miércoles, 15 de febrero de 2012

ORACIÓN MISIONERA, 19 DE FEBRERO

 ACCIÓN DE GRACIAS


 ORACIÓN INICIAL

Reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz;
estoy solo, pero Tú no me abandonas;
estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;
estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;
la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia;
no comprendo tus caminos, pero Tú sabes el camino para mí.

(Dietrich Bonhöeffer)

 EVANGELIO [ Marcos 2,1-12 ]

1Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. 2Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. 3Llegaron cuatro llevando un paralítico y, 4como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
5Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: - Hijo, tus pecados quedan perdonados.
6Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: - 7¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?
8Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: - ¿Por qué pensáis eso? ¿9Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? 10Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -entonces, le dijo al paralítico- 11contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. 12Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: - Nunca hemos visto una cosa igual.

 REFLEXIÓN

v.1: El relato de hoy nos lo presenta nuevamente en Cafarnaún, en casa de Pedro, donde anteriormente había curado a la suegra de éste (1,29-31). La casa, una figura "materna", essímbolo de una comunidad cristiana en la que las relaciones humanas deberían crecer siempre hacia el amor perfecto.

v.2: Jesús está en el centro de la casa y comunica la Palabra. A su alrededor se reúnen todos. Comienza la formación de la comunidad, que todavía es sólo una multitud preocupada de sí misma, que no piensa en los demás.

v.3: El paralítico: el hombre es creado por Dios como aquel que se encuentra siempre en camino hacia la casa del Padre. Pararse en este camino es retroceder. Por eso, la parálisis de que habla Marcos representa el nivel más profundo de la enfermedad externa. El paralítico en sentido espiritual es aquel que ha perdido la propia identidad, no logra moverse, no vive en plenitud lo que Dios le ofrece. La parálisis puede significar el pecado y todo miedo que impide levantarse y vivir como criaturas nuevas, resucitadas. En este relato, el hombre enfermo no posee un nombre propio: su identidad es la parálisis.

- "Sostenido por cuatro hombres": son las cuatro personas que llevan al paralítico. El "cuatro" es el símbolo de los cuatro elementos, es decir, del cosmos entero. Todo nos puede llevar a Cristo, todo tiende hacia él... (Col 1,16s). Los Padres han visto en estos cuatro hombres a los cuatro evangelistas: su anuncio lleva a todos los hombres a Jesús.

v.4: Alrededor de Jesús se encuentra la multitud; por eso los cuatro no logran entrar. Esta gente es indiferente. No ha aprendido todavía cómo se acoge a los demás, particularmente a los débiles. Así pues, los que llevan al paralítico deben abrir un boquete en el tejado. Esos hombres estaban convencidos de que el encuentro con Jesús sería para el paralítico la ayuda más importante.

v.5: Jesús habla de la fe de los camilleros; no sabemos, sin embargo, si la tenía el paralítico. La fe logra levantar a los otros (cf. Gál 6,2). A causa de la fe de los hombres que llevaban la camilla, Jesús se dirige al paralítico con una ternura materno-paterna pronunciando su nombre nuevo: "hijito...". El hombre inmóvil por su parálisis, excluido de la comunidad, es acogido como un hijo (cf. Rm 8,14 ss).

vv. 6-7: Los escribas son expertos de la ley, los que declaran lo que está bien y lo que está mal. Pero Jesús mismo es el cumplimiento de la ley (cf. Rom 10,4). Marcos pone de relieve la dureza de sus corazones. La resistencia a la Palabra de Jesús crea la cerrazón de sus corazones: callaban, pero sus corazones estaban llenos de un veneno mortal. ¡Ésta es la verdadera parálisis que inmoviliza al hombre! Están en casa con Jesús, pero en realidad están fuera.

vv. 10-11: Jesús se manifiesta como el Hijo del hombre de Dn 7,13, poseedor de la autoridad divina. Él hace "lo invisible" a través de un signo visible. El juicio que realiza el Hijo del hombre es el juicio del amor, del perdón sin límites. Sobre la tierra este don se cumplirá en su muerte y resurrección. Jesús se dirige al paralítico. Hace el signo a través de su poderosa Palabra, llena de autoridad divina: "Levántate", en griego, significa también resucitar de entre los muertos. Jesús trae la vida nueva, el perdón y la resurrección. Ahora el hombre puede llevar su camilla, es capaz de vivir la vida en plenitud. La ley ya no le oprime ni le aprisiona.

- "Vete a tu casa". La casa del hombre es Dios mismo. El hombre sanado puede caminar hacia el Padre, volver a su eterna morada (Qo 12,5). Esta "resurrección" se cumple públicamente, delante de todos. Jesús puede indicar que este don les pertenece a todos. Al final, cada palabra y gesto de Jesús tiende siempre a la gloria del Padre. También ahora es así: la gente glorifica a Dios, porque el hombre liberado de su pecado puede caminar hacia el Padre.

 INTERCAMBIO

 ORACIÓN FINAL

Porque Tú lo has querido estoy aquí, Señor. En Tu nombre.
No he venido yo;
me has absorbido en la espiral de amor, que eres con todos.
Nadie puede arrimarse a Ti sin que entero lo abraces, lo hagas Tuyo.
Sin robarle nada, dándole todo.
Del suelo a la cabeza soy regalo tuyo,
espíritu que vuela y cuerpo que lo apresa.
No puedes ya salirte de este mundo.
Me inundaste.
Y, empapado de Ti, te voy sembrando,
y al tiempo que me siembro, como grano de trigo, en mis hermanos.
No quiero quedar solo. AMÉN.

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