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martes, 20 de mayo de 2014

Lectura misionera de la Biblia, la creación


LOS RELATOS DE LA CREACIÓN

 

TEXTO BÍBLICO (Génesis 1, 1-2,4a y Génesis 2, 4b-25)

 

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de la tiniebla: llamó Dios a la luz día, y a la tiniebla noche. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas”. E hizo Dios la bóveda para separar las aguas de debajo de la bóveda, de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda cielo. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes”. Y así fue. Y llamó Dios a los continentes tierra, y a la masa de las aguas la llamó mar. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra”. Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero. Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo para alumbrar a la tierra”. Y así fue. E hizo Dios las dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto. Y dijo Dios: “Bullan las aguas con un bullir de vivientes, y vuelen pájaros sobre la tierra frente a la bóveda del cielo”. Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que las aguas hizo bullir según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: “Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra”. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies”. Y así fue. E hizo Dios las fieras de la tierra según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles del suelo según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles”. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra”. Y dijo Dios: “Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra --a todo ser que respira--, la hierba verde les servirá de alimento”. Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus muchedumbres. Para el día séptimo había concluido Dios toda su tarea; y descansó el día séptimo de toda su tarea. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque ese día descansó Dios de toda su tarea de crear.

Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra. Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia a la tierra, ni había hombre que cultivase el campo y sacase un manantial de la tierra para regar la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín y el árbol de conocer el bien y el mal. En Edén nacía un río que regaba el jardín y después se dividía en cuatro brazos: el primero se llama Pisón y rodea todo el territorio de Javilá, donde se da el oro; el oro del país es de calidad, y también se dan allí ámbar y ónice. El segundo río se llama Guijón, y rodea toda la Nubia. El tercero se llama Tigris, y corre al este de Asiria. El cuarto es el Éufrates. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara. El Señor Dios mandó al hombre: “Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol de conocer el bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir”. El Señor Dios se dijo: “No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle el auxiliar adecuado”. Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las fieras salvajes y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las fieras salvajes. Pero no encontró el auxiliar adecuado. Entonces el Señor Dios echó sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y creció carne desde dentro. De la costilla que le había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: “¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Hembra, porque la han sacado del Hombre”. Por eso el hombre abandona padre y madre, se junta a su mujer y se hacen una sola carne. Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza.

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

Al inicio de la Biblia hay dos relatos de la creación. El segundo es el más antiguo y es fundamentalmente una antropogonía (origen del ser humano), mientras que el primero es más reciente y su mensaje está centrado en la cosmogonía (origen del universo).

 

Primer relato. Escrito en tiempos de David y Salomón. Parece que las originariamente ocho obras de Dios se han visto reducidas a seis para adaptarse a la semana judía y por eso los días tercero y sexto hay una doble mención a los trabajos de creación de Dios con su estribillo “y vio Dios que todo era bueno” colocado al final de cada obra.

 

Mientras los poemas paganos describen la creación como el resultado de una lucha entre los dioses y las fuerzas del caos, el relato bíblico subraya la tranquila actividad del Dios único. Todo el mundo visible vino a la existencia como resultado de la soberana actividad divina.

 

La voluntad personal de Dios, expresada en su palabra, que tiende un puente entre Dios y el caos, produce primero la luz, el más sublime de los elementos. La luz se halla en marcado contraste con el caos tenebroso. Así queda puesta la base para la primera y principal división en “día” y “noche”.

El firmamento es considerado como un enorme cuenco invertido que retiene las aguas situadas encima de él. Como la división de las aguas no se realiza perfectamente hasta el tercer día, aún no se aplica la fórmula de aprobación divina.

 

La obra del tercer día proporciona la base para la división en “tierra” y “mares”. Así se completa la obra del segundo día; se impone un límite efectivo a las aguas caóticas, lo mismo que a la tiniebla primordial el primer día.

 

La vegetación es creada a través de la mediación de la madre tierra, pero ese poder productivo de la tierra no procede de sí misma, sino de Dios.

 

En la creación de las luminarias celestes no se nombra ni al sol ni a la luna porque sus nombres semitas recordarían a dioses paganos adorados en ocasiones por el propio Israel, y el culto babilónico de esos dioses era un peligro especial para los desterrados. Queda claro que esas luminarias están para servir a los humanos.

 

Según los antiguos, los animales eran superiores a las plantas por ser seres vivos y capaces de transmitir vida, ya que toda vida procede de Dios y por eso su poder procreador es el resultado de una bendición divina. La creación directa de estas criaturas por Dios y la especial bendición que reciben puede explicarse por el hecho de que los antiguos no pensaban que el mar y el aire tuvieran el poder productivo de la tierra. Ese poder de la tierra (la madre tierra otra vez) se vuelve a ver en que ella produce los animales terrestres, aunque ese poder productivo le viene de Dios.

 

La consulta que Dios hace a la corte celestial indica que llegamos al punto cumbre de la creación. El ser humano, por ser imagen de Dios, es su representante en la tierra. La versión poética añade que la distinción de los sexos es de origen divino y, por tanto, buena. El pleno sentido de la humanidad (eso significa adam) solo se realiza cuando hay hombre y mujer.

