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lunes, 26 de noviembre de 2012

Lectura misionera de la Biblia, Moisés (y 7)

FRENTE A LA TIERRA PROMETIDA

TEXTO BÍBLICO (Deuteronomio 6,4-13, 7,7-8; 8,7-20; 34,1.4-5)

6 4Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. 5 Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6 Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. 7 Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. 8 Átalas a tu mano como un signo, y que estén como una marca sobre tu frente. 9 Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes.
10 Cuando el Señor, tu Dios te introduzca en la tierra que él te dará, porque así lo juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob –en ciudades grandes y prósperas que tú no levantaste; 11 en casas colmadas de toda clase de bienes, que tú no acumulaste; en pozos que tú no cavaste; en viñedos y olivares que tú no plantaste– y cuando comas hasta saciarte, 12 ten cuidado de no olvidar al Señor que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. 13 Teme al Señor, tu Dios, sírvelo y jura por su Nombre.

7 7 El Señor se prendó de vosotros y os eligió, no porque seáis el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos. 8 Pero por el amor que os tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor os hizo salir de Egipto con mano poderosa, y os libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto.

8 7 Sí, el Señor, tu Dios, te va a introducir en una tierra fértil, un país de torrentes, de manantiales y de aguas profundas que brotan del valle y de la montaña; 8 una tierra de trigo y cebada, de viñedos, de higueras y granados, de olivares, de aceite y miel; 9 un país donde comerás pan en abundancia y donde nada te faltará, donde las piedras son de hierro y de cuyas montañas extraerás cobre. 10 Allí comerás hasta saciarte y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra fértil que él te dio.
11 Pero ten cuidado: no olvides al Señor, tu Dios, ni dejes de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te prescribo hoy. 12 Y cuando comas hasta saciarte, cuando construyas casas confortables y vivas en ellas, 13 cuando se multipliquen tus vacas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todas tus riquezas, 14 no te vuelvas arrogante, ni olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, 15 y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, 16 y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres. Así te afligió y te puso a prueba, para que tuvieras un futuro dichoso. 17 No pienses entonces: “Mi propia fuerza y el poder de mi brazo me han alcanzado esta prosperidad”. 18 Acuérdate del Señor, tu Dios, porque él te da la fuerza necesaria para que alcances esa prosperidad, a fin de confirmar la alianza que juró a tus padres, como de hecho hoy sucede. 19 Pero si llegas a olvidarte del Señor, tu Dios, y vas detrás de otros dioses, si los sirves y te postras delante de ellos, yo os aseguro solemnemente que vosotros pereceréis. 20 Pereceréis como esas naciones que el Señor va destruyendo delante de vosotros, por no haber escuchado la voz del Señor, vuestro Dios.

34 1Moisés subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó, y el Señor le mostró todo el país. 4 Y le dijo: “Esta es la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando les dije: ‘Yo se la daré a tus descendientes’. Te he dejado verla con tus propios ojos, pero tú no entrarás en ella”.
5 Allí murió Moisés, el servidor del Señor, en territorio de Moab, como el Señor lo había dispuesto.

COMENTARIO BÍBLICO

La fertilidad de Canaán (país al que van a entrar como tierra prometida por Dios) supuso un grave problema teológico para los hebreos que venían del estéril desierto, porque la fertilidad es una bendición divina.

La tierra fértil puede conllevar el peligro de olvidarse de Dios y del camino hecho hasta entonces. Se exagera la fertilidad de esa tierra (no hay en ella hierro ni bronce). Deuteronomio subraya que la alianza es condicional y que la no observancia de la misma hace a Israel “semejante a las otras naciones”.

“El único Dios” hace referencia sobre todo a Baal, dios de Canaán. El Dios de Israel se muestra “celoso” de que su puesto en el corazón del pueblo lo ocupen otros.

En un texto eminentemente jurídico aparecen estas referencias emotivas (corazón, alma) y se insiste en el amor entre ambas partes. Deuteronomio sigue al profeta Oseas para dar al amor un significado más amplio y profundo. Conocer a Dios significa misericordia. De hecho Dios ha elegido a este pueblo (y no al revés) como consecuencia de su amor.

6,4-9 es la gran oración judía (Shema Israel), que se reza todas las mañanas, y Jesús se refiere a ella como el gran mandamiento de la Ley (Mateo 22,37).

6,8 dará lugar a las filacterias, es decir, pequeñas bolsas que contenían el texto sagrado y que se ponían en el brazo izquierdo y la frente.

Todo este material es fundamentalmente litúrgico. La liturgia tiene la función de recuerdo y actualización de los acontecimientos salvíficos.

El capítulo de la muerte de Moisés sirve de final al Deuteronomio y a todo el Pentateuco (es decir, “cinco libros”: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Se dice que Moisés tiene 120 años en el momento de su muerte.

Desde el monte Nebo se puede ver una visión panorámica de todo el país de Canaán, en los días claros se alcanza a ver el Mediterráneo.

La no entrada de Moisés en la tierra prometida provoca un gran impacto final.

COMENTARIO MISIONERO

En la abundancia las personas somos bien capaces de olvidarnos de los demás y de Dios. Oración bíblica: “Dios, no me des ni riqueza ni pobreza, porque siendo rico me olvidaré de ti y siendo pobre te maldeciré”. En la mentalidad popular se oye decir que Dios nos “prueba” con el sufrimiento. Pero, ¿y cuándo todo va bien? ¿Esa no será también una “prueba”? Porque entonces nos olvidamos de lo importante. El gran peligro es creer que nuestro éxito depende de nosotros.

Tanto camino hecho por el pueblo, tantos años de penalidades en el desierto hasta conseguir una tierra y unos derechos y todo se puede ir al garete en una generación. Qué actual resulta esto en tiempos de crisis: cuántos derechos laborales y sociales conseguidos a base de muchas luchas y reivindicaciones para dejarlos caer de un plumazo por la necesidad del momento…

El pueblo judío que llega a las puertas de la tierra prometida es un pueblo encerrado en sí mismo, que ve a los otros pueblos como amenazas tanto militares (conquistarán la tierra prometida guerreando) como religiosas (tentación de los dioses de la abundancia y de otras prácticas religiosas). Dios se manifiesta como un Dios celoso, y el trato del pueblo hebreo con los otros pueblos será hostil. En un estado laico como el actual Israel el motivo religioso de la tierra prometida por Dios sigue pesando fuerte en el conflicto con los palestinos. En el mundo judío de hoy los que más se ven (aun no siendo mayoría) son los ultraortodoxos, característicos por sus tirabuzones. Esto resulta para nosotros cristianos una llamada de atención a un posible peligro: también nosotros tenemos nuestros ultraortodoxos, y sus liturgias de ritos, idiomas y ropajes preconciliares favorecidos por nuestra jerarquía actual. Claro, esa vuelta a “esplendores” pasados parece que da seguridad en tiempos de fragmentación y de pluralidad, pero al final nos encierra y paraliza impidiendo un contacto cordial con nuestro mundo de hoy.

Recordamos el concilio de Jerusalén y esa pugna entre judaizantes y misioneros liderados por San Pablo que nos parece muy actual. La decisión de aquel concilio fue intentar contentar a ambas posturas, con San Pedro nadando entre dos aguas y recriminado por San Pablo. Sin embargo y pasados los siglos afortunadamente no queda rastro de los judaizantes y sí del camino misionero de la Iglesia en el contacto y comprensión de otras culturas y pueblos.

Hay una lectura ingenua de la muerte de Moisés frente a la tierra prometida: como se portó mal Dios lo castigó. Una lectura así permite explicarlo todo pero es poco respetuosa con la imagen de Dios transmitida por Jesús.

Tenemos necesidad de una vuelta a los marginados y olvidados, a los pequeños y pobres. Dios eligió a este pueblo por ser el más pequeño, y nosotros entre esas personas podemos conocer mejor al Dios liberador de la Alianza. En definitiva alejarnos de ellos supone alejarnos de Dios… Libro de Eric-Emmanuel Schmitt “Hijo de Noé”: durante la II Guerra Mundial un cura católico en Francia protege a niños judíos e intenta salvaguardar su cultura porque son perseguidos. Pasada la guerra y cambiados los tiempos, lo que protege es la cultura palestina.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Lectura misionera de la Biblia, Moisés (6)

LA ALIANZA

TEXTO BÍBLICO (ÉXODO 19,3-8.16-20; 20,1-17; 32,1-20)

19  3 Moisés subió a encontrarse con Dios. El Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: “Habla en estos términos a la casa de Jacob y anuncia este mensaje a los israelitas:

4 ‘Vosotros habéis visto cómo traté a Egipto, y cómo os conduje sobre alas de águila

y os traje hasta mí. 5 Ahora, si escucháis mi voz y observáis mi alianza, seréis mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece.

Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada’. Estas son las palabras que transmitirás a los israelitas”.

7 Moisés fue a convocar a los ancianos de Israel y les expuso todas estas palabras, como el Señor se lo había ordenado. 8 El pueblo respondió unánimemente: “Estamos decididos a poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor”. Y Moisés comunicó al Señor la respuesta del pueblo.
16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente. 19 El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno. 20 El Señor bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña, y ordenó a Moisés que subiera a la cumbre.

20 1 Entonces Dios pronunció estas palabras:

2 Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud.

3 No tendrás otros dioses delante de mí.

4No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. 5 No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; 6 y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.

7 No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.

8 Acuérdate del día sábado para santificarlo. 9 Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; 10 pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no haréis ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. 11 Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

13 No matarás. 14 No cometerás adulterio. 15 No robarás. 16 No darás falso testimonio contra tu prójimo.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.

32  1 Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: “Fabrícanos un dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto”. 2 Aarón les respondió: “Quitad a vuestras mujeres, a vuestros hijos y a vuestras hijas, las argollas de oro que llevan prendidas a sus orejas, y traedlas aquí”. 3Entonces todos se quitaron sus pendientes y se los entregaron a Aarón. 4 Él recibió el oro, lo trabajó con el cincel e hizo un becerro de metal fundido. Ellos dijeron entonces: “Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto”. 5 Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y anunció en alta voz: “Mañana habrá fiesta en honor del Señor”. 6 Y a la mañana siguiente, bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó para divertirse.

7 El Señor dijo a Moisés: “Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. 8 Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un becerro de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: ‘Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto’”. 9 Luego le siguió diciendo: “Ya veo que este es un pueblo obstinado. 10Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación”.

11 Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: “¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? 12¿Por qué tendrán que decir los egipcios: ‘Él los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra’? Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: ‘Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia’”. 14 Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Moisés emprendió el camino de regreso y bajó de la montaña llevando en sus manos las dos tablas del Testimonio, que estaban escritas de un lado y de otro. 16 Esas tablas eran obra de Dios, y la escritura grabada sobre ellas era escritura de Dios.

17 Al escuchar el ruido de las aclamaciones que profería el pueblo, Josué dijo a Moisés: “Hay gritos de guerra en el campamento”. 18 Pero Moisés respondió:

“No son cantos de victoria,
ni alaridos de derrota;
lo que oigo son cantos de coros alternados”.

19 Cuando Moisés estuvo cerca del campamento y vio el ternero y las danzas, se enfureció, y arrojando violentamente las tablas que llevaba en sus manos, las hizo añicos al pie de la montaña. 20 Después tomó el becerro que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta pulverizarlo. Luego esparció el polvo sobre el agua, y se la hizo beber a los israelitas.

(Tras esta escena Dios procede a la renovación de la Alianza.)

COMENTARIO BÍBLICO

Nos hallamos ante un hecho histórico fundamental: el único tratado hecho por Dios Todopoderoso con el pueblo de Israel. Es un dato del que depende en lo sucesivo toda la religión de Israel. No se trata sin embargo de una relación científica de los acontecimientos del Sinaí, sino más bien una interpretación teológica de los acontecimientos tal como estos fueron luego actualizados para el pueblo de Israel.

Toda alianza implica un pacto en el que se establece una serie de obligaciones y derechos recíprocos. Esta alianza está descrita según el estilo de los pactos de vasallaje en el Próximo Oriente.

La montaña a la que sube Moisés puede ser Jebel Musa, que tiene 2.249 metros.

El ofrecimiento de Dios es sorprendente: si los israelitas deciden mantenerse fieles a la alianza (y son libres para aceptarla o no) alcanzarán una condición única: ser pueblo de Dios. Esto conlleva un privilegio y al mismo tiempo una gran exigencia: ser santo como lo es Dios y cumplir su misión sacerdotal ante las naciones. El pueblo acepta.

La descripción de la teofanía evidencia la acción de Dios como señor de la naturaleza. Esta teofanía confirma a Moisés en su misión de profeta.

El texto de nuestros 10 mandamientos se ha plasmado a partir de Éxodo 20 y Deuteronomio 5,6-21. Hay códigos legales anteriores al Decálogo que aplican la casuística: si se comete tal cosa se recibe tal castigo. En el Decálogo la ley se vuelve apodíctica, sin condiciones.

El reconocimiento de un solo Dios distinguía a Israel de los demás pueblos del Próximo Oriente, que creían en una multitud de divinidades celestes. A esto se añade la prohibición de realizar imágenes de Dios mientras que los otros pueblos estaban acostumbrados a tener imágenes de las divinidades locales.

Parece que para los pueblos cercanos era habitual usar el nombre de Dios en maldiciones, fórmulas mágicas o como medio efectivo de defensa.

Los mandamientos del cuarto al décimo son elementos esenciales del derecho natural y se encuentran también en códigos legales anteriores. Pero la diferencia es que en estos la violación de esos preceptos constituye un crimen contra el prójimo, mientras que en este caso lo es contra Dios. Los mandamientos 9 y 10 redundan en el contenido de los mandamientos 6 y 7 respectivamente.

Dios informa a Moisés de lo que está aconteciendo en “tu” pueblo (toma ya distancia de él) y quiere aniquilarlo y forjarse otra nación. Moisés media recordando a Dios su honor y las promesas concedidas a Abraham.

Al bajar de la montaña Moisés no parece saber lo que sucede en el pueblo, señal de la presencia de tradiciones distintas en este texto. Moisés destruye las tablas, lo cual simboliza la ruptura de la alianza, y destruye a continuación el becerro haciendo que los culpables lo consuman. La imagen del toro era conocida por los israelitas a través de Apis (Egipto) y de Baal (Canaán).

COMENTARIO MISIONERO

Aparece una imagen de Dios con sentimientos muy humanos. Se enfada, quiere castigar y al mismo tiempo escucha a Moisés y se deja convencer por él. Esta imagen es sobre todo expresión de nuestras búsquedas de su rostro ¿Y si Dios no hace lo que queremos? ¿Y si cuando le pedimos una cosa eso no se cumple? Dejemos a Dios ser Dios y sigamos confiando en Él.

La infidelidad del pueblo es constante y la bondad y el perdón de Dios también. Recuerda mucho a la alianza de Dios hecha en Jesús: el pueblo no reconoce a Jesús y sin embargo el perdón de Dios sigue ofrecido. Y la paciencia de Dios: no se ha elegido el pueblo mejor, sino el más esclavizado y pequeño. Por eso aguanta y sigue educando a su pueblo.

Mandamientos. Somos libres a pesar de todo. Dios quiere hacer el bien con nosotros. Las cosas no son fáciles y la realidad es compleja. Los mandamientos, sobre todo los sociales, son el nivel básico de convivencia en cualquier sociedad. Lo específico en este caso es que están referidos a Dios y quien se los salta ofende a los demás y a Dios.

Mandamientos combinados con la libertad. Necesitamos leer estas prohibiciones desde Jesús, que amplia su significado: ya no basta con no hacer el mal, sino que se trata de hacer efectivamente el bien, y además, sabiendo de qué pie cojeamos, insiste en los mandamientos más sociales (como ante el joven rico).

“Entre el pobre y el rico, entre el fuerte y el débil, entre el poderoso y el humilde, es siempre la ley la que libera y es siempre la libertad la que oprime” (Lacordaire).

Paso de los mandamientos a las bienaventuranzas. Felicidad ahora, aquí. Sufrimiento integrado en un sentido y compartido, si no con otros al menos con Dios.

El becerro nos aleja de los valores humanos. Resulta un dios domesticado, que al final conlleva una decadencia moral.

