II Domingo de Cuaresma y Día de Hispanoamérica
- Oración inicial (del Día de Hispanoamérica):
Virgen María de Guadalupe,
Madre del verdadero Dios por quien se vive.
En San Juan Diego, el más pequeño de tus hijos,
tú dices hoy a los pueblos de América Latina:
"¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra?
¿No estás por ventura en mi regazo?"
Por eso nosotros, con profundo agradecimiento,
reconocemos a través de los siglos
todas las muestras de tu amor maternal,
tu constante auxilio, compasión y defensa
de los moradores de nuestras tierras,
de los pobres y sencillos de corazón.
Con esta certeza filial acudimos a ti
para pedirte que, así como ayer,
vuelvas a darnos a tu Divino Hijo,
porque sólo en el encuentro con El
se renueva la existencia personal
y se abre el camino para la edificación
de una sociedad justa y fraterna.
A ti, "Misionera celeste del nuevo mundo",
que eres el rostro mestizo de América Latina
y luminosamente manifiestas
su identidad, unidad y originalidad,
confiamos el destino de nuestros pueblos.
A ti, Pedagoga del Evangelio de Cristo,
Estrella de la nueva evangelización,
confiamos la labor misionera del pueblo de Dios
peregrino en América Latina.
¡Oh Dulce Señora!, ¡Oh Madre nuestra!,
¡Oh siempre Virgen María!
¡Tu presencia nos hace hermanos!
Acoge con amor esta súplica de tus hijos
y bendice esta amada tierra tuya
con los dones de la reconciliación y la paz. Amén.
(Benedicto XVI)
- Acción de gracias por la semana transcurrida
- Evangelio del domingo (MARCOS 9, 2 10)
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
- Comentario misionero:
El Evangelio describe el camino de la experiencia misionera: camino de ida con Jesús, encuentro y camino de vuelta. El camino de vuelta es parte de esa experiencia: Jesús no se queda en lo alto de la montaña, no nos permite huir de la realidad sino mirarla de frente y asumir nuestros compromisos.
Lo mejor que podemos ofrecer hoy al mundo es experiencia de encuentro con Jesús. Y es lo que aún demasiados millones de personas en nuestro mundo están esperando. Nosotros que conocemos quien es, que sabemos cuales son sus caminos, ¿disfrutamos de su presencia? Sin experiencia de Jesús no hay misión.
La cuaresma, camino cuesta arriba, es también momento privilegiado de encuentro.
- Silencio
- Oraciones compartidas
- Padre Nuestro
lunes, 27 de febrero de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
ORACIÓN MISIONERA, 26 DE FEBRERO
ACCIÓN DE GRACIAS
EVANGELIO [Marcos 1,12-15 ]
12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,
13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.
14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
REFLEXIÓN
Jesús va al desierto empujado por el Espíritu. El mismo Espíritu que da la vida al comienzo del mundo, nos empuja nosotros también a salir de nuestras seguridades, de nuestra estructuras establecidas, para que podamos volver a lo esencial de nuestro ser y de nuestra vida.
Es la historia del pueblo de Israel, es la historia de la humanidad, es nuestra historia. Cuando nos sentamos y perdemos el deseo de salir hacia fuera, hacia lo desconocido, hacia el inseguro, perdemos la capacidad de ver a Dios. Mons. Conforti, nuestro fundador, fundador de una congregación de misioneros, había descubierto que la capacidad de ir hacia los otros es fundamental en nuestro crecer como cristianos.
La lucha de Jesús con el mal, con el Satán, es la lucha, suya y nuestra, contra las estructuras demoniacas de la sociedad. Jesús, en el bautismo, se ha consagrado al servicio : en este momento el mal lo tienta con el no-servir, con lo ‘obvio’, con lo que parece tan bueno y eficaz, incluso para la edificación del reino de Dios.
La tentación del poder y de las vías fáciles está siempre ahí. En esto consiste la tentación, que siempre tiene ‘buenas intenciones’. El contacto, la cercanía con otros mundos y otras culturas, nos ayudan en este proceso de purificación y acercamiento a Dios y a los demás. Cierto, es un adentrarse en el desierto, pero un desierto que nos desvelará la belleza, que nos hará descubrir el agua viva que da la vida.