 

El poder procreador del ser humano es fruto de una especial bendición divina.

 

El poder sobre los animales es expresado con verbos fuertes (hollar, poner bajo los pies). Sin embargo, el poder humano sobre las otras criaturas es ejercido solo como embajador de Dios.

 

En la referencia al alimento de los animales y del ser humano se esboza la paz y armonía que existía al inicio por voluntad de Dios. Esta armonía se rompe más tarde como consecuencia del pecado.

 

El día séptimo, entre el cosmos ordenado y el Creador en majestuoso descanso surge una relación especial que se expresa en la bendición (dotación de poderes vitales) y santificación (segregación) del día.

 

Segundo relato. Es más vivo, popular y concreto. Incluye elementos extrabíblicos, la presentación de Dios es más antropomórfica y la perspectiva es terrena y humana más que cósmica y divina. Este relato parece más el preludio del posterior relato de la caída (pecado original) y del progresivo alejamiento del ser humano con respecto a Dios.

 

La tierra ya creada es una tierra estéril privada de la bendición del agua. En este relato el caos es la esterilidad y la acción de Dios su sustitución por un jardín fecundo. El agua disponible es únicamente la que brota de la tierra.

 

El centro de interés y el primer objeto de la actividad divina es el hombre (adam) que tiene relación con la tierra (adamah): la tierra está destinada para uso del hombre, y este volverá a ella. Pero además el hombre posee también un género especial de vida,  que viene de Dios y que lo distingue de todos los seres terrestres.

 

“Edén” es palabra acádica que significa “estepa” y que a los lectores hebreos les recuerda su palabra “éden” que significa “placer”. Al oriente de Israel está Mesopotamia (palabra que significa “entre ríos”: el Tigres y el Éufrates).

 

Entre los árboles del jardín, dos son mencionados de forma especial: el árbol de la vida, símbolo de la inmortalidad, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. “Bueno” y “malo” no tienen necesariamente un sentido moral, sino de totalidad. La felicidad humana depende de la sumisión a Dios: felicidad física y moral obedeciendo a Dios o mal físico y moral tras la caída.

 

El disfrute del jardín es un don de Dios. El mismo trabajo no es un mal.

 

La mujer es “una ayuda semejante a él”, lo que significa que la mujer complementa al varón pero no existe únicamente para su servicio. Precisamente por eso se menciona en ese momento la creación de los animales, para subrayar por contraste el verdadero papel de la mujer. Los animales, nombrados por el hombre y por tanto para su dominio, no son compañeros adecuados para su ser total.

 

El “sueño profundo” del hombre sugiere la naturaleza misteriosa y altamente significativa de la actividad divina.

 

La descripción de la formación de la mujer indica la unidad de naturaleza de hombre (is) y mujer (issa). En esta traducción han escrito “hembra” y “hombre” para hacer visible esa similitud de las palabras originarias.

 

Este relato se cierra con una convicción profunda: la unidad del matrimonio y su naturaleza monógama son queridas por Dios. Y a la vez el último versículo prepara e introduce el relato del primer pecado, que veremos en el siguiente encuentro.

 

 

COMENTARIO MISIONERO

 

“Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”. Palabra esta última que nos parece fuerte (así lo dice el mismo comentario bíblico). Parece que necesitamos poner límites a las criaturas, como Dios nos pone límites a nosotros. En todo caso el dominio se refiere a las otras criaturas, pero nunca a otro ser humano. Un comentario rabínico dice que la mujer salió de la costilla del hombre porque, si hubiese salido de su cabeza, ella sería la dominadora; si hubiese salido de su pie, él la dominaría; saliendo de su costilla es como más cerca está de su corazón.

 

Nos sorprende ese “hagamos” cuando Dios va a crear al ser humano, y el cambio de “y vio Dios que era bueno” a la expresión final cuando Dios ve el conjunto de la obra de la creación: “Y todo era muy bueno.”

 

¿Por qué pone Dios el árbol de bien y del mal? Algo tiene que haber ahí que ha marcado el mundo entero. Ese árbol es al mismo tiempo plenitud y vacío. Respetándolo podemos vivir la plenitud del paraíso, pero cuando comemos los frutos de ese árbol nuestra relación con Dios y con los demás se estropea. Sabemos que los frutos de ese árbol tienen consecuencias pero hasta que no hacemos la experiencia no sabemos lo que es. Ese paraíso no es perfecto porque está la amenaza plantada en medio del jardín. Al menos podemos descubrir y conocer dónde está el bien y dónde está el mal.

 

El envío del Hijo por parte de Dios, ¿obedece al deseo de reparar lo que hemos estropeado? En el pregón pascual decimos: “Feliz culpa que mereció tal Redentor”. Recordamos la discusión medieval entre quienes defendían que la venida de Jesús al mundo es el “plan B” de Dios, que Dios crea todo bueno y cuando se estropea tiene que arreglarlo con Jesús, y quienes decían que desde el inicio Dios había previsto llevar la creación a su plenitud con su presencia dentro de esa creación. Esta segunda visión nos gusta mucho más, nos parece más sugerente, aunque la primera nos resulta más conocida: visto el desastre, el Padre nos envía a su Hijo.