Necesitamos algo tangible, visible, para creer. Sin imágenes, el pueblo se siente falto de algo que represente a Dios. El pueblo no tiene paciencia, no sabe esperar en la incertidumbre y enseguida se busca una protección, aunque sea fraudulenta y hechura de sus manos. Frase de la película “La duda”: saber vivir la incertidumbre une tanto como las seguridades. Precisamente por eso tenemos una suerte inmensa con Jesús, aunque nos desconcierte (y menos mal que nos desconcierta: que Dios sea Dios). Queremos escapar de una lectura fundamentalista en la interpretación de la ley. El misterio es el misterio. Lo que sabemos de Dios es la imagen que Jesús nos ha dado. Hemos aplicado a Dios toda omnipotencia.

Podemos buscar la presencia visible de Jesús en el sagrario, en los sacramentos, en la comunidad, en el pobre… Y al mismo tiempo nosotros con nuestro comportamiento poco auténtico podemos dar pie a ciertas personas para no creer porque lo que ven (o sea, nosotros) no es coherente con lo que decimos.

Montaña como teofanía, presencia de Dios.

¿Jesús vino para reparar el pecado (como si fuera el “plan B” de Dios) o para plenificar la vida en un proyecto establecido desde siempre? Discusión medieval que nosotros no vamos a resolver… pero nos atrae más la segunda posibilidad.

Estando con los pobres más nos enriquecemos, más humanos nos volvemos, más aprendemos de Dios.

Aarón falla en su responsabilidad, como nosotros (en su descargo hay que decir que la Biblia ofrece otra versión de los hechos, omitida para no alargar el texto, en que Aarón tiene menso responsabilidad en lo sucedido). Hemos visto prodigios y a la vez nos mostramos débiles y fallamos. Por ejemplo a los misioneros, como crítica constructiva, a veces nos dicen que hablamos de lo que hemos hecho en misión con mucho ego, poniéndonos como los protagonistas únicos.

Necesidad de la oración protesta, de expresar nuestra frustración a Dios. Cuántos salmos son gritos de desasosiego a Dios. Y no sabemos cómo, pero de alguna forma Dios responde. Jesús en la cruz también pide explicaciones y grita a Dios.

Al final el becerro será destruido y bebido por el pueblo, pero esa bebida es un castigo. En la eucaristía “bebemos” a Jesús para una mayor plenitud e identificándonos con su camino.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Lectura misionera de la Biblia. Moisés (2)

MISIÓN DE MOISÉS

TEXTO BÍBLICO (Éxodo 2,11-4,20)

Siendo ya un hombre, Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los penosos trabajos a que estaban sometidos. También vio que un egipcio maltrataba a un hebreo, a uno de sus hermanos. 12 Entonces dirigió una mirada a su alrededor, y como no divisó a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. 13 Al día siguiente regresó y encontró a dos hebreos que se estaban peleando. “¿Por qué golpeas a tu compañero?”, preguntó al agresor. 14 Pero este le respondió: “¿Quién te ha constituido jefe o árbitro nuestro? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?”. Moisés sintió temor y pensó: “Por lo visto, el asunto ha trascendido”.
15 En efecto, el Faraón se enteró de lo sucedido, y buscó a Moisés para matarlo. Pero este huyó del Faraón, y llegó al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.
16 El sacerdote de Madián tenía siete hijas. Ellas fueron a sacar agua para llenar los bebederos y dar de beber al rebaño de su padre. 17 De pronto llegaron unos pastores y las echaron. Moisés, poniéndose de pie, salió en defensa de ellas y dio de beber a sus ovejas. 18Cuando llegaron al lugar donde estaba Reuel, su padre, este les preguntó: “¿Por qué hoy habéis vuelto tan pronto?”. 19 “Un hombre, un egipcio, le explicaron ellas, nos libró de los pastores, nos sacó agua, y hasta dio de beber al rebaño”. 20“¿Dónde está ese hombre?”, preguntó él a sus hijas. “¿Por qué lo dejasteis allí? Invitadlo a comer”. 21Moisés accedió a quedarse en casa de aquel hombre, y este le dio como esposa a su hija Sipora. 22 Ella tuvo un hijo, y Moisés lo llamó Gersón, porque dijo: “Fui un emigrante en tierra extranjera”.
Pasó mucho tiempo y, mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el fondo de su esclavitud. 24Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Entonces dirigió su mirada hacia los israelitas y los tuvo en cuenta.
3 1 Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. 2 Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse, 3 Moisés pensó: “Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?”. 4 Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: “¡Moisés, Moisés!”. “Aquí estoy”, respondió él. 5Entonces Dios le dijo: “No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa”. 6 Luego siguió diciendo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.
El Señor dijo: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. 8 Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 9 El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. 10 Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”.
11 Pero Moisés dijo a Dios: “¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?”. “Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, daréis culto a Dios en esta montaña”.
13 Moisés dijo a Dios: “Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?”. 14 Dios dijo a Moisés: “Yo soy el que soy”. Luego añadió: “Tú hablarás así a los israelitas: ‘Yo soy’ me envió a vosotros” (…)
Pero Moisés respondió: “¿Y si se niegan a creerme, y en lugar de hacerme caso, me dicen: ‘No es cierto que el Señor se te ha aparecido’?”. 2 Entonces el Señor le preguntó: “¿Qué tienes en la mano?”. “Un bastón”, respondió Moisés. 3 “Arrójalo al suelo”, le ordenó el Señor. Y cuando lo arrojó al suelo, el bastón se convirtió en una serpiente. Moisés retrocedió atemorizado, 4 pero el Señor le volvió a decir: “Extiende tu mano y agárrala por la cola”. Así lo hizo, y cuando la tuvo en su mano, se transformó nuevamente en un bastón. 5 “Así deberás proceder, añadió el Señor, para que crean que el Señor, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, se te ha aparecido”.
6 Después el Señor siguió diciéndole: “Mete tu mano en el pecho”. Él puso su mano en el pecho; y al sacarla, estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve. 7 En seguida el Señor le ordenó: “Vuelve a poner tu mano en el pecho”. Así lo hizo Moisés; y cuando la retiró, ya había recuperado nuevamente su color natural. 8 Entonces el Señor le dijo: “Si se niegan a creerte y no se convencen ante la evidencia del primer prodigio, el segundo los convencerá. 9 Y si a pesar de estos dos prodigios permanecen incrédulos y no te escuchan, saca del Nilo un poco de agua y derrámala en la tierra; y al caer en la tierra, el agua que saques del Nilo se convertirá en sangre”.
Moisés dijo al Señor: “Perdóname, Señor, pero yo nunca he sido una persona elocuente: ni antes, ni a partir del momento en que tú me hablaste. Yo soy torpe para hablar y me expreso con dificultad”. 11 El Señor le respondió: “¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo, capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? 12 Ahora ve: yo te asistiré siempre que hables y te indicaré lo que debes decir”. 13 Pero Moisés insistió: “Perdóname, Señor, encomienda a otro esta misión”. 14 El Señor se enojó con Moisés y exclamó: “¿Acaso no tienes a tu hermano Aarón, el levita? Yo sé que él tiene facilidad de palabra. Ahora justamente viene a tu encuentro, y al verte se llenará de alegría. 15 Tú le hablarás y harás que sea tu portavoz. Yo os asistiré siempre que habléis, y os indicaré lo que debéis hacer. 16 Él hablará al pueblo en tu nombre; será tu portavoz y tú serás un dios para él. 17 Lleva también en tu mano este bastón, porque con él realizarás los prodigios”.
18 Luego Moisés se alejó de allí y al regresar a la casa de Jetró, su suegro, le dijo: “Permíteme volver a Egipto, donde están mis hermanos. Quiero ver si viven todavía”. Jetró le respondió: “Puedes ir en paz”.
El Señor dijo a Moisés en Madián: “Regresa a Egipto, porque ya han muerto todos los que querían matarte”. 20 Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los hizo montar en un asno, y emprendió el camino de regreso a Egipto. En su mano llevaba el bastón de Dios.

COMENTARIO BÍBLICO

A pesar de su privilegiada situación en la corte, Moisés no olvidaba su condición racial y se dispuso a tomar venganza del opresor de su pueblo. La actitud de su compatriota hebreo demuestra hasta qué punto había llegado el desaliento de los israelitas por culpa de la opresión.

No sabemos con certeza la localización de los madianitas, aunque en general se les sitúa en la península del Sinaí. Se trata de un pueblo semita, de beduinos. También entre ellos Moisés defiende la causa de los oprimidos ahuyentando a los pastores que abusaban de las hijas de Reuel.

El protector y suegro de Moisés recibe en este texto dos nombres: Reuel y Jetró. Puede que Reuel sea el nombre de su clan y Jetró su nombre real.