INTERCAMBIO
ORACIÓN FINAL
Me tranquiliza
el ver que Jesús
ha experimentado
la tentación.
Me hace más fuerte
el ver que Jesús
ha encontrado las palabras
para rechazar
los caminos de la muerte.
Me llena
de esperanza
el ver que el demonio
deja a Jesús.
Espíritu Santo,
Palabra de Dios,
ayúdame a ver claramente
mis tentaciones,
a saber por tu fuerza
cómo superarlas
y, una vez libre,
a ponerme al servicio
de mis hermanos.
Jean Claude Sauzet
(Prier, nº 338)
ORACIÓN INICIAL
Cuarenta días y cuarenta noches, para postrarme ante Ti y escuchar tu Palabra todos los días.
Cuarenta días y cuarenta noches, para sentir hambre y sed de Ti, de transformación y de liberación.
Cuarenta días y cuarenta noches, para darme cuenta de todo cuanto me esclaviza.
Cuarenta días y cuarenta noches, para dar un paso significativo de conversión a Tu voluntad.
Cuarenta días y cuarenta noches, para aprender a ser pobre, a vivir desde el “no-tener” y el “no-poder”.
Cuarenta días y cuarenta noches, para aprender a vivir de un modo más simple y a reír como un niño.
Cuarenta días y cuarenta noches, para asimilar la buena noticia de que soy un hijo amado del Padre.
Cuarenta días y cuarenta noches, para disponer el corazón a celebrar, cuando nos llegue la Luz de la Pascua, que no somos un caso perdido y que la Vida, el Perdón y el Amor del Padre siempre triunfan sobre el pecado y sobre la muerte.
Cuarenta días y cuarenta noches, para postrarme ante Ti y escuchar tu Palabra todos los días.
Cuarenta días y cuarenta noches, para sentir hambre y sed de Ti, de transformación y de liberación.
Cuarenta días y cuarenta noches, para darme cuenta de todo cuanto me esclaviza.
Cuarenta días y cuarenta noches, para dar un paso significativo de conversión a Tu voluntad.
Cuarenta días y cuarenta noches, para aprender a ser pobre, a vivir desde el “no-tener” y el “no-poder”.
Cuarenta días y cuarenta noches, para aprender a vivir de un modo más simple y a reír como un niño.
Cuarenta días y cuarenta noches, para asimilar la buena noticia de que soy un hijo amado del Padre.
Cuarenta días y cuarenta noches, para disponer el corazón a celebrar, cuando nos llegue la Luz de la Pascua, que no somos un caso perdido y que la Vida, el Perdón y el Amor del Padre siempre triunfan sobre el pecado y sobre la muerte.
(Anonimo)
EVANGELIO [Marcos 1,12-15 ]
12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,
13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.
14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
REFLEXIÓN
Jesús va al desierto empujado por el Espíritu. El mismo Espíritu que da la vida al comienzo del mundo, nos empuja nosotros también a salir de nuestras seguridades, de nuestra estructuras establecidas, para que podamos volver a lo esencial de nuestro ser y de nuestra vida.
Es la historia del pueblo de Israel, es la historia de la humanidad, es nuestra historia. Cuando nos sentamos y perdemos el deseo de salir hacia fuera, hacia lo desconocido, hacia el inseguro, perdemos la capacidad de ver a Dios. Mons. Conforti, nuestro fundador, fundador de una congregación de misioneros, había descubierto que la capacidad de ir hacia los otros es fundamental en nuestro crecer como cristianos.
La lucha de Jesús con el mal, con el Satán, es la lucha, suya y nuestra, contra las estructuras demoniacas de la sociedad. Jesús, en el bautismo, se ha consagrado al servicio : en este momento el mal lo tienta con el no-servir, con lo ‘obvio’, con lo que parece tan bueno y eficaz, incluso para la edificación del reino de Dios.
La tentación del poder y de las vías fáciles está siempre ahí. En esto consiste la tentación, que siempre tiene ‘buenas intenciones’. El contacto, la cercanía con otros mundos y otras culturas, nos ayudan en este proceso de purificación y acercamiento a Dios y a los demás. Cierto, es un adentrarse en el desierto, pero un desierto que nos desvelará la belleza, que nos hará descubrir el agua viva que da la vida.