 

¿Quizá Jesús llegó tarde? Porque el mundo no parece haber tomado decididamente los caminos del bien sino al revés, cada vez vemos más desigualdad y más guerras. Y al mismo Jesús buena le cayó encima. Él también tuvo que lidiar con la debilidad de su cuerpo mortal. Los humanos estamos llenos de debilidades.

 

Dios nos envía a su Hijo para que los humanos veamos la chispa del amor más a nuestro nivel, en nuestra humanidad, porque quizá la divinidad nos queda lejos, aunque una parte de esa divinidad ya la llevamos nosotros al ser hechos a imagen y semejanza de Dios y llevamos a Dios en nuestro interior (El Dios más interior que nosotros mismos, San Agustín), pero no nos damos cuenta. Como a pesar de toda la historia de salvación seguimos sin entender, Dios nos envía a su Hijo.

 

¿Podría venir Jesucristo otra vez? No hemos asimilado aún su primera venida… En todo caso decimos que Jesucristo vendrá otra vez en gloria en el momento del juicio. A cada momento y por ser obra de Dios la posibilidad de encontrarnos con Él sigue abierta.

 

No llegamos a la verdad sin los otros, no estamos completos sin el otro. Esto lo dice también el papa Francisco: la verdad es relativa porque Dios se ha relacionado con nosotros para mostrárnosla y por eso no llegamos a la verdad solos sino a través de encuentros auténticos y sinceros.

 

Estamos llamados a la vida sabiendo que ni nos damos la vida ni somos los autores de la creación, y por tanto humildad. Humildad viene de “humus”, de la tierra de donde nos ha sacado Dios según el segundo relato de la creación. Nos viene bien recordar de dónde hemos salido, quién nos ha dado la vida y cuál es nuestra vocación y lugar. Eso sí, no confundamos humildad con ingenuidad. “De buena que es, es tonta”. Astutos como serpientes y sencillos como palomas nos quiere Jesús.

 

El mejor ejemplo de humildad es María, ella que reconoce la verdad que llevamos todos y que la lleva de una forma única en su seno. María vive en actitud de servicio y sencillez.

 

La maternidad/paternidad supera lo biológico: se trata de la mayor experiencia de colaboración en la creación de Dios. Especialmente las madres, ¡cómo sienten a sus hijos! ¡Que relación tan estrecha e íntima se establece! Se entiende que nuestro Dios sea Padre/Madre.

 

Dios duerme al hombre para sacarle la costilla, y como dice el comentario bíblico, el “dormirse” significa misterio. De hecho en los Evangelios los apóstoles elegidos por Jesús se duermen en la Transfiguración y en Getsemaní. Sin embargo él mismo se “duerme” en el episodio de la barca en medio del lago enfurecido (Marcos 4,35-41), lo que revela una experiencia muy humana: a veces nos parece que Dios se ha dormido o no nos escucha, cuando en realidad sí que está ahí y Jesús sigue manifestando al Dios creador que domina las aguas.

 

La desnudez del hombre y de la mujer mencionada al final del primer relato de la creación también tiene resonancias en el Evangelio: en la escena del joven que sigue a Jesús durante su apresamiento vestido solo con una sábana, y cuando agarran la sábana huye desnudo (Marcos, 14-51-52, podría ser una referencia precisamente a Adam y a la nueva creación que ha llegado con Jesús, pero con su apresamiento volvemos a estar desnudos y escondiéndonos, huyendo) y también en la pesca abundante que nos narra el Evangelio de Juan tras la resurrección de Jesús (Juan 21,1.14). En este último pasaje Pedro está desnudo y sí se cubre al reconocer a Jesús porque la huella del pecado y su actuación vergonzosa durante la pasión de Jesús no han desaparecido, pero esta vez en vez de esconderse como Adam y Eva tras el pecado se precipita al encuentro de Jesús.

 

Jesús también hará referencia en el Evangelio a la penúltima frase del segundo relato en un debate sobre el matrimonio, añadiendo: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” (Mateo 19,4-6).

 

Habría sido interesante profundizar en el tema de la creación y de la ciencia (¿creación tal cual lo cuenta la Biblia, evolución, diseño inteligente?), pero no nos da tiempo. Somos conscientes en todo caso que la Biblia emplea un género literario mitológico en donde lo esencial no es que los acontecimientos sucediesen tal cual los cuenta el relato, sino el mensaje profundo: Dios que crea todo bueno, y entre sus criaturas la cumbre es el ser humano, hombre y mujer.

domingo, 6 de noviembre de 2011

LECTURA MISIONERA DE LA BIBLIA. HISTORIA DE JOSÉ Y SUS HERMANOS (2)

José ha sido vendido a los egipcios. Tras muchas vicisitudes y pasar por la cárcel, su capacidad para interpretar sueños y prever así siete años de abundancia que precederán a siete años de escasez le hace ser nombrado visir del Faraón.

