... de Loyola a Javier. ¿Las fechas? : del 20 de julio y hasta el 30 del mismo mes. Somos ... seis (poquitos pero animados). A ver si el año que viene alguien se anima.
Por ahora intentaremos teneros al tanto, si posible día tràs días.
Contamos con vostras/vosotros.
Esta tarde, quizàs, una primera imagen.
Hasta pronto,
Gigi
Blog abierto a quien quiera compartir, buscar noticias, aportaciones, hablar, ... del mundo de las misiones, particularmente en relación a los Javerianos.
lunes, 20 de julio de 2009
viernes, 29 de mayo de 2009
Entrevista a Antxon en Auria TV
Hace unos días, en Auria TV (Ourense) han entrevistado a Antxon. Aquí van las tres secciones del video :
- primera parte :
- segunda parte :
- tercera parte :
Si quieres reaccionar, puedes escribir directamente un comentario o escribir a Antxon
- primera parte :
- segunda parte :
- tercera parte :
Si quieres reaccionar, puedes escribir directamente un comentario o escribir a Antxon
miércoles, 20 de mayo de 2009
miércoles, 29 de abril de 2009
Cuento sobre la crisis
ANTE LA CRISIS, ¿QUÉ?
El rey león convocó a todos los animales de la selva para comunicarles la noticia que temían:
- La crisis ha llegado a nuestro mundo.
Los animales ya habían oído que la crisis azotaba el mundo de los humanos, y por experiencia sabían que, tarde o temprano, lo que afectaba a los humanos terminaba salpicándoles también a ellos. Pero una confirmación oficial siempre genera inquietud. Tras un instante de silencio reflexivo, algunos animales empezaron a expresar sus posiciones.
- ¿Crisis? ¿Qué crisis? En mi mundo ni ha llegado ni llegará esa dichosa crisis, así que a él me vuelvo.
Dicho esto, el topo volvió a desaparecer en el subsuelo del que había salido. Su toma de postura produjo un cierto revuelo y otros animales, de parecidas dimensiones a las suyas, decidieron escabullirse por el agujero que el topo había dejado.
La tortuga dijo:
- Yo por ese agujero tan pequeño no entro, pero sí que puedo encerrarme en mi casa y esperar a que la crisis pase.
Y se metió en su caparazón. Esto animó a otros animales a hacer lo mismo, o a evadirse anticipando la hibernación, e incluso algunos decidieron migrar aunque no fuese la época.
Y hubo quienes se alegraron con el anuncio de la crisis: las aves carroñeras levantaron el vuelo para ir a posarse en algún lugar con buena panorámica y esperar acontecimientos.
El rey león se encontró ante sí a los pocos animales que querían afrontar con él la situación. A ellos les planteó la pregunta inevitable:
- ¿Qué podemos hacer?
Las ideas empezaron a surgir, primero tímidamente, después con más alegría y confianza. Palabras como “compartir”, “austeridad”, “ir a los esencial”… se escucharon repetidamente. Pero por encima de la posibilidad de encontrar soluciones lo que les iba animando era el espíritu de unión y de trabajo en equipo con el que afrontaban esta situación y la complicidad al verse implicados en un proyecto común de consecuencias universales.
PREGUNTAS:
1) ¿Entre las personas hay también quienes se evaden o huyen ante la crisis? ¿Y quiénes pueden ser los carroñeros?
2) En una reciente Pascua en Sucina hemos reflexionado sobre “Pasión, muerte y resurrección en tiempos de crisis”. Lee en www.javerianos.org los comentarios de quienes han participado y algunos de los materiales que hemos empleado.
3) Y la pregunta del rey león vale también para nosotros: ¿Qué podemos hacer? Entre los materiales antes mencionados hay quien aporta posibles respuestas. Reflexiona en tu grupo y mándanos tus sugerencias a nuestro blog.
El rey león convocó a todos los animales de la selva para comunicarles la noticia que temían:
- La crisis ha llegado a nuestro mundo.
Los animales ya habían oído que la crisis azotaba el mundo de los humanos, y por experiencia sabían que, tarde o temprano, lo que afectaba a los humanos terminaba salpicándoles también a ellos. Pero una confirmación oficial siempre genera inquietud. Tras un instante de silencio reflexivo, algunos animales empezaron a expresar sus posiciones.
- ¿Crisis? ¿Qué crisis? En mi mundo ni ha llegado ni llegará esa dichosa crisis, así que a él me vuelvo.
Dicho esto, el topo volvió a desaparecer en el subsuelo del que había salido. Su toma de postura produjo un cierto revuelo y otros animales, de parecidas dimensiones a las suyas, decidieron escabullirse por el agujero que el topo había dejado.