INTERCAMBIO
ORACIÓN FINAL
Me tranquiliza
el ver que Jesús
ha experimentado
la tentación.
Me hace más fuerte
el ver que Jesús
ha encontrado las palabras
para rechazar
los caminos de la muerte.
Me llena
de esperanza
el ver que el demonio
deja a Jesús.
Espíritu Santo,
Palabra de Dios,
ayúdame a ver claramente
mis tentaciones,
a saber por tu fuerza
cómo superarlas
y, una vez libre,
a ponerme al servicio
de mis hermanos.
Jean Claude Sauzet
(Prier, nº 338)
miércoles, 15 de febrero de 2012
ORACIÓN MISIONERA, 19 DE FEBRERO
ACCIÓN DE GRACIAS
ORACIÓN INICIAL
Reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz;
estoy solo, pero Tú no me abandonas;
estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;
estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;
la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia;
no comprendo tus caminos, pero Tú sabes el camino para mí.
(Dietrich Bonhöeffer)
EVANGELIO [ Marcos 2,1-12 ]
1Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. 2Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. 3Llegaron cuatro llevando un paralítico y, 4como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
5Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: - Hijo, tus pecados quedan perdonados.
6Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: - 7¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?
8Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: - ¿Por qué pensáis eso? ¿9Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? 10Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -entonces, le dijo al paralítico- 11contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. 12Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: - Nunca hemos visto una cosa igual.
REFLEXIÓN
v.1: El relato de hoy nos lo presenta nuevamente en Cafarnaún, en casa de Pedro, donde anteriormente había curado a la suegra de éste (1,29-31). La casa, una figura "materna", essímbolo de una comunidad cristiana en la que las relaciones humanas deberían crecer siempre hacia el amor perfecto.
v.2: Jesús está en el centro de la casa y comunica la Palabra. A su alrededor se reúnen todos. Comienza la formación de la comunidad, que todavía es sólo una multitud preocupada de sí misma, que no piensa en los demás.
v.3: El paralítico: el hombre es creado por Dios como aquel que se encuentra siempre en camino hacia la casa del Padre. Pararse en este camino es retroceder. Por eso, la parálisis de que habla Marcos representa el nivel más profundo de la enfermedad externa. El paralítico en sentido espiritual es aquel que ha perdido la propia identidad, no logra moverse, no vive en plenitud lo que Dios le ofrece. La parálisis puede significar el pecado y todo miedo que impide levantarse y vivir como criaturas nuevas, resucitadas. En este relato, el hombre enfermo no posee un nombre propio: su identidad es la parálisis.
- "Sostenido por cuatro hombres": son las cuatro personas que llevan al paralítico. El "cuatro" es el símbolo de los cuatro elementos, es decir, del cosmos entero. Todo nos puede llevar a Cristo, todo tiende hacia él... (Col 1,16s). Los Padres han visto en estos cuatro hombres a los cuatro evangelistas: su anuncio lleva a todos los hombres a Jesús.
v.4: Alrededor de Jesús se encuentra la multitud; por eso los cuatro no logran entrar. Esta gente es indiferente. No ha aprendido todavía cómo se acoge a los demás, particularmente a los débiles. Así pues, los que llevan al paralítico deben abrir un boquete en el tejado. Esos hombres estaban convencidos de que el encuentro con Jesús sería para el paralítico la ayuda más importante.
v.5: Jesús habla de la fe de los camilleros; no sabemos, sin embargo, si la tenía el paralítico. La fe logra levantar a los otros (cf. Gál 6,2). A causa de la fe de los hombres que llevaban la camilla, Jesús se dirige al paralítico con una ternura materno-paterna pronunciando su nombre nuevo: "hijito...". El hombre inmóvil por su parálisis, excluido de la comunidad, es acogido como un hijo (cf. Rm 8,14 ss).
vv. 6-7: Los escribas son expertos de la ley, los que declaran lo que está bien y lo que está mal. Pero Jesús mismo es el cumplimiento de la ley (cf. Rom 10,4). Marcos pone de relieve la dureza de sus corazones. La resistencia a la Palabra de Jesús crea la cerrazón de sus corazones: callaban, pero sus corazones estaban llenos de un veneno mortal. ¡Ésta es la verdadera parálisis que inmoviliza al hombre! Están en casa con Jesús, pero en realidad están fuera.