TEXTO BÍBLICO (Génesis 42-46)

42 Cuando Jacob se enteró de que en Egipto vendían cereales, dijo a sus hijos: “He oído que en Egipto venden cereales. Id allí y comprad algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos”. 3 Entonces, diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para abastecerse de cereales; 4 pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José fuera con ellos, por temor a que le sucediera una desgracia. 5 Así llegaron los hijos de Israel en medio de otra gente que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se pasaba hambre.

6 José tenía plenos poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra. 7 Al verlos, él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les habló duramente. “¿De dónde venís?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Venimos de Canaán para abastecernos de víveres”. Entonces José les dijo: “Vosotros sois espías, y habéis venido a observar las zonas desguarnecidas del país”. 17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días.

18 Al tercer día, José les dijo: 19 “Para probar que sois sinceros, uno de vuestros hermanos quedará como rehén en la prisión donde estáis bajo custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de vuestras familias. 20 Después me traeréis a vuestro hermano menor. Así se pondrá de manifiesto que habéis dicho la verdad y no moriréis”. Ellos estuvieron de acuerdo.

21 Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros: “¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta desgracia”. 22 Rubén les respondió: “¿Acaso no os advertí que no cometierais ese delito contra el muchacho? Pero no quisisteis hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre”. 23 Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un intérprete. 24 José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos. 25 Después José mandó que les llenaran las bolsas con trigo y que repusieran el dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que les entregaran provisiones para el camino. Así se hizo. 26 Ellos cargaron sus asnos con los víveres y partieron.

43 1 El hambre continuaba asolando el país. 2 Y cuando se agotaron los víveres que habían traído de Egipto, su padre les dijo: “Regresad a Egipto a comprarnos un poco de comida”. 3 Pero Judá le respondió: “Aquel hombre nos advirtió expresamente que no nos presentáramos delante de él, si nuestro hermano no nos acompañaba. 4 Si tú dejas partir a nuestro hermano con nosotros, bajaremos a comprarte comida; 5 pero si no lo dejas, no podremos ir, porque el hombre nos dijo: ‘No vengan a verme si su hermano no los acompaña’”. 11 “Ya que tiene que ser así, continuó diciendo Israel, haced lo siguiente: Poned en vuestros equipajes los mejores productos del país, y regalad a aquel hombre un poco de bálsamo y un poco de miel, goma tragacanto, mirra, nueces y almendras. 12 Tomad además una doble cantidad de dinero, porque tendréis que restituir la suma que os pusieron junto a la abertura de la bolsa. Tal vez se trate de una equivocación. 13 Llevad también a vuestro hermano, y volved cuanto antes a ver a ese hombre. 14 Que el Dios Todopoderoso lo mueva a compadecerse de vosotros, y él os permita traer a vuestro hermano, lo mismo que a Benjamín. Yo, por mi parte, si tengo que verme privado de mis hijos, estoy dispuesto a soportarlo”.

15 Ellos recogieron los regalos, tomaron una doble cantidad de dinero, y bajaron a Egipto llevándose a Benjamín. En seguida fueron a presentarse delante de José, 16 y cuando este vio que venían con Benjamín, dijo a su mayordomo: “Lleva a estos hombres a casa. Mata un animal y prepáralo, porque hoy al mediodía comerán conmigo”. 24 El mayordomo introdujo a los hombres en la casa de José, les trajo agua para que se lavaran los pies y les dio pasto para los animales. 25 Ellos prepararon los regalos, esperando la llegada de José al mediodía, porque ya les había avisado que comería allí.

26 Cuando José entró en la casa, le presentaron los regalos que traían y se postraron ante él con el rostro en tierra. 27 José los saludó y les dijo: “El anciano padre de que me hablasteis, ¿vive todavía? ¿Cómo está?”. 28 “Nuestro padre, tu servidor, vive todavía y goza de buena salud”, le respondieron; e inclinándose, se postraron. 29 Al levantar los ojos, José vio a Benjamín, el hijo de su misma madre, y preguntó: “¿Es este el hermano menor de que me habéis hablado?”. Y añadió: “Que Dios te favorezca, hijo mío”.

30 José salió precipitadamente porque se conmovió a la vista de su hermano y no podía contener las lágrimas. Entró en una habitación y lloró. 31 Después se lavó la cara, volvió y, tratando de dominarse, ordenó que sirvieran la comida.

44 1 Después José dio a su mayordomo esta orden: “Llena de víveres las bolsas de estos hombres, hasta que estén bien repletas, y antes de cerrarlas, coloca en ellas el dinero de cada uno. 2 En la bolsa del más joven, además del dinero que pagó por su ración, pondrás también mi copa de plata”. El mayordomo hizo lo que José le había indicado, 3 y al día siguiente, apenas amaneció, hicieron salir a los hombres con sus asnos. 4 Ellos salieron de la ciudad, y cuando todavía no se habían alejado, José dijo a su mayordomo: “Corre ahora mismo detrás de esos hombres, y apenas los alcances, les dirás: ‘¿Por qué devolvéis mal por bien, y por qué me habéis robado la copa de plata? 5 Esa es la copa que mi señor usa para beber y con la que consulta los presagios. Os habéis comportado pésimamente’”.