Aunque Moisés pasó mucho tiempo con los madianitas, el nombre que da a su hijo significa “extraño aquí”, lo que demuestra que no se sentía como uno más entre ellos.

El monarca egipcio cuya muerte se anuncia en el texto sería Seti I, en el año 1290 a.C. Como es típico entre los pueblos del Próximo Oriente, las naciones sometidas aprovechan la ocasión de la muerte del monarca impopular como signo de rebelión. Según esto, podemos estar seguros de que los hebreos esclavizados habían llegado a un punto en que bastaba que alguien tomase la dirección para liberarlos de su yugo. Además, el nuevo faraón no tardaría en revelarse como un constructor mucho más enérgico que su predecesor.

Horeb es el nombre que se da aquí al monte Sinaí.

El ángel del Señor puede ser Dios mismo o un ángel suyo.

El origen de la Biblia se sitúa en esta tradición oral de la manifestación de Dios a Moisés. Como un teólogo ha dicho, “de Dios se supo a raíz de un conflicto laboral”, y en ese conflicto Dios se sitúa al lado de los oprimidos.

Dios dice a Moisés “yo estaré contigo”, fórmula que aparece aquí por primera vez y se repetirá en la llamada a jueces, a profetas e incluso en la misión de los apóstoles.

En respuesta a la pregunta de Moisés por su nombre, Dios responde esa fórmula enigmática, “yo soy el que soy”, que es el origen del título divino Yahvé. Se puede interpretar como “el que hace ser” o como una negativa a revelar su nombre, ya que entre los antiguos semitas se suponía que quien conocía un nombre tenía poder sobre el ser que lo llevaba, con lo cual Dios no da su nombre a la persona y reafirma su diferencia trascendente. Por reverencia al nombre Yahvé se empezó a usar el de Adonay (“Señor mío”). En griego Yahvé se tradujo como Kyrios y en latín como Dominus. La forma “Jehová” resulta de una lectura errónea y no es justificable su uso.

El Dios que se revela a Moisés es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, insistencia esta que manifiesta que no se trata de un nuevo Dios.

Dios expone a Moisés su misión: sacar a los israelitas de Egipto, sabiendo que el faraón se opondrá y que Dios hará prodigios en su favor.

Moisés duda por la recepción que le dispensará su pueblo, a lo que Dios responde con unos signos físicos como garantía de la protección divina, y también duda de su idoneidad para liderar al pueblo (torpeza al hablar). Dios le asigna como portavoz (literalmente, “su boca”) a su hermano Aarón, que se limitará a comunicar el mensaje que le dé Moisés o Dios mismo. Al final Moisés ruega a Dios que se busque a otro, pero su ruego no será escuchado.

Con la bendición de su suegro Jetró, Moisés retorna a Egipto con su mujer y sus hijos.

COMENTARIO MISIONERO

Texto misionero de principio a fin: Moisés sale de su situación privilegiada y ve la realidad, que es de opresión para su pueblo. Y en esa opresión encuentra a Dios, porque Dios está con los necesitados, con los oprimidos. En la Iglesia participan no los buenos, sino los necesitados.

El primer camino de Moisés es el de la violencia que no conduce a nada. Y huye. Pero se trata de cambiar las cosas desde dentro: huyendo no se va a ninguna parte. A veces tomamos caminos equivocados, como Moisés al inicio. También gritamos. Dios escucha y reacciona. Y Dios le quiere por otros caminos y métodos. Moisés pasa de la violencia al liderazgo, con una motivación extra: la fuerza de Dios que ha elegido ese pueblo. Se trata de cambiar las cosas desde dentro: huyendo no se va a ninguna parte. Eso sí, ser profeta en la propia tierra es difícil. Es más fácil irse fuera que ser significativo en el propio ambiente.

Moisés es alguien bien preparado (como lo será San Pablo), con una formación sólida y con conciencia de la justicia (se ve cuando defiende al hebreo y a las hijas de Jetró). Son personas que son puente entre culturas y a la vez no pierden su identidad: en el caso de Moisés, a pesar de la educación egipcia y de vivir entre madianitas no olvida que es hebreo. Lo que además conoce bien son sus límites, y por eso le surgen dudas. Además, sabe que encontrará dificultades tanto dentro como fuera de su pueblo. Tiene miedo y pide pruebas. A Moisés le cuesta decidirse y aceptar la voluntad de Dios. El largo diálogo con Dios va a ser clarificador, pero en última instancia Moisés está obligado a decidir sin terminar de ver claro.

Moisés hace el balance entre sus límites y la fuerza de Dios, y en su debilidad Dios va a manifestar su fuerza. “Cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Ni los egipcios (opresión), ni los hebreos (peleas entre ellos), ni los madianitas (los pastores utilizan la fuerza contra las hijas de Jetró) son el mundo justo ideal. Lo que construimos los humanos no es justo. Ha pasado y seguirá pasando. El llamado “Primer Mundo” se ha forjado así, pisoteando a otros. Hay otros países que están en crisis desde siempre. Precisamente por eso hay que moverse. De hecho el Éxodo es un libro de esperanza: donde parece no haber caminos surgirán, y esos caminos conducen a la liberación.

Los conflictos laborales están a la orden del día. Al final el gran conflicto es entre los que tienen el poder y el pueblo. Dios se manifiesta ahí liberando a los oprimidos de su esclavitud y a los opresores de la opresión que ejercen. Conflicto laboral actual por la crisis: los grandes medios nos han convencido de la necesidad de ajustes, y nos los tragamos. Los mismos obreros renuncian a derechos laborales que ha costado años conseguir, invocando la “solidaridad”.

Necesidad de un cambio de paradigma global: no se trata de dar la vuelta a la tortilla, sino de un cambio de mentalidad.
Moisés hará todo el camino por el desierto hasta ver la Tierra Prometida, pero no entrará en ella. Parece una injusticia, pero en ese tiempo Moisés va a descubrir que su tierra prometida es Dios.

¿Y yo? Todo esto parecen historias para otros, pero cada uno de nosotros tiene Dios una misión. Eso sí, nos montamos excusas cuando nos sabemos llamados.

¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos? Pero hay otra pregunta aún mejor: ¿Qué hijos vamos a dejar a nuestro mundo? Vemos a los jóvenes de hoy, que son el futuro, y no nos dan mucho entusiasmo. Y sin embargo, no vemos la situación sin salida: hay esperanza en que algo nuevo surgirá. La crisis se vuelve oportunidad.

martes, 22 de mayo de 2012

Lectura misionera de la Biblia, Moisés (5)

COMIDA Y BEBIDA EN EL DESIERTO

TEXTO BÍBLICO (ÉXODO 16,2-5.9-35.17,1-7)