vv. 10-11: Jesús se manifiesta como el Hijo del hombre de Dn 7,13, poseedor de la autoridad divina. Él hace "lo invisible" a través de un signo visible. El juicio que realiza el Hijo del hombre es el juicio del amor, del perdón sin límites. Sobre la tierra este don se cumplirá en su muerte y resurrección. Jesús se dirige al paralítico. Hace el signo a través de su poderosa Palabra, llena de autoridad divina: "Levántate", en griego, significa también resucitar de entre los muertos. Jesús trae la vida nueva, el perdón y la resurrección. Ahora el hombre puede llevar su camilla, es capaz de vivir la vida en plenitud. La ley ya no le oprime ni le aprisiona.
- "Vete a tu casa". La casa del hombre es Dios mismo. El hombre sanado puede caminar hacia el Padre, volver a su eterna morada (Qo 12,5). Esta "resurrección" se cumple públicamente, delante de todos. Jesús puede indicar que este don les pertenece a todos. Al final, cada palabra y gesto de Jesús tiende siempre a la gloria del Padre. También ahora es así: la gente glorifica a Dios, porque el hombre liberado de su pecado puede caminar hacia el Padre.
INTERCAMBIO
ORACIÓN FINAL
Porque Tú lo has querido estoy aquí, Señor. En Tu nombre.
No he venido yo;
me has absorbido en la espiral de amor, que eres con todos.
Nadie puede arrimarse a Ti sin que entero lo abraces, lo hagas Tuyo.
Sin robarle nada, dándole todo.
Del suelo a la cabeza soy regalo tuyo,
espíritu que vuela y cuerpo que lo apresa.
No puedes ya salirte de este mundo.
Me inundaste.
Y, empapado de Ti, te voy sembrando,
y al tiempo que me siembro, como grano de trigo, en mis hermanos.
No quiero quedar solo. AMÉN.
ORACIÓN INICIAL
Reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz;
estoy solo, pero Tú no me abandonas;
estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;
estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;
la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia;
no comprendo tus caminos, pero Tú sabes el camino para mí.
(Dietrich Bonhöeffer)
EVANGELIO [ Marcos 2,1-12 ]
1Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. 2Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. 3Llegaron cuatro llevando un paralítico y, 4como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
5Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: - Hijo, tus pecados quedan perdonados.
6Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: - 7¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?
8Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: - ¿Por qué pensáis eso? ¿9Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? 10Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -entonces, le dijo al paralítico- 11contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. 12Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: - Nunca hemos visto una cosa igual.
REFLEXIÓN
v.1: El relato de hoy nos lo presenta nuevamente en Cafarnaún, en casa de Pedro, donde anteriormente había curado a la suegra de éste (1,29-31). La casa, una figura "materna", essímbolo de una comunidad cristiana en la que las relaciones humanas deberían crecer siempre hacia el amor perfecto.
v.2: Jesús está en el centro de la casa y comunica la Palabra. A su alrededor se reúnen todos. Comienza la formación de la comunidad, que todavía es sólo una multitud preocupada de sí misma, que no piensa en los demás.
v.3: El paralítico: el hombre es creado por Dios como aquel que se encuentra siempre en camino hacia la casa del Padre. Pararse en este camino es retroceder. Por eso, la parálisis de que habla Marcos representa el nivel más profundo de la enfermedad externa. El paralítico en sentido espiritual es aquel que ha perdido la propia identidad, no logra moverse, no vive en plenitud lo que Dios le ofrece. La parálisis puede significar el pecado y todo miedo que impide levantarse y vivir como criaturas nuevas, resucitadas. En este relato, el hombre enfermo no posee un nombre propio: su identidad es la parálisis.