6 Apenas los alcanzó, el mayordomo les repitió estas palabras. 7 Pero ellos respondieron: 9 “Si la copa se llega a encontrar en poder de alguno de nosotros, el que la tenga morirá, y todos los demás seremos tus esclavos”. 10 “Está bien, respondió, que sea como decís, pero mi esclavo será únicamente aquel en cuyo poder se encuentre la copa. Los demás quedarán libres de todo cargo”. 11 Entonces ellos se apresuraron a bajar sus bolsas, y cada uno abrió la suya. 12 El mayordomo las registró, empezando por la del mayor y terminando por la del menor, y la copa fue hallada en la bolsa de Benjamín. 13 Al ver esto, ellos rasgaron sus vestiduras; luego volvieron a cargar sus asnos y regresaron a la ciudad.

14 Cuando Judá y sus hermanos entraron en la casa de José, este todavía se encontraba allí. Ellos se postraron ante él con el rostro en tierra, 15 y entonces José les preguntó: “¿Qué manera de proceder es esta? ¿Acaso ignorabais que un hombre como yo sabe recurrir a la adivinación?”. 16 Judá respondió: “¿Qué podemos decirte, señor? ¿Qué excusa podemos alegar, o cómo vamos a probar nuestra inocencia? Es Dios el que ha puesto al descubierto nuestra maldad. Aquí nos tienes: somos tus esclavos, tanto nosotros como aquel en cuyo poder estaba la copa”. 17 Pero José replicó: “¡Lejos de mí obrar de ese modo! Mi esclavo será solamente el que tenía la copa. Los demás podréis regresar tranquilamente a la casa de vuestro padre”.

18 Judá se acercó para decirle: “Yo me he hecho responsable de Benjamín ante mi padre, diciendo: ‘Si no te lo devuelvo sano y salvo, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida’. 33 Por eso, deja que yo me quede como esclavo tuyo en lugar del muchacho, y que él se vuelva con sus hermanos. 34 ¿Cómo podré regresar si el muchacho no me acompaña? Yo no quiero ver la desgracia que caerá sobre mi padre”.

45 1 José ya no podía contener su emoción en presencia de la gente que lo asistía, y exclamó: “Haced salir de aquí a toda la gente”. Así, nadie permaneció con él mientras se daba a conocer a sus hermanos. 3 José dijo a sus hermanos: “Yo soy José. ¿Es verdad que mi padre vive todavía?”. Pero ellos no pudieron responderle, porque al verlo se habían quedado pasmados. 4 Entonces José volvió a decir a sus hermanos: “Acercaos un poco más”. Y cuando ellos se acercaron, añadió: “Sí, yo soy José, vuestro hermano, el mismo que vendisteis a los egipcios. 5 Ahora no os aflijáis ni sintáis remordimiento por haberme vendido. En realidad, ha sido Dios el que me envió aquí delante de vosotros para preservaros la vida. 6 Porque ya hace dos años que hay hambre en esta región, y en los próximos cinco años tampoco se recogerán cosechas de los cultivos. 7 Por eso Dios hizo que yo os precediera para dejaros un resto en la tierra y salvaros la vida, librándoos de una manera extraordinaria. 8 Ha sido Dios, y no vosotros, el que me envió aquí y me constituyó padre del Faraón, señor de todo su palacio y gobernador de Egipto. 9 Volved cuanto antes a la casa de mi padre y decidle: ‘Así habla tu hijo José: Dios me ha constituido señor de todo Egipto. Ven ahora mismo a reunirte conmigo. 10 Tú vivirás en la región de Gosen, y estarás cerca de mí, junto con tus hijos y tus nietos, tus ovejas y tus vacas, y con todo lo que te pertenece. 11 Yo proveeré a tu subsistencia, porque el hambre durará todavía cinco años. De esa manera, ni tú ni tu familia ni nada de lo que te pertenece, pasarán necesidad’. 12 Vosotros sois testigos, como lo es también mi hermano Benjamín, de que soy yo mismo el que os dice esto. 13 Informad a mi padre del alto cargo que ocupo en Egipto y de todo lo que habéis visto. Y traedlo aquí lo antes posible”. 14 Luego estrechó entre sus brazos a su hermano Benjamín y se puso a llorar. También Benjamín lloró abrazado a él. 15 Después besó a todos sus hermanos y lloró mientras los abrazaba. Sólo entonces, sus hermanos atinaron a hablar con él.