En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. 3“Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea”.
4 Entonces el Señor dijo a Moisés: “Yo haré caer pan desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. 5 El sexto día de la semana, cuando preparen lo que hayan juntado, tendrán el doble de lo que recojan cada día”.
Moisés dijo a Aarón: “Da esta orden a toda la comunidad de los israelitas: Presentaos ante el Señor, porque él ha escuchado vuestras protestas”. 10 Mientras Aarón les estaba hablando, ellos volvieron su mirada hacia el desierto, y la gloria del Señor se apareció en la nube. 11Y el Señor dijo a Moisés: 12 “Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: ‘A la hora del crepúsculo vosotros comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan. Así sabréis que yo, el Señor, soy vuestro Dios’”. 13Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. 14 Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. 15Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esto?”. Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: “Este es el pan que el Señor os ha dado como alimento. 16 El Señor os manda que cada uno recoja lo que necesita para comer, según la cantidad de miembros que tenga cada familia, a razón de unos cuatro litros por persona; y que cada uno junte para todos los que viven en su carpa”. 17 Así lo hicieron los israelitas, y mientras unos juntaron mucho, otros juntaron poco. 18 Pero cuando lo midieron, ni los que habían recogido mucho tenían más, ni los que habían recogido poco tenían menos. Cada uno tenía lo necesario para su sustento.
19 Además, Moisés les advirtió: “Que nadie reserve nada para el día siguiente”. 20 Algunos no le hicieron caso y reservaron una parte; pero esta se llenó de gusanos y produjo un olor nauseabundo. Moisés se irritó contra ellos, 21 y a partir de entonces, lo recogían todas las mañanas, cada uno de acuerdo con sus necesidades; y cuando el sol empezaba a calentar, se derretía.
22 Como la ración de alimento que recogieron el sexto día de la semana resultó ser el doble de la habitual –dos medidas de cuatro litros por persona– todos los jefes de la comunidad fueron a informar a Moisés. 23 Él les dijo: “El Señor dice lo siguiente: Mañana es sábado, día de descanso consagrado al Señor. Cocinad al horno o haced hervir la cantidad que queráis, y el resto guardadlo para mañana”. 24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, como Moisés les había ordenado; pero esta vez no dio mal olor ni se llenó de gusanos. 25Entonces Moisés les dijo: “Hoy tendréis esto para comer, porque este es un día de descanso en honor del Señor, y en el campo no encontraréis nada. 26 Lo recogeréis durante seis días, pero el séptimo día, el sábado, no habrá nada”. 27 A pesar de esta advertencia, algunos salieron a recogerlo el séptimo día, pero no lo encontraron. 28El Señor dijo a Moisés: “¿Hasta cuando se resistirán a observar mis mandamientos y mis leyes? 29 El Señor les ha impuesto el sábado, y por eso el sexto día les duplica la ración. Que el séptimo día todos permanezcan en su sitio y nadie se mueva del lugar donde está”. 30Y el séptimo día, el pueblo descansó.
31 La casa de Israel llamó “maná” a ese alimento. Era blanco como la semilla de cilantro y tenía un gusto semejante al de las tortas amasadas con miel.
32 Después Moisés dijo: “El Señor ordena lo siguiente: Llenad de maná un recipiente de unos cuatro litros, y conservadlo para que vuestros descendientes vean el alimento que os di de comer cuando os hice salir de Egipto”. 33 Y Moisés dijo a Aarón: “Toma un recipiente, coloca en él unos cuatro litros de maná y deposítalo delante del Señor, a fin de conservarlo para las generaciones futuras”. 34 Aarón puso en el recipiente la cantidad de maná que el Señor había ordenado a Moisés, y lo depositó delante del Arca del Testimonio, a fin de que se conservara.
35 Los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a una región habitada. Así se alimentaron hasta su llegada a los límites de Canaán.
17 1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidím, el pueblo no tenía agua para beber. 2 Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: “Danos agua para que podamos beber”. Moisés les respondió: “¿Por qué me acusáis? ¿Por qué provocáis al Señor?”. 3 Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”.
4 Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. 5 El Señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, 6porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.
7 Aquel lugar recibió el nombre de Masá –que significa “Provocación”– y de Meribá –que significa “Querella”– a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”.

COMENTARIO BÍBLICO

La murmuración del pueblo en el desierto es un motivo que aparece constantemente en el éxodo.

El relato de las codornices es más antiguo que el del maná, pero ambos relatos han confluido en uno solo y de ahí algunas contradicciones. Una posible explicación es que se han fundido relatos de dos grupos distintos. Ambos alimentos se explican fácilmente por fenómenos naturales, pero en épocas y lugares distintos: el maná es una secreción de la planta del tamarisco al ser picada por dos especies de insectos. Esa sustancia gotea desde las hojas de la planta hasta el suelo y por el fresco nocturno se solidifica, pero tiene que recogerse muy pronto (antes de que el sol la derrita, a las 8,30) porque su punto de fusión está a 22º. Para los beduinos que viven por la zona sigue siendo considerada una golosina. Este fenómeno acaece en la parte central de la península del Sinaí entre los meses de mayo y junio. Y las codornices emigran anualmente hacia el sur en los meses de septiembre y octubre (y de vuelta en mayo-junio). Sus largos vuelos sobre el agua las obligan a aterrizar exhaustas en las costas de la península del Sinaí.

La palabra maná proviene de la palabra usada en la Biblia de los LXX (traducción al griego) donde se escribía “manna”. La etimología popular, que la misma Biblia recoge, afirma que esa palabra viene del hebreo “man hu”, que significa: “¿Qué es esto?”

Una tradición más reciente insertada también en el relato insiste en el descanso sabático con esa recogida de una cantidad doble de maná para no recogerlo al día siguiente.

En los versículos 32-34 aparece la dimensión conmemorativa del maná, recordando a las generaciones sucesivas el especial cuidado de Dios con su pueblo. El evangelio relacionará el maná con el pan de vida y la eucaristía.

Una nueva murmuración del pueblo es debida a la falta de agua. También aquí esos dos lugares (Meribá y Masá, este último introducido después) parecen designar dos sucesos distintos unificados en un único relato, porque ambos son comentados por separado en Ex 15,22-27 y Nm 20,2-13.

Una tradición rabínica forjó la leyenda de que aquella roca acompañó a los hebreos por el desierto. A partir del relato bíblico y de la leyenda San Pablo dice: “Todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo” (1 Cor 10,3-4).

COMENTARIO MISIONERO

Entre nosotros hay quien ha hecho una pequeña experiencia en el desierto y nos comparte que en el desierto se echan en falta muchas cosas. Por definición, el desierto es lugar de carencias. Como en la misión, donde también faltan cosas con las que aquí contamos. Agua y pan son necesidades básicas (no son las únicas porque también necesitamos amor), y con falta de comida una de dos: o nos volvemos como animales o empatizamos con los otros y nos unimos más. En las situaciones límite sale lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Para Dios es importante educarnos a ser pueblo y a caminar como comunidad.

El pueblo en el desierto está siempre quejándose, echando la culpa de los contratiempos a Moisés y a Dios y con una actitud muy pasiva, exigiendo que sean ellos quienes les saquen de los problemas. Ya no están los enemigos para echarles la culpa. Solo queda Dios y el pueblo. Moisés tiene una responsabilidad que asumió. Que la ejerza. Y lo mismo Dios: asume que ese es su pueblo. Dios tiene su método: no les deja morir, pero tampoco les da todo hecho. “Confía como si todo dependiera de Dios y actúa como si todo dependiera de ti”.

Esa actitud pasiva y de crítica constante del pueblo choca con la que Jesús propone en el evangelio: “Mirad los lirios del campo… No os preocupéis por el mañana…” Cuando hay vocación y el Espíritu empuja se le da sentido a todo, pero cuando no es así se protesta por cualquier carencia.

Cuando encontramos problemas en el presente tendemos a idealizar el pasado, aunque como en el caso de la Biblia ese pasado sea de esclavitud. Parece que esa esclavitud era más bien una situación de aparcería, pero aún así seguro que no comían tanta carne como sueñan… Somos nostálgicos por naturaleza: “Cualquier tiempo pasado fue mejor…” Y si el pueblo hubiese vuelto a Egipto habría echado en falta la libertad. El camino de la libertad sigue, no basta con estar fuera de la opresión.

Búsqueda de atajos para obviar a Dios. Recoger más maná, aunque se pudra. Ambición, que consiste en menospreciar el regalo de Dios y subrayar la posesión. El maná no se puede acumular y cada cual tiene lo que necesita, ni más ni menos, lo que resulta muy actual y un modelo de vida para nuestro mundo de hoy. Tenemos la tendencia a buscar seguridades y a ser individualistas.

El memorial, recuerdo para las próximas generaciones. Bonito que quede memoria de la bondad de Dios, porque tendemos a olvidarla. Vemos un paralelismo claro con la eucaristía. Eucaristía impregnada de la entrega de Jesús y de la entrega de tantos. Conmemoración con lo que comieron los antepasados. Acción de gracias por la Providencia de Dios. Somos poco agradecidos con Dios. Dios da (y se da) pero no se lo agradecemos y solo exigimos. En la Biblia la causa última de todo es Dios. Problema del mal y del dolor en el mundo. Dios no quiere el mal. A veces situaciones terribles que nos han sucedido, leídas con el tiempo, llegamos a verlas como momentos de gracia y lecciones de la Providencia de Dios. Dios es fidelidad.