- "Sostenido por cuatro hombres": son las cuatro personas que llevan al paralítico. El "cuatro" es el símbolo de los cuatro elementos, es decir, del cosmos entero. Todo nos puede llevar a Cristo, todo tiende hacia él... (Col 1,16s). Los Padres han visto en estos cuatro hombres a los cuatro evangelistas: su anuncio lleva a todos los hombres a Jesús.
v.4: Alrededor de Jesús se encuentra la multitud; por eso los cuatro no logran entrar. Esta gente es indiferente. No ha aprendido todavía cómo se acoge a los demás, particularmente a los débiles. Así pues, los que llevan al paralítico deben abrir un boquete en el tejado. Esos hombres estaban convencidos de que el encuentro con Jesús sería para el paralítico la ayuda más importante.
v.5: Jesús habla de la fe de los camilleros; no sabemos, sin embargo, si la tenía el paralítico. La fe logra levantar a los otros (cf. Gál 6,2). A causa de la fe de los hombres que llevaban la camilla, Jesús se dirige al paralítico con una ternura materno-paterna pronunciando su nombre nuevo: "hijito...". El hombre inmóvil por su parálisis, excluido de la comunidad, es acogido como un hijo (cf. Rm 8,14 ss).
vv. 6-7: Los escribas son expertos de la ley, los que declaran lo que está bien y lo que está mal. Pero Jesús mismo es el cumplimiento de la ley (cf. Rom 10,4). Marcos pone de relieve la dureza de sus corazones. La resistencia a la Palabra de Jesús crea la cerrazón de sus corazones: callaban, pero sus corazones estaban llenos de un veneno mortal. ¡Ésta es la verdadera parálisis que inmoviliza al hombre! Están en casa con Jesús, pero en realidad están fuera.
vv. 10-11: Jesús se manifiesta como el Hijo del hombre de Dn 7,13, poseedor de la autoridad divina. Él hace "lo invisible" a través de un signo visible. El juicio que realiza el Hijo del hombre es el juicio del amor, del perdón sin límites. Sobre la tierra este don se cumplirá en su muerte y resurrección. Jesús se dirige al paralítico. Hace el signo a través de su poderosa Palabra, llena de autoridad divina: "Levántate", en griego, significa también resucitar de entre los muertos. Jesús trae la vida nueva, el perdón y la resurrección. Ahora el hombre puede llevar su camilla, es capaz de vivir la vida en plenitud. La ley ya no le oprime ni le aprisiona.
- "Vete a tu casa". La casa del hombre es Dios mismo. El hombre sanado puede caminar hacia el Padre, volver a su eterna morada (Qo 12,5). Esta "resurrección" se cumple públicamente, delante de todos. Jesús puede indicar que este don les pertenece a todos. Al final, cada palabra y gesto de Jesús tiende siempre a la gloria del Padre. También ahora es así: la gente glorifica a Dios, porque el hombre liberado de su pecado puede caminar hacia el Padre.
INTERCAMBIO
ORACIÓN FINAL
Porque Tú lo has querido estoy aquí, Señor. En Tu nombre.
No he venido yo;
me has absorbido en la espiral de amor, que eres con todos.
Nadie puede arrimarse a Ti sin que entero lo abraces, lo hagas Tuyo.
Sin robarle nada, dándole todo.
Del suelo a la cabeza soy regalo tuyo,
espíritu que vuela y cuerpo que lo apresa.
No puedes ya salirte de este mundo.
Me inundaste.
Y, empapado de Ti, te voy sembrando,
y al tiempo que me siembro, como grano de trigo, en mis hermanos.
No quiero quedar solo. AMÉN.
martes, 7 de febrero de 2012
ORACIÓN MISIONERA, 12 DE FEBRERO
Oración inicial
Señor:
Tú llegas a nuestro mundo y nos invitas a abrir la puerta de nuestro corazón a todos los hombres.
Tú ya nos dijiste que eres Tú quien viene cuando alguien llama a nuestra puerta.
Tu palabra es ésta:
“He aquí que estoy a la puerta y llamo.
Si alguno oye mi voz y abre la puerta, Yo entrará y cenaré con él y él conmigo”.
Señor:
que sepamos escuchar tu voz, esa voz que nos llega por nuestros hermanos.
Que abramos la puerta para acogerte a Ti, y en Ti a todos los hombres.
Tiempo de silencio …
Nos ponemos en actitud orante en presencia del Padre de todos los dones y le pedimos que derrame abundantemente su Espíritu sobre nosotras/os.
… y tiempo para dar gracias
Expresamos líberamente las razones por las cuales queremos dar gracias a Dios.
Evangelio (Mc 1,40-45)
En aquel tiempo,
40 se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: - Si quieres, puedes limpiarme.
41Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: - Quiero: queda limpio.
42La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
43Él lo despidió, encargándole severamente:
- 44No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.
45Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Comentario misionero
- Jesús anuncia sin cansarse, día tras día, el Reino de Dios; encuentra todo tipo de personas, habla con todos. No se cierra a nadie. Su aptitud hace que hasta los leprosos, es decir los excluidos del tiempo, se animen a acercarse a él.
- Anunciar el evangelio, la buena noticia, significa, en definitiva, querer el bien para todos. Y quererlo de manera activa. No es suficiente ‘tener lástima’, lo que supone construir una barrera con el otro, es necesario romper las barreras y ponerse en el lugar del otro.
- Y tocarlo, es decir crear una relación profunda y verdadera con el otro. Es necesario unir nuestras manos con las de los demás.
- Y volvernos ‘parias’, ‘intocables’, en nombre de la solidaridad y de la justicia.
- ¿Nos interpela el sufrimiento de los demás? ¿Estamos interesados en descubrir sus causas? ¿Estamos decididos a erradicar tanto sufrimiento añadido y aliviar el inevitable?
Silencio meditativo
Oraciones compartidas
Oración final
De todos aquellos que se congelan
debajo de los puentes,
De todos aquellos que buscan
debajo de las basuras,
De todos aquellos que sudan
debajo de los humos,
De todos aquellos que gimen
debajo de los vendajes,
De todos aquellos que mendigan
debajo del honor,
De todos aquellos que lloran
debajo de los sudarios,
De todos los intocables,
De todos los acusados de impureza,
Quieras tu, Señor,
acordarte y decirles:
“¡Venid a mi
y dejaos tocar!
Hno. Irénée
(trad. en Prier, nº 338)
Señor:
Tú llegas a nuestro mundo y nos invitas a abrir la puerta de nuestro corazón a todos los hombres.
Tú ya nos dijiste que eres Tú quien viene cuando alguien llama a nuestra puerta.
Tu palabra es ésta:
“He aquí que estoy a la puerta y llamo.
Si alguno oye mi voz y abre la puerta, Yo entrará y cenaré con él y él conmigo”.
Señor:
que sepamos escuchar tu voz, esa voz que nos llega por nuestros hermanos.
Que abramos la puerta para acogerte a Ti, y en Ti a todos los hombres.
Tiempo de silencio …
Nos ponemos en actitud orante en presencia del Padre de todos los dones y le pedimos que derrame abundantemente su Espíritu sobre nosotras/os.
… y tiempo para dar gracias
Expresamos líberamente las razones por las cuales queremos dar gracias a Dios.
Evangelio (Mc 1,40-45)
En aquel tiempo,
40 se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: - Si quieres, puedes limpiarme.
41Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: - Quiero: queda limpio.
42La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
43Él lo despidió, encargándole severamente:
- 44No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.
45Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Comentario misionero
- Jesús anuncia sin cansarse, día tras día, el Reino de Dios; encuentra todo tipo de personas, habla con todos. No se cierra a nadie. Su aptitud hace que hasta los leprosos, es decir los excluidos del tiempo, se animen a acercarse a él.
- Anunciar el evangelio, la buena noticia, significa, en definitiva, querer el bien para todos. Y quererlo de manera activa. No es suficiente ‘tener lástima’, lo que supone construir una barrera con el otro, es necesario romper las barreras y ponerse en el lugar del otro.
- Y tocarlo, es decir crear una relación profunda y verdadera con el otro. Es necesario unir nuestras manos con las de los demás.
- Y volvernos ‘parias’, ‘intocables’, en nombre de la solidaridad y de la justicia.
Silencio meditativo
Oraciones compartidas
Oración final
De todos aquellos que se congelan
debajo de los puentes,
De todos aquellos que buscan
debajo de las basuras,
De todos aquellos que sudan
debajo de los humos,
De todos aquellos que gimen
debajo de los vendajes,
De todos aquellos que mendigan
debajo del honor,
De todos aquellos que lloran
debajo de los sudarios,
De todos los intocables,
De todos los acusados de impureza,
Quieras tu, Señor,
acordarte y decirles:
“¡Venid a mi
y dejaos tocar!
Hno. Irénée
(trad. en Prier, nº 338)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)