21 José les dio unos carros y les entregó provisiones para el camino. 22 Además, dio a cada uno de ellos un vestido nuevo, y a Benjamín le entregó trescientas monedas de plata y varios vestidos nuevos. 23 También envió a su padre diez asnos cargados con los mejores productos de Egipto, y diez asnas cargadas de cereales, de pan y de víveres para el viaje. 25 Ellos salieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, donde se encontraba su padre Jacob. 26 Cuando le anunciaron que José estaba vivo y era el gobernador de todo Egipto, Jacob no se conmovió, porque no les podía creer. 27 Entonces le repitieron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que le había enviado para transportarlo, su espíritu revivió. 28 Israel exclamó: “Ya es suficiente. ¡Mi hijo José vive todavía! Tengo que ir a verlo antes de morir”.

46 5 Los hijos de Israel hicieron subir a su padre, junto con sus hijos y sus mujeres, en los carros que el Faraón había enviado para trasladarlos. 6 Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia 7 –sus hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas– porque él había llevado consigo a todos sus descendientes.

Apenas Israel apareció ante José, él lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato, abrazado a su padre. 30 Entonces Israel dijo a José: “Ahora sí que puedo morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía”.

COMENTARIO BÍBLICO

En este texto se pueden intuir varias tradiciones orales que se han ido conjuntando. Por eso hay lagunas, omisiones, repeticiones…

Las hambrunas eran frecuentes en la región mediterránea y Egipto era conocido por su posibilidad de procurar ayuda.

La acusación de espionaje por parte de José está en consonancia con el tradicional temor de Egipto frente a una infiltración enemiga por la frontera del Nordeste, la más vulnerable.

La angustia de los hermanos ante la situación que están viviendo recuerda la angustia que ellos hicieron padecer a José y los hace conscientes de su culpa. Este es el primer signo del cambio que José intentará producir en ellos.

José les devuelve secretamente el dinero pagado por el grano como gesto de amor, a pesar de su rudeza externa.

Los hermanos presentan ante José una actitud humilde, casi servil. Y sorprenden las atenciones bondadosas, incluso paternales, de José, como la invitación a comer. El comer en mesas separadas forma parte de la costumbre egipcia, lo mismo que el simbolismo del número cinco.

En el capítulo 44, José tiene el poder de ejecutar un cruel destino para los hermanos mientras que Judá muestra un espíritu de penitencia que le lleva a descender a las profundidades de su conciencia y a proclamar su confesión. Los hermanos saben que son inocentes y por eso pronuncian una maldición sobre sí mismos que el mayordomo, al tanto de lo que sucede, transforma en esclavitud para el culpable. Sin embargo los hermanos se muestran esta vez unidos y todos quieren sufrir el mismo castigo, y cuando esta propuesta falla Judá quiere sustituir en el castigo a Benjamín. Al parecer, la amable negativa de José a aceptar ese castigo colectivo (y también el de Judá) quiere ser la prueba final de que se les ha cambiado por completo el corazón.

Benjamín es objeto de especial atención en todo el relato por ser hijo de la misma madre que José y el último de los hijos de Jacob. No dice nada en todo el texto y se podría pensar que se trata de un niño aunque según las referencias cronológicas podría tener ya más de 30 años.

Los hechos dramáticos de este relato y las pasiones humanas en ellos implicadas van a ser instrumentos de la providencia divina. Aunque sus hermanos habían vendido a José y así fue llevado a Egipto, en realidad José fue enviado por Dios.

La copa de plata era un objeto sagrado empleado para la adivinación.

Las prisas de José por ver a su padre se explican por el tiempo pasado pero también por la avanzada edad de Jacob.

La región de Gosen está situada en la parte nordeste del delta del Nilo y es por tanto una zona fértil.

Los hermanos salen en busca de su padre acompañados por la generosidad de José que esta vez no tiene segundas intenciones.

El encuentro final entre Jacob y José utiliza el verbo “aparecer” que la Biblia emplea para las apariciones de Dios.

COMENTARIO MISIONERO

El libro del Génesis parece sencillo, pero tiene mucho fondo. Y además, seguimos necesitando leer el Antiguo Testamento desde Jesús. José, como Jesús, tiene un mensaje que transmitir.

Parece un cuento con final feliz, pero hay mucho contenido. La lección que José trama para sus hermanos y los obstáculos que les presenta sirven para hacerles conscientes de lo que hicieron. Sí hay perdón, pero no ofrecido así, sin más, sino tras la necesidad de reflexionar y de aprender la lección. Al final, todo se arregla.

Los hermanos se arrepienten por lo que hicieron a José. Es más, esta vez sí se presentan unidos y solidarios entre ellos (lo que no hicieron con José). José también sufre con todo lo que ha tramado, pero aunque se emociona y llora sigue con su plan.

Da la impresión que la fuerza mayor que empuja a José al perdón es su padre Jacob. No está presente ante él, como tampoco está presente ante nosotros el Padre cuando nos llega el momento de perdonar, pero el principal motor para nuestro perdón es sentirnos perdonados por Él.

A Jacob le toca sufrir la ausencia de su hijo preferido otra vez: ya le pasó con José y ahora le va a pasar con Benjamín.