No hace falta pasar por pruebas de fuego para recibir la gracia de Dios, porque si es gracia no depende de nuestros méritos. Pero es verdad que esas situaciones límite nos despiertan.

lunes, 26 de marzo de 2012

Lectura misionera de la Biblia, Moisés (4) Pascua y paso del mar

TEXTO BÍBLICO (Éxodo 12,1-14.31-33.14,5-15,2)

12 1 Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:
2 Este mes será para vosotros el mes inicial, el primero de los meses del año. 3Decid a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consiga cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. 4 Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tened en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente. 5Elegid un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. 6 Deberéis guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. 7 Después tomaréis un poco de su sangre y marcaréis con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo comáis. 8 Y esa misma noche comeréis la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas. 9 No la comeréis cruda ni hervida, sino asada al fuego; comeréis también la cabeza, las patas y las entrañas. 10 No dejaréis nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemaréis al amanecer. 11Deberéis comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comeréis rápidamente: es la Pascua del Señor.
12 Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. 13 La sangre os servirá de señal para indicar las casas donde estáis. Al verla, yo pasaré de largo, y así os libraréis del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.14Este será para vosotros un día memorable y deberéis solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebraréis a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

31 Esa misma noche, el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: “Salid inmediatamente de en medio de mi pueblo, vosotros y todos los israelitas, y marchad a dar culto al Señor, como lo habéis pedido. 32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, puesto que así lo queréis, y marchaos. Implorad una bendición también para mí”. 33 Los egipcios, por su parte, urgían al pueblo para obligarlo a salir del país lo antes posible, porque decían: “De lo contrario, todos moriremos”.

145 Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: “¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios”.
6 Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. 7Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. 8 El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. 9 Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar.
10 Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. 11 Y dijeron a Moisés: “¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? 12 Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: ‘¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto’”. 13 Moisés respondió al pueblo: “¡No temáis! Manteneos firmes, porque hoy mismo vais a ver lo que hará el Señor para salvaros. A esos egipcios que estáis viendo hoy, nunca más los volveréis a ver. 14 El Señor combatirá por vosotros, sin que tengáis que preocuparos por nada”.
15 Después el Señor dijo a Moisés: “¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. 16 Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 17 Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18 Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”.
19 El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, 20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 22y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 23 Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 24 Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. 25 Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.
26 El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. 27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. 28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 29 Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
30 Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, 31 y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
15 1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:
“Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
2 El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó.

COMENTARIO BÍBLICO

Hay discusión sobre lo que la palabra hebrea pesah (de ahí viene nuestra “Pascua”) significa: aplacar, golpe… En la lectura popular de la Biblia se le da el sentido de “salto”, porque Dios va a “pasar de largo” antes las casas marcadas con sangre.

En el relato bíblico y en el marco del gran acontecimiento de la liberación del pueblo de Dios confluyen dos fiestas muy antiguas, anteriores a la salida de Egipto. Por una parte, la pascua era una fiesta nómada de primavera en donde lo importante era la sangre, que aseguraba la fecundidad de los rebaños y que untada en los piquetes de las tiendas ahuyentaba a las potencias hostiles. Por otra parte, la fiesta del pan sin levadura tiene origen agrícola cananeo y señalaba el comienzo de la recolección de la cebada. Durante siete días se comía pan sin levadura y se ofrecían los primeros frutos de la cosecha.

El capítulo 12 da detalles para la celebración de la fiesta según el sentido y la mentalidad judía.

La muerte de los primogénitos (10ª plaga) se cree que históricamente pudo ser una peste. Los egipcios se apresuran a autorizar la salida de los hebreos y les dan oro, plata y ropas como signo de reconocimiento del poder del Dios que les guía.

No hay unanimidad entre los autores sobre el camino recorrido por los hebreos en su éxodo porque las indicaciones de lugares son imprecisas. Lo que sí parece claro es que dan un rodeo para evitar los caminos más cortos y más frecuentados pero a la vez más llenos de soldados.

La mención del Mar Rojo es una traducción errónea. La expresión bíblica traducida literalmente significa “mar de las cañas”. Textos antiguos indican que había dos concentraciones de agua cerca de la ciudad de Ramsés: el “agua de Horus” y el “pantano de los papiros”, que probablemente sea el que nos interesa. No sabemos su localización exacta.

Tampoco hay unanimidad en el cálculo de personas que salieron de Egipto. En la traducción bíblica dice que fueron 600.000 hombres (sumados a sus mujeres e hijos, unos 3 millones, lo que evidentemente es una exageración).

Los israelitas permanecieron 430 años en Egipto según la Biblia, lo que podría ser verosímil, y entonces la fecha del éxodo podría situarse en el 1290 a.C., poco después de la subida al trono de Ramsés II.

Todas las fuentes coinciden en el hecho histórico fundamental de la liberación de Israel, pero en la Biblia junto a los elementos básicos aparecen muchos “adornos” (la muralla formada por las aguas a derecha e izquierda, por ejemplo). Los autores modernos están generalmente de acuerdo en que la providencia divina se sirvió de una serie de fenómenos naturales.

Se cree que el relato del Éxodo fue utilizado originariamente como narración cultual destinada a ser leída durante la liturgia de la Pascua. Como la finalidad de esa liturgia era glorificar a Dios se entiende que se subraye su intervención.

Los egipcios cambian de actitud ante los hebreos porque su partida supone una grave pérdida. La muerte de todos los egipcios que persiguen a los hebreos parece más bien un recurso literario épico.

El episodio del mar de las Cañas intenta hacer consciente al pueblo de la especial intervención divina en su favor y por eso este paso del mar será recordado muchas veces a lo largo de la Biblia.

El canto en honor del Señor está datado en el siglo XIII y es, junto al canto de Débora (Jueces 5) el ejemplo más antiguo de la poesía hebrea.

COMENTARIO MISIONERO

Ante todo nos horroriza en este texto esa imagen de un Dios que mata. Y menos mal que esta imagen nos horroriza, porque también le horrorizaba a Jesús, a partir de quien leemos toda la Biblia. Nos dan miedo los fanatismos religiosos porque separan y porque no se detienen ante el uso de medios violentos. Hay un peligro para todo pueblo que se siente elegido y es el de excluir a los demás. Reconocemos que nosotros cristianos también tenemos nuestros fanáticos. Recientemente en nuestro vídeo fórum hemos proyectado la película “De dioses y hombres”, perfecto ejemplo de cómo la religión puede ser un vínculo de unión, de convivencia, de construcción de una sociedad armónica. La guerra en nombre de Dios es un sinsentido.

Estamos a las puertas de la Semana Santa y estos pasajes van a cobrar doble valor en este contexto. La muerte de los primogénitos “la celebraremos como institución perpetua”, y de hecho lo hacemos con la muerte del Primogénito, Jesús, quien existía antes de todo y en quien todo fue creado, y además el primero en nacer de la muerte. Tanto en la escena de los primogénitos como en el paso del mar Dios es responsable de la muerte de los egipcios. Ese Dios que mata pasa a ser el Dios que es matado en la cruz. Y ese pueblo oprimido que aparece tan pacífico y noviolento, incluido Moisés que no vuelve a su inicial práctica violenta, pedirá a gritos la muerte de Jesús.

Dios tiende a salvar a todos y está con todos, pero tiene sus preferidos: por una parte, los pobres y los humildes (los hebreos son elegidos por ser un pueblo esclavo y pequeño y que aparece desarmado); por otra parte, los perdidos (conocemos personas que desde su sufrimiento se están acercando a Dios); y añadimos también a los que se ponen en camino y arriesgan. Precisamente porque este pueblo se pone en marcha descubre el favor de Dios que le abre puertas donde no las había. Como dijo alguien, “las puertas del misterio se abren desde dentro”. A ellos las cosas les salen bien y creen más ¿Y cuando el éxito no acompaña nuestras empresas y todo nos salen mal? Dios no nos garantiza el éxito (“dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia”, parece que tendría que ser “dichosos los que logran la justicia”…). Ante las dificultades, ¿nuestra fe se hunde y nos entra el pánico? La respuesta de Dios seguro que es la de la Biblia: “¿Por qué esos gritos?”

Sí, Dios tiende a salvar a todos, y a partir de ahí nos corresponde a nosotros elegir dónde queremos estar y al lado de quién ponernos cuando surgen conflictos (por ejemplo la inminente huelga general).