La tortuga dijo:
- Yo por ese agujero tan pequeño no entro, pero sí que puedo encerrarme en mi casa y esperar a que la crisis pase.
Y se metió en su caparazón. Esto animó a otros animales a hacer lo mismo, o a evadirse anticipando la hibernación, e incluso algunos decidieron migrar aunque no fuese la época.
Y hubo quienes se alegraron con el anuncio de la crisis: las aves carroñeras levantaron el vuelo para ir a posarse en algún lugar con buena panorámica y esperar acontecimientos.
El rey león se encontró ante sí a los pocos animales que querían afrontar con él la situación. A ellos les planteó la pregunta inevitable:
- ¿Qué podemos hacer?
Las ideas empezaron a surgir, primero tímidamente, después con más alegría y confianza. Palabras como “compartir”, “austeridad”, “ir a los esencial”… se escucharon repetidamente. Pero por encima de la posibilidad de encontrar soluciones lo que les iba animando era el espíritu de unión y de trabajo en equipo con el que afrontaban esta situación y la complicidad al verse implicados en un proyecto común de consecuencias universales.
PREGUNTAS:
1) ¿Entre las personas hay también quienes se evaden o huyen ante la crisis? ¿Y quiénes pueden ser los carroñeros?
2) En una reciente Pascua en Sucina hemos reflexionado sobre “Pasión, muerte y resurrección en tiempos de crisis”. Lee en www.javerianos.org los comentarios de quienes han participado y algunos de los materiales que hemos empleado.
3) Y la pregunta del rey león vale también para nosotros: ¿Qué podemos hacer? Entre los materiales antes mencionados hay quien aporta posibles respuestas. Reflexiona en tu grupo y mándanos tus sugerencias a nuestro blog.
lunes, 27 de abril de 2009
Pascua en Sucina. Homilía.
HOMILÍA PASCUAL
1) ¿Las piedras se mueven solas?
2) Un mundo de colores.
3) La muerte como compañera.
4) La fe también come.
5) A la escucha de los crucificados.
6) ¿Sugestión colectiva o fuerza de Dios?
1) Las mujeres encuentran movida la piedra del sepulcro. Esto me recuerda un cuento oído recientemente: un padre invita a su hijo a mover una piedra enorme. El hijo lo intenta con todas sus fuerzas, empujando de todos lados, haciendo palanca con todo lo que encuentra… hasta que desiste y dice a su padre que se rinde: “He intentado mover la piedra de todas las formas posibles y no he podido”. A lo que el padre responde: “¿De todas las formas posibles? ¿Estás seguro? No lo creo, porque aún no me has pedido ayuda”. Trasladado el mensaje del cuento a nuestra relación con Dios nos damos cuenta de que ciertos logros no los podemos alcanzar solos. Aunque todos unidos queramos resucitar a Jesús, no lo lograremos. Hace falta la fuerza de Dios para esto y para todo. Aunque eso sí, Dios conoce los deseos profundos que llevamos en nuestro corazón y los tiene en cuenta.
2) La piedra movida y el sepulcro vacío no son más que signos ambiguos. De hecho, cuando se hacen encuestas entre los cristianos sobre los dogmas en los que creen y en los que no creen, menos de la mitad responden creer en la resurrección. Como diría San Pablo, si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Pero si Cristo ha resucitado, ¡todo adquiere sentido! Podemos soñar con un mundo mejor, podemos ver la vida llena de colores, podemos creer en que el bien vence al mal, la vida a la muerte, la justicia a la injusticia, la bondad a la violencia, la verdad a la mentira… porque Dios así lo ha demostrado resucitando a su Hijo Jesús. No somos ingenuos y sabemos que somos cómplices del mal de nuestro mundo, pero eso no nos paraliza para comprometernos en la transformación de la realidad porque Dios se hace garante de que nuestros esfuerzos, de forma que nosotros no conocemos, tendrán fruto.
3) Todo esto no nos evita ni el sufrimiento, ni el fracaso, ni la muerte. La muerte nos va a seguir visitando con dolor, dejándonos mil preguntas y ninguna respuesta… Pero ya no es lo mismo: las puertas de la vida han quedado abiertas para nosotros de par en par, la muerte se ha vuelto un nuevo nacimiento a otra realidad.
Tengo una amiga que ante hechos dolorosos como la muerte de alguien cercano, enfermedades… me comenta: “¡Qué suerte tenéis los que creéis!” Siendo esta afirmación verdad, me despierta una alarma de peligro, porque podemos entender mal la fe, querer poseerla o creer que nos basta guardarla en una caja fuerte y tenemos todo resuelto. Nada de esto: la fe se fortalece dándola, la fe necesita ser alimentada y ser puesta en juego. Si no, se evapora.