Hay paralelismos entre José y Jesús: también Jesús, a pesar de verse abandonado por todos, se convierte en punto de unión, en aglutinador; también Jesús nos invita a compartir su mesa; también con Jesús nos damos cuenta que en nuestros sacos llevamos cosas que no nos corresponden, que no hemos puesto nosotros ahí y que en última instancia pertenecen a Otro… Incluso constatamos que el “pago” que damos por nuestra vida nos es devuelto, que recibimos mucho más de lo que damos.

La providencia divina hace que José haya llegado a Egipto. Así lo entiende el mismo José tras las muchas vueltas que ha dado su vida. Su presencia en Egipto no ha sido una casualidad, todo encaja porque un plan mayor se esconde detrás de lo que le va pasando. El mal no prevalece, ni es superior a nosotros. Al final, todo tiene sentido. Esto nos invita a la lectura creyente de la realidad y también de nuestra propia historia ¡Cuántas vueltas, cuántos caminos aparentemente torcidos, para que al final se manifieste la voluntad de Dios! Y nos damos cuenta que en ese camino no hemos estado solos, pero de esto nos damos cuenta echando la vista atrás: en el momento solo veíamos oscuridad.

Dios ha ido seleccionando personas para presentarnos lo que es su misericordia y compasión. Dios es Padre de todos nosotros. Dios perdona a todos sus hijos. Hay lecciones.

El hambre y las necesidades materiales siguen siendo motivo de migraciones. Cuantas personas libres han dejado sus tierras, su mundo, por hambre…

La historia da muchas vueltas: los hijos de Jacob, descendientes directos de Abraham y de su mujer, van a quedarse en la tierra de la mujer esclava de Abraham, donde después, anticipando la historia, ellos mismos serán esclavos.

lunes, 10 de octubre de 2011

LECTURA MISIONERA DE LA BIBLIA. HISTORIA DE JOSÉ Y SUS HERMANOS (1)

Por la extensión de este relato lo vamos a dividir en dos partes. Esta primera parte centrada en el odio de sus hermanos hacia José y su forma de deshacerse de él. La segunda parte será la continuación de la historia ya en Egipto. Excluimos de esta lectura misionera el tema de los sueños por razones de brevedad.

TEXTO BÍBLICO (Génesis 37)

3 Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. 4 Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.

12 Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. 13 Entonces Israel dijo a José: “Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos”. “Está bien”, respondió él.

18 Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 19 “Ahí viene ese soñador”, se dijeron unos a otros. 20 “¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!”. 21 Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: “No atentemos contra su vida”. 22 Y agregó: “No derraméis sangre. Arrojadlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongáis las manos sobre él”. En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. 23 Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de mangas largas que llevaba puesta–, 24 lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. 25 Luego se sentaron a comer.

De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? 27 En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne”. Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.

28 Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y José fue llevado a Egipto. 29 Cuando Rubén volvió a la cisterna y se dio cuenta de que José había desaparecido, desgarró su ropa, 30 y regresando a donde estaban sus hermanos, dijo: “El muchacho ha desaparecido. ¿Dónde iré yo ahora?”.

31 Entonces tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, y empaparon la túnica con sangre. 32 Después enviaron a su padre la túnica de mangas largas, junto con este mensaje: “Hemos encontrado esto. Fíjate bien si es la túnica de tu hijo, o no”. 33 Este, al reconocerla, exclamó: “¡Es la túnica de mi hijo! Un animal salvaje lo ha devorado. ¡José ha sido presa de las fieras!”. 34 Jacob desgarró sus vestiduras, se vistió de luto y estuvo mucho tiempo de duelo por su hijo. 35 Sus hijos y sus hijas venían a consolarlo, pero él rehusaba todo consuelo, diciendo: “No. Voy a bajar enlutado a donde está mi hijo, a la morada de los muertos”. Y continuaba lamentándose.

COMENTARIO BÍBLICO

Esta historia tiene un estilo distinto al resto del libro del Génesis: José aparece presentado como un sabio al estilo de Egipto y no hay intervenciones de Dios porque el mensaje está en el relato mismo, en el que acontecimientos aparentemente nefastos llevan a una conclusión feliz. Y sin embargo a pesar de esa diferencia este relato no es independiente del resto del libro y continúa el plan divino para preparar la constitución del pueblo escogido.

El odio de sus hermanos a José parte de la predilección de su padre, quien le hace una túnica como la que llevaban los reyes (y también de los sueños de José, en los que se ve como centro de atención y que aquí hemos suprimido para no alargar el relato).

Jacob no parece darse cuenta del peligro que entraña para José ir en busca de sus hermanos.

Los hermanos llaman a José “soñador”. A causa del significado divino que los antiguos atribuían a los sueños, los hermanos de José los considerarían efectivos mientras viviera quien los había pronunciado. De ahí que busquen su muerte.

El profeta Jeremías también fue encerrado en una cisterna seca.

Los ismaelitas (descendientes de Ismael, hijo de Abraham y de la esclava Agar) eran nómadas del desierto que se dedicaban frecuentemente al transporte de mercancías desde el Oriente de Egipto. También los madianitas eran nómadas. Estaban agrupados en tribus y eran parientes de Abraham por Queturá, su mujer egipcia. Al parecer, se dedicaban al mercado de esclavos.

