II Domingo de Cuaresma y Día de Hispanoamérica
- Oración inicial (del Día de Hispanoamérica):
Virgen María de Guadalupe,
Madre del verdadero Dios por quien se vive.
En San Juan Diego, el más pequeño de tus hijos,
tú dices hoy a los pueblos de América Latina:
"¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra?
¿No estás por ventura en mi regazo?"
Por eso nosotros, con profundo agradecimiento,
reconocemos a través de los siglos
todas las muestras de tu amor maternal,
tu constante auxilio, compasión y defensa
de los moradores de nuestras tierras,
de los pobres y sencillos de corazón.
Con esta certeza filial acudimos a ti
para pedirte que, así como ayer,
vuelvas a darnos a tu Divino Hijo,
porque sólo en el encuentro con El
se renueva la existencia personal
y se abre el camino para la edificación
de una sociedad justa y fraterna.
A ti, "Misionera celeste del nuevo mundo",
que eres el rostro mestizo de América Latina
y luminosamente manifiestas
su identidad, unidad y originalidad,
confiamos el destino de nuestros pueblos.
A ti, Pedagoga del Evangelio de Cristo,
Estrella de la nueva evangelización,
confiamos la labor misionera del pueblo de Dios
peregrino en América Latina.
¡Oh Dulce Señora!, ¡Oh Madre nuestra!,
¡Oh siempre Virgen María!
¡Tu presencia nos hace hermanos!
Acoge con amor esta súplica de tus hijos
y bendice esta amada tierra tuya
con los dones de la reconciliación y la paz. Amén.
(Benedicto XVI)
- Acción de gracias por la semana transcurrida
- Evangelio del domingo (MARCOS 9, 2 10)
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
- Comentario misionero:
El Evangelio describe el camino de la experiencia misionera: camino de ida con Jesús, encuentro y camino de vuelta. El camino de vuelta es parte de esa experiencia: Jesús no se queda en lo alto de la montaña, no nos permite huir de la realidad sino mirarla de frente y asumir nuestros compromisos.
Lo mejor que podemos ofrecer hoy al mundo es experiencia de encuentro con Jesús. Y es lo que aún demasiados millones de personas en nuestro mundo están esperando. Nosotros que conocemos quien es, que sabemos cuales son sus caminos, ¿disfrutamos de su presencia? Sin experiencia de Jesús no hay misión.
La cuaresma, camino cuesta arriba, es también momento privilegiado de encuentro.
- Silencio
- Oraciones compartidas
- Padre Nuestro
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