Madre.

 

Dios duerme al hombre para sacarle la costilla, y como dice el comentario bíblico, el “dormirse” significa misterio. De hecho en los Evangelios los apóstoles elegidos por Jesús se duermen en la Transfiguración y en Getsemaní. Sin embargo él mismo se “duerme” en el episodio de la barca en medio del lago enfurecido (Marcos 4,35-41), lo que revela una experiencia muy humana: a veces nos parece que Dios se ha dormido o no nos escucha, cuando en realidad sí que está ahí y Jesús sigue manifestando al Dios creador que domina las aguas.

 

La desnudez del hombre y de la mujer mencionada al final del primer relato de la creación también tiene resonancias en el Evangelio: en la escena del joven que sigue a Jesús durante su apresamiento vestido solo con una sábana, y cuando agarran la sábana huye desnudo (Marcos, 14-51-52, podría ser una referencia precisamente a Adam y a la nueva creación que ha llegado con Jesús, pero con su apresamiento volvemos a estar desnudos y escondiéndonos, huyendo) y también en la pesca abundante que nos narra el Evangelio de Juan tras la resurrección de Jesús (Juan 21,1.14). En este último pasaje Pedro está desnudo y sí se cubre al reconocer a Jesús porque la huella del pecado y su actuación vergonzosa durante la pasión de Jesús no han desaparecido, pero esta vez en vez de esconderse como Adam y Eva tras el pecado se precipita al encuentro de Jesús.

 

Jesús también hará referencia en el Evangelio a la penúltima frase del segundo relato en un debate sobre el matrimonio, añadiendo: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” (Mateo 19,4-6).

 

Habría sido interesante profundizar en el tema de la creación y de la ciencia (¿creación tal cual lo cuenta la Biblia, evolución, diseño inteligente?), pero no nos da tiempo. Somos conscientes en todo caso que la Biblia emplea un género literario mitológico en donde lo esencial no es que los acontecimientos sucediesen tal cual los cuenta el relato, sino el mensaje profundo: Dios que crea todo bueno, y entre sus criaturas la cumbre es el ser humano, hombre y mujer.