Rubén y Judá quieren salvar a su hermano: el primero por ser el hermano mayor y por tanto responsable de la seguridad de los más jóvenes; el segundo, porque el derramamiento de sangre reclama siempre venganza.

La túnica teñida de sangre serviría de prueba de la muerte accidental por lo que los hermanos no serían considerados responsables de ella ni de la desaparición de José.

Jacob al final del texto expresa la creencia de aquel tiempo de un eventual encuentro en la región sombría del mundo de los muertos.

COMENTARIO MISIONERO

Lo primero que hemos resaltado de este texto es la envidia, presente en las propias familias. Envidia entre hermanos, y también envidia y rivalidad entre pueblos y países: hay quienes por mantenerse en el poder hacen sufrir sin que parezca importarles. Y también y por desgracia a veces surgen rivalidades entre misioneros…

Esta envidia y división va a ir provocando que los elegidos por Dios vayan tomando el camino hacia la esclavitud. De momento José queda en manos de traficantes de esclavos y de los ismaelitas, los descendientes de Ismael, hijo de Abraham que no hereda la promesa de Dios. Podemos caer en la esclavitud por nuestra propia responsabilidad y echando en saco roto los dones de Dios.

Y sin embargo en el fondo es una historia de amor: el padre ama al hijo y envía su hijo a sus hermanos por amor, pero los hermanos buscan su muerte ¿Nos suena de algo? ¡Claro! Dios Padre que nos envía a su Hijo por amor, y ese Hijo entrega su vida hasta la muerte. También hoy Dios sigue enviando a sus misioneros como sus amados, sus predilectos ¿Nos sentimos amados de Dios para ser enviados a nuestros hermanos?

El término “soñador” lo usamos de forma despectiva, lo identificamos con alguien que está “en las nubes” alejado de la realidad. Nos parece legítimo soñar, sobre todo cuando son sueños de un mundo mejor. Cuando se sueña, por desgracia ya habrá enseguida alguien que truncará esos sueños ¡Qué distinto al mundo bíblico, donde se entendía que los sueños se hacían realidad!

Lo hermanos buscan matar al autor de los sueños para que los sueños no se cumplan. Esto nos parece muy real hoy también: interés en que los ideales y los sueños reivindicativos de una realidad mejor no salgan demasiado en los medios de comunicación para así “matarlos”.

Vivimos demasiado acomodados en nuestra realidad. Nos planteamos que hoy también hay personas metidas en cisternas (hambre, guerras, injusticias…) mientras nosotros debatimos sobre ellos sin llegar a decisiones eficaces. Al final, o no hacemos nada o ponemos parches nada más, y otros terminan decidiendo o la situación ahí queda. Resuena una pregunta: ¿dónde nos colocamos frente al hermano caído?

Pasividad, o más bien “medias tintas” de los hermanos que no quieren la muerte de José. Defienden a su hermano, por razones ajenas a ser de la misma sangre, y lo hacen de forma poco decidida, “ni fríos ni calientes” como diría el Apocalipsis. En todo caso, hay una esperanza: no todos los hermanos son iguales.

Y algo que nos parece necesario subrayar: toda esta historia es de varones, las hijas de Jacob no merecen ni nombre ni mención, salvo cuando les sucede alguna desgracia. Mundo patriarcal en el que la mujer no deja huella, salvo que sea madre y entonces deja la huella en sus hijos. Hoy en día pasa lo mismo en algunos lugares del planeta: mujeres sin reconocimiento jurídico, sin aparecer registradas en parte alguna… Con el paso del tiempo será como si no hubiesen existido, no se podrá seguir su huella.

José sale al encuentro de sus hermanos sin percibir el peligro, como los misioneros que salen de sus propias culturas al encuentro de los hermanos distantes sin prestar demasiada atención a los posibles peligros que puedan encontrar.

Jacob prefiere a José y esa predilección se nota tanto que crea repulsión en los otros hermanos. Quizá Jacob tenía que haber sido menos explícito en sus preferencias. Esa predilección pone a José en el punto de mira, y mientras está en la cisterna y sus hermanos deciden qué hacer con él otros se lo llevan. “Al caído, caerle”, o como también decimos en España: “A perro flaco todo son pulgas”. Cuando José es agredido aparecen enemigos por todas partes.

Los hijos de Jacob que han tramado su muerte “consuelan” a su padre. Falsedad y doble cara, algo que está a la orden del día. Y por otra parte en medio de esta falsedad alguien sufre de verdad. La muerte, la injusticia, el aprovecharse del otro… crean dolor y alguien, aunque sea anónimo, sufre.

Además del envío de Jesús por parte de Dios Padre, el evangelio resuena en este texto en el nombre del soñador y en cómo Dios revelaba su voluntad por medio de sueños a José, esposo de María. Y también las 20 monedas de plata pagadas por José nos recuerdan las 30 monedas pagadas por Jesús. Como las raíces de los nombres José-Jesús y Judá-Judas son similares.