4) ¿Cómo podemos alimentar nuestra fe en la resurrección? Hay medios evidentes, en los que no insisto: los sacramentos y la escucha de la Palabra de Dios. Me detengo en otros dos menos evidentes. Por un lado, el amor gratuito. No haría falta añadir “gratuito” al sustantivo “amor”, pero nos damos cuenta de lo mucho que lo que nosotros llamamos amor está condicionado por la búsqueda de un beneficio para nosotros. El amor gratuito nos lleva a la cercanía con los crucificados de hoy, a la solidaridad con los últimos. Por desgracia, son muchos: ¡hay tantos pies que lavar y tantos crucificados en la cuneta de nuestra historia! Y con la crisis de nuestra sociedad occidental la cifra de crucificados va a aumentar… Nos queda la esperanza de que, si la cruz de Cristo es camino de vida, también las nuestras lo serán.
5) Esa cercanía a los crucificados no tiene como objetivo principal ayudar (aunque naturalmente esto no queda excluido), sino escuchar y aprender ¿Pueden los últimos de nuestro mundo enseñarnos algo? El mismo Jesús daba gracias a Dios porque los sencillos entendían las cosas de Dios, y nosotros estamos llamados a la misma experiencia de descubrir vida donde a simple vista sólo hay muerte. En este sentido, ¡cuánta vida se puede celebrar durante una vigilia pascual en África, por ejemplo, continente crucificado por excelencia! Precisamente cuando mayor es la oscuridad, más apreciamos la luz. Lo mismo pasa con la vida: donde la muerte es señora la fiesta de la vida se celebra con especial entusiasmo. De hecho, los misioneros que hemos pasado por Chad nos decíamos que nos bastaba la celebración de la Pascua para sentirnos gratificados y con fuerzas para todo el año por la vida que recibimos a raudales en ese momento.
6) Claro, todo esto puede no ser más que una ilusión, una sugestión colectiva. Volvemos a lo del inicio: los signos visibles de la resurrección en los relatos de los evangelios son ambiguos. Juan, Pedro, María Magdalena… se encontraron con la piedra del sepulcro quitada y la tumba vacía ¿Por causas humanas o por la fuerza de Dios? Ellos creyeron en esta última respuesta y su vida se transformó: crecieron en fe y en humanidad, transmitieron vida a otros, fueron valientes y verdaderos, anunciaron la Palabra… Ellos son la mejor prueba de que Jesús ha resucitado. Y si ellos transformaron sus vidas, nosotros también podemos.
1) ¿Las piedras se mueven solas?
2) Un mundo de colores.
3) La muerte como compañera.
4) La fe también come.
5) A la escucha de los crucificados.
6) ¿Sugestión colectiva o fuerza de Dios?
1) Las mujeres encuentran movida la piedra del sepulcro. Esto me recuerda un cuento oído recientemente: un padre invita a su hijo a mover una piedra enorme. El hijo lo intenta con todas sus fuerzas, empujando de todos lados, haciendo palanca con todo lo que encuentra… hasta que desiste y dice a su padre que se rinde: “He intentado mover la piedra de todas las formas posibles y no he podido”. A lo que el padre responde: “¿De todas las formas posibles? ¿Estás seguro? No lo creo, porque aún no me has pedido ayuda”. Trasladado el mensaje del cuento a nuestra relación con Dios nos damos cuenta de que ciertos logros no los podemos alcanzar solos. Aunque todos unidos queramos resucitar a Jesús, no lo lograremos. Hace falta la fuerza de Dios para esto y para todo. Aunque eso sí, Dios conoce los deseos profundos que llevamos en nuestro corazón y los tiene en cuenta.
2) La piedra movida y el sepulcro vacío no son más que signos ambiguos. De hecho, cuando se hacen encuestas entre los cristianos sobre los dogmas en los que creen y en los que no creen, menos de la mitad responden creer en la resurrección. Como diría San Pablo, si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Pero si Cristo ha resucitado, ¡todo adquiere sentido! Podemos soñar con un mundo mejor, podemos ver la vida llena de colores, podemos creer en que el bien vence al mal, la vida a la muerte, la justicia a la injusticia, la bondad a la violencia, la verdad a la mentira… porque Dios así lo ha demostrado resucitando a su Hijo Jesús. No somos ingenuos y sabemos que somos cómplices del mal de nuestro mundo, pero eso no nos paraliza para comprometernos en la transformación de la realidad porque Dios se hace garante de que nuestros esfuerzos, de forma que nosotros no conocemos, tendrán fruto.
3) Todo esto no nos evita ni el sufrimiento, ni el fracaso, ni la muerte. La muerte nos va a seguir visitando con dolor, dejándonos mil preguntas y ninguna respuesta… Pero ya no es lo mismo: las puertas de la vida han quedado abiertas para nosotros de par en par, la muerte se ha vuelto un nuevo nacimiento a otra realidad.