Nuestra mayor riqueza es creer, es la fe. De hecho, el pueblo egipcio cuando ve el poder de Dios reconoce su grandeza y deja salir a los hebreos, pero cuando vuelve la mirada al aspecto material y se da cuenta de la pérdida que esa salida supone cambia de opinión. Nos complicamos la vida sobre lo que Dios quiere de nosotros. A veces sabemos muy bien el camino que Dios quiere para nosotros, pero nos entra miedo…

Dios entiende del mundo y de la historia, alienta y promueve los valores humanos. Jesús lleva esos valores a su plenitud. Podemos y debemos colaborar por un mundo mejor con personas de otros credos o declarados no creyentes. La diferencia es que nosotros tenemos esperanza y podemos sustentar esa búsqueda de un mundo mejor en Dios. Importancia del testimonio, de la alegría: Dios combate con nosotros, no nos preocupemos de nada.

lunes, 5 de marzo de 2012

LECTURA MISIONERA DE LA BIBLIA, MOISÉS 3

TEXTO BÍBLICO (Éxodo, 5,1-6,1)

5 1 Inmediatamente, Moisés y Aarón fueron a decir al Faraón: “Así habla el Señor, el Dios de Israel: Deja partir a mi pueblo, para que celebre en el desierto una fiesta en mi honor”. 2 Pero el Faraón respondió: “¿Y quien es el Señor para que yo le obedezca dejando partir a Israel? Yo no conozco al Señor y no dejaré partir a Israel”. 3 Ellos dijeron: “El Dios de los hebreos vino a nuestro encuentro, y ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios. De lo contrario él nos castigará con la peste o la espada”. 4 El rey de Egipto les respondió: “¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, os empeñáis en apartar al pueblo de sus tareas? Volved al trabajo que os ha sido impuesto”. 5 Él pensaba así: “Ellos son ahora más numerosos que los nativos del país, ¿y todavía debo tolerarles que interrumpan sus trabajos?”.

6 Ese mismo día, el Faraón dio a los capataces y a los inspectores del pueblo las siguientes instrucciones: 7 “No sigáis entregando a esa gente la paja para hacer los ladrillos, como lo habéis hecho hasta ahora. Que vayan a juntarla ellos mismos. 8 Pero exigidles la misma cantidad de ladrillos que fabricaban antes, sin descontarles ni uno solo, porque son unos holgazanes. Por eso gritan: ‘¡Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!’. 9 Hacedlos trabajar más duramente y que estén siempre ocupados; así no prestarán atención a esas patrañas”.

10 En seguida salieron los capataces del pueblo, junto con los inspectores, y dijeron a la multitud: “Así habla el Faraón: ‘De ahora en adelante no os daremos más paja. 11 Id vosotros mismos y traedla de donde podáis. Pero el rendimiento no deberá disminuir en lo más mínimo’”. 12 Entonces el pueblo se dispersó por todo el territorio de Egipto para recoger los rastrojos, y abastecerse así de paja. 13 Los capataces, por su parte, los apremiaban diciendo: “Terminad el trabajo que se os fijó para cada día, como lo hacíais cuando os dábamos la paja”. 14 Y los capataces del Faraón golpearon a los inspectores israelitas que ellos habían designado, diciendo: “¿Por qué ayer y hoy no habéis completado la cantidad establecida de ladrillos, como lo veníais haciendo hasta ahora?”.

15 Los inspectores de los israelitas fueron a quejarse al Faraón, diciendo: “¿Por qué tratas así a tus servidores? 16 No nos dan paja, no cesan de decirnos que hagamos ladrillos, y encima nos golpean. Y tú tienes la culpa”. 17 Pero el Faraón respondió: “Vosotros sois unos holgazanes, sí, unos perfectos holgazanes. Por eso andáis diciendo: ‘Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios’. 18 Ahora id a trabajar. Y no sólo no os darán más paja, sino que deberéis entregar la misma cantidad de ladrillos”.

19 Cuando les anunciaron que no debían disminuir la producción de ladrillos establecida para cada día, los inspectores israelitas se vieron en un grave aprieto. 20 Y al encontrarse con Moisés y Aarón que los estaban esperando a la salida, 21 les dijeron: “Que el Señor fije su mirada en vosotros y juzgue. Porque nos habéis hecho odiosos al Faraón y a sus servidores, y habéis puesto en sus manos una espada para que nos maten”.

22 Moisés se volvió al Señor, diciendo: “Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para esto me has enviado? 23 Desde que me presenté ante el Faraón para hablarle en tu nombre, él no ha cesado de maltratar a este pueblo, y tú no haces nada para librar a tu pueblo”.

6 1 El Señor le respondió: “¡Ahora verás lo que haré al Faraón! Tendrá que dejarlos partir por la fuerza, e incluso, se verá obligado a expulsarlos de su país”.

COMENTARIO BÍBLICO

Los antiguos escritores hebreos solían prescindir de las causas segundas para atribuir todo a la causa primera: Dios. Pero su interés por salvaguardar de este modo la influencia de Yahvé y el ejercicio de su providencia nunca los llevó a olvidar la responsabilidad humana y su culpabilidad por el pecado. Por eso se alude a la dureza de corazón del faraón. El punto principal en la mente del monarca es la ejecución de los grandes proyectos arquitectónicos. La simple idea de que esta preciosa mano de obra quede en libertad para adorar a su Dios como guste es una afrenta para sus propios planes. En consecuencia, a su ya pesado trabajo añade la tarea de recoger la paja necesaria para dar consistencia a sus ladrillos. La orgullosa actitud del faraón pone en crudo relieve el drama: el desconocido Yahvé le va despojando de los atavíos de su gloria.

Los capataces eran probablemente los funcionarios egipcios encargados de las obras de construcción. En el trato con las personas sometidas, los dominadores solían utilizar a sus líderes más destacados como vigilantes. Ante la nueva dificultad, estos vigilantes piden al faraón una consideración más equitativa de la situación. El faraón les dice que lo que ha deteriorado sus condiciones laborales ha sido la petición de Moisés y Aarón. Por primera vez después de su designación Moisés experimenta la cólera de su pueblo, circunstancia que será para él una nota constante en el proceso de liberación. Inexplicablemente atrapado entre el mandato divino y la angustia de su pueblo, pide ayuda a Yahvé. Una vez más se le promete que el poder del Dios de Israel doblegará al faraón ante su voluntad.

Enumeramos a continuación las 10 plagas que asolaron Egipto: 1ª) el agua se convierte en sangre; 2ª) las ranas; 3ª) los mosquitos; 4ª) los tábanos; 5ª) la muerte del ganado; 6ª) las úlceras; 7ª) la granizada; 8ª) las langostas; 9ª) las tinieblas; 10ª) la muerte de los primogénitos.

Ante de la última de las plagas, definitiva para que el faraón permita la salida de los israelitas, se produce la institución de la Pascua que será el texto de nuestro próximo encuentro.

COMENTARIO MISIONERO

Este texto resulta muy actual con la crisis y la reforma laboral. En España cada vez hay menos clase media y la dinámica es que los ricos son cada vez más ricos (el gasto en lujo aumentó en 2011) y los pobres son cada vez más numerosos. Incluso los mismos trabajadores son quienes están renunciando a derechos laborales con tal de tener trabajo. Hay miedo entre los trabajadores y de eso se aprovechan los grandes empresarios.

“No se trabaja porque no se quiere”. En el texto también se acusa a los trabajadores de holgazanes, aunque se sabe que sus circunstancias laborales han empeorado. Lo que importa son los resultados, aunque a quien trabaja se le esté exigiendo cada vez más. También es algo actual: SEAT ha reducido plantilla este año alegando pérdidas económicas, y sin embargo esa empresa llevaba 20 años seguidos de ganancias ¿Dónde ha ido a parar ese dinero de tantos años de ganancias si no sirve para colmar el “agujero” de un solo año de pérdidas?

A quien trabaja se le exige más. Y sin embargo es también necesario el tiempo de esparcimiento, el tiempo con la familia… Incluso las grandes empresas crean espacios de alojamientos solo para sus empleados, que pasan todos los momentos de su vida (trabajo, vida familiar, ocio…) en ambientes de la misma empresa.

Estrategia de la “diversión”, del mantenernos ocupados con noticias o programas de televisión banales para ocultarnos así lo más importante. Hay una dinámica en que, viendo un partido de baloncesto, se nos insinúa que es muy importante contar cuántos pases da uno de los equipos, y mientras estamos atentos a ese dato aparece en la cancha un hombre disfrazado de gorila entra en ella, saluda a la cámara… Al final del experimento la mayoría de las personas no han visto al gorila porque estaban solo atentos a la consigna inicial. Conclusión; nos hacen ver lo que quieren.

En el texto, los israelitas buscan un culpable ante su situación cada vez más penosa, primero culpan al faraón y luego a Moisés.

Con los inmigrantes nos pasa como a los egipcios con los israelitas: tememos que sean muchos, más que nosotros. Pero en realidad nuestra economía necesita 155.000 inmigrantes al año entre 20 y 40 años para mantener la pirámide de población (y con ello las pensiones) y aumentar la natalidad.

