domingo, 16 de octubre de 2011

ORACIÓN MISIONERA, 23 DE OCTUBRE

DÍA DEL DOMUND
Y DE LA CANONIZACIÓN DE NUESTRO FUNDADOR,
SAN GUIDO MARIA CONFORTI


ORACIÓN INICIAL (oración del DOMUND)

Señor, confiamos en tu palabra,
abrimos nuestro corazón a tu mensaje misionero
y te suplicamos con la fuerza de la fe recibida.

Que nuestra diócesis y nuestra comunidad cristiana
sean misioneras y rechacen la tentación
de encerrarse en sí mismas.

Que las Iglesias nacientes en la misión
cooperen con otras más necesitadas
y den desde su pobreza.

Que los jóvenes, enfermos y personas consagradas
participen en el compromiso misionero.

Que los llamados a la vocación misionera
respondan a ella con generosidad.

Que los bautizados participemos
en la actividad misionera de la Iglesia
como responsables de tu envío.

Te lo pedimos con María, reina de las Misiones. Amén.


ACCIONES DE GRACIAS POR LOS MISIONEROS Y CONFORTI

EVANGELIO DEL DOMINGO 23 DE OCTUBRE (Mateo 22,34-40)

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?" Él le dijo: ""Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas."


COMENTARIO MISIONERO

- La misión y el envío como amor a Dios. Entrega total de la vida dejando el mundo conocido llevando el mejor regalo: la Palabra que nos revela el amor del Padre y que nos hace vivir.

- La misión y el envío como amor al prójimo. Respeto y aprecio por la cultura que nos recibe