Tengo una amiga que ante hechos dolorosos como la muerte de alguien cercano, enfermedades… me comenta: “¡Qué suerte tenéis los que creéis!” Siendo esta afirmación verdad, me despierta una alarma de peligro, porque podemos entender mal la fe, querer poseerla o creer que nos basta guardarla en una caja fuerte y tenemos todo resuelto. Nada de esto: la fe se fortalece dándola, la fe necesita ser alimentada y ser puesta en juego. Si no, se evapora.
4) ¿Cómo podemos alimentar nuestra fe en la resurrección? Hay medios evidentes, en los que no insisto: los sacramentos y la escucha de la Palabra de Dios. Me detengo en otros dos menos evidentes. Por un lado, el amor gratuito. No haría falta añadir “gratuito” al sustantivo “amor”, pero nos damos cuenta de lo mucho que lo que nosotros llamamos amor está condicionado por la búsqueda de un beneficio para nosotros. El amor gratuito nos lleva a la cercanía con los crucificados de hoy, a la solidaridad con los últimos. Por desgracia, son muchos: ¡hay tantos pies que lavar y tantos crucificados en la cuneta de nuestra historia! Y con la crisis de nuestra sociedad occidental la cifra de crucificados va a aumentar… Nos queda la esperanza de que, si la cruz de Cristo es camino de vida, también las nuestras lo serán.
5) Esa cercanía a los crucificados no tiene como objetivo principal ayudar (aunque naturalmente esto no queda excluido), sino escuchar y aprender ¿Pueden los últimos de nuestro mundo enseñarnos algo? El mismo Jesús daba gracias a Dios porque los sencillos entendían las cosas de Dios, y nosotros estamos llamados a la misma experiencia de descubrir vida donde a simple vista sólo hay muerte. En este sentido, ¡cuánta vida se puede celebrar durante una vigilia pascual en África, por ejemplo, continente crucificado por excelencia! Precisamente cuando mayor es la oscuridad, más apreciamos la luz. Lo mismo pasa con la vida: donde la muerte es señora la fiesta de la vida se celebra con especial entusiasmo. De hecho, los misioneros que hemos pasado por Chad nos decíamos que nos bastaba la celebración de la Pascua para sentirnos gratificados y con fuerzas para todo el año por la vida que recibimos a raudales en ese momento.
6) Claro, todo esto puede no ser más que una ilusión, una sugestión colectiva. Volvemos a lo del inicio: los signos visibles de la resurrección en los relatos de los evangelios son ambiguos. Juan, Pedro, María Magdalena… se encontraron con la piedra del sepulcro quitada y la tumba vacía ¿Por causas humanas o por la fuerza de Dios? Ellos creyeron en esta última respuesta y su vida se transformó: crecieron en fe y en humanidad, transmitieron vida a otros, fueron valientes y verdaderos, anunciaron la Palabra… Ellos son la mejor prueba de que Jesús ha resucitado. Y si ellos transformaron sus vidas, nosotros también podemos.
martes, 21 de abril de 2009
"El metro" de Donato Ndongo
Por casualidad me encontré en la biblioteca con este libro. Su autor es un ecuatoguineano que me gusta cómo presenta cada mes alguna noticia de África en la revista Mundo Negro.
El libro nos habla de cómo un africano vive y ve la realidad de nuestro país a partir de su cultura y de su ideosincrasia propia.
Pero el libro nos lleva a descubrir la vida, la cultura y las tradiciones de una zona de Camerún muy próxima con Guinea Ecuatorial. El régimen político casi dictatorial y la pobreza de la gente. Es, precisamente, a causa de esta pobreza que el protagonista se ve obligado a emigrar. Y vamos descubriendo ese camino tan largo, tan duro y de tanto sufrimiento que lleva al paraiso soñado de Europa pero que nunca es tal paraiso.
Os aconsejo el leerlo también para percibir y sentir lo que muchos viven y sienten al llegar aquí. Buena lectura Ángel
El libro nos habla de cómo un africano vive y ve la realidad de nuestro país a partir de su cultura y de su ideosincrasia propia.
Pero el libro nos lleva a descubrir la vida, la cultura y las tradiciones de una zona de Camerún muy próxima con Guinea Ecuatorial. El régimen político casi dictatorial y la pobreza de la gente. Es, precisamente, a causa de esta pobreza que el protagonista se ve obligado a emigrar. Y vamos descubriendo ese camino tan largo, tan duro y de tanto sufrimiento que lleva al paraiso soñado de Europa pero que nunca es tal paraiso.
Os aconsejo el leerlo también para percibir y sentir lo que muchos viven y sienten al llegar aquí. Buena lectura Ángel
lunes, 20 de abril de 2009
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