Con el tema de la tecnología actual y el coltán pasa como con los egipcios: se tarta de las nuevas esclavitudes de las que somos cómplices sin quererlo.

Tenemos esperanza en un mundo mejor. Sabemos que el mal hace más ruido que el bien (un proverbio dice que un árbol al caer hace más ruido que un bosque que crece), y aunque caminamos hacia ese mudo mejor no van a faltar tensiones.

domingo, 11 de diciembre de 2011

LECTURA MISIONERA DE LA BIBLIA, MOISÉS (1)

TEXTO BÍBLICO (Éxodo 1,8-2,10)

8 Asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José. 9 Él dijo a su pueblo: “El pueblo de los israelitas es más numeroso y fuerte que nosotros. 10 Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país”. 11 Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las ciudades de almacenamiento de Pitóm y Ramsés. 12 Pero a medida que aumentaba la opresión, más se multiplicaba y más se expandía. Esto hizo que la presencia de los israelitas se convirtiera en un motivo de inquietud.

Por eso, los egipcios redujeron a los israelitas a la condición de esclavos, 14 y les hicieron insoportable la vida, forzándolos a realizar trabajos extenuantes: la preparación de la arcilla, la fabricación de ladrillos y toda clase de tareas agrícolas.

15 Además, el rey de Egipto se dirigió a las parteras de las mujeres hebreas –una de ellas se llamaba Sifrá y la otra Puá– 16 y les ordenó: “Cuando asistan durante el parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es un varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir”. 17 Pero las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los varones. 18 El rey las mandó llamar y les preguntó: “¿Por qué han obrado así y han dejado con vida a los varones?”. 19 Ellas le respondieron: “Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias: tienen mucha vitalidad, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz”. 20 Por eso Dios fue bondadoso con las parteras. El pueblo creció cada vez más y se hizo muy poderoso, 21 y como ellas habían obrado con temor de Dios, él les concedió una familia numerosa. 22 Entonces el Faraón dio esta orden a su pueblo: “Arrojen al Nilo a todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas”.

2 1 Un hombre de la familia de Leví se casó con la hija de un levita. 2 La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era muy hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses. 3 Cuando ya no pudo ocultarlo más tiempo, tomó una cesta de papiro y la impermeabilizó con betún y pez. Después puso en ella al niño y la dejó entre los juncos, a orillas del Nilo. 4 Pero la hermana del niño se quedó a una cierta distancia, para ver qué le sucedería.

5 La hija del Faraón bajó al Nilo para bañarse, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera. Al ver la cesta en medio de los juncos, mandó a su esclava que fuera a recogerla. 6 La abrió, y vio al niño que estaba llorando; y llena de compasión, exclamó: “Seguramente es un niño de los hebreos”.

7 Entonces la hermana del niño dijo a la hija del Faraón: “¿Quieres que vaya a buscarte entre las hebreas una nodriza para que te lo críe?”. 8 “Sí”, le respondió la hija del Faraón. La jovencita fue a llamar a la madre del niño, 9 y la hija del Faraón le dijo: “Llévate a este niño y críamelo; yo te lo voy a retribuir”. La mujer lo tomó consigo y lo crió; 10 y cuando el niño creció, lo entregó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y le puso el nombre de Moisés, diciendo: “Sí, yo lo saqué de las aguas”.

COMENTARIO BÍBLICO

El nuevo faraón que no sabía nada de José podría ser Seti I, que fue quien trasladó el trono real desde Tebas, en el Alto Egipto, al delta del Nilo, y eso hizo necesario un amplio programa de construcciones. Las excavaciones realizadas en la antigua Pitom indican la probabilidad de que esa construcción fuese realizada en trabajos forzados.

El relato de las comadronas sirve para poner de relieve el cuidado providencial de Dios sobre su pueblo, un tema que llena todo el libro del Éxodo. Los nombres de las comadronas son semitas, luego no eran egipcias.

Al texto bíblico aquí escrito se le han ido añadiendo otras tradiciones posteriores según las cuales la hija del faraón tuvo que sacar personalmente a Moisés del río ya que las criadas se negaron a desobedecer el edicto del monarca.

El versículo 2,10 presenta la etimología popular del nombre “Moisés”, que significaría “sacar”. Sin embargo los autores modernos están convencidos de que el nombre “Moisés” es de origen egipcio y solo conserva una parte de su totalidad porque la tradición judía le habría quitado lo más específicamente egipcio. El término egipcio “Mose” significa “ha nacido”.

El Antiguo Testamento no habla de la educación de Moisés, pero se puede suponer que en aquella época los jóvenes cortesanos aprendían la escritura jeroglífica, la hierática y la cuneiforme de las naciones vecinas (hititas, asiro-babilonios…).


COMENTARIO MISIONERO

Este texto tiene gran actualidad por una doble esclavitud en la que nos movemos: la esclavitud a la que nos reducen los poderosos y nuestro estilo de vida, y por otra las esclavitudes que siguen existiendo en nuestro mundo. Vamos por partes.

Falta de democracia: el que manda juega con la vida de los demás. Los poderosos nos reducen a esclavos del poder, del dinero, del orden establecido, de la fama… haciéndonos cada vez más apáticos. Quieren que nos quedemos quietos, que no reaccionemos, ni ante nuestras esclavitudes ni ante las esclavitudes de nuestro mundo. Hilos del poder y de un estilo de vida determinado que nos atan. Tenemos más miedos porque tenemos más cosas: las cosas hacen que tengamos miedo a perderlas. ¡Cuántas opresiones están provocadas por miedo! El miedo hace inventar un futuro amenazador, hace ver enemigos por todas partes. Viene perfecta la canción de Nach “El tiempo del miedo”: http://www.youtube.com/watch?v=ft8Ty9QNl5s

Estamos embarcados en un estilo de vida en la que necesitamos tantas cosas que ya no miramos más allá ni vemos lo que pasa en el resto del mundo, por ejemplo la venta de armas en el Cuerno de África a pesar de la hambruna (CONFER ha preparado un material muy interesante sobre este tema). Sigue habiendo situaciones de esclavitud en nuestro mundo.

¿Diferencia entre estas dos esclavitudes? Nosotros podemos salir por convencimiento, por lucidez de miras, por búsqueda de otros horizontes… En definitiva, por nuestra libertad. Si permanecemos en la esclavitud es porque queremos. A ellos sin embargo les viene impuesta.

¿Es posible el cambio? Sí, no perdemos la esperanza, pero sabemos que son cambios desde la base, desde la educación y a largo plazo. Educar a un hijo es una gran responsabilidad. Educar en la libertad, apreciando lo que se tiene.

Entre tanto, en el texto son las mujeres las que alientan esa esperanza con su manifiesta desobediencia a las leyes del faraón. Incluso su propia hija se permite desobedecer y hacer entrar en la misma casa del faraón a un hebreo que posteriormente cambiará la situación: el sistema se cambia por el mismo sistema.

Las mujeres desobedecen porque en general las mujeres hacen lo que les da la gana… Más en serio, estas mujeres desobedecen al ver surgir la vida: ante la vida optan por ella. Sensibilidad distinta de la mujer, que es capaz de proteger la vida aun a costa de desobedecer a un mandato casi sagrado del faraón.

En las sociedades tradicionales la familia se mantiene gracias al trabajo poco reconocido e infravalorado de la mujer. En general, la que mantiene unida a la familia es la madre.

En el África tradicional, las mujeres no iban a la guerra y no mataban, por eso la amenaza eran los varones.

Claro paralelismo entre el nacimiento de Moisés y el de Jesús: ambos amenazados al poco de nacer, ambos salvados en medio de otros muchos de su generación que murieron. Incluso la familia de Jesús huye a Egipto, tierra de Moisés.

Mano de Dios clara en este proceso, pero curiosamente en un texto en el que se le menciona poco, solo aparece mencionado indirectamente por el temor de Dios de las parteras. A veces no hace falta mencionar su presencia para que esté, y en este proceso de esclavitud en que durante años parece que lo que cabe soportar es solo su ausencia y su silencio, Él va labrando un futuro para ese pueblo a través de la fe y de la apuesta por la vida de algunas personas.

La película “El príncipe de Egipto” va a subrayar esa ruptura afectiva que surge en Moisés al haber sido criado con el hijo del faraón (futuro faraón) y ser por tanto amigo suyo, pero al tener que romper con él y enfrentarse en su camino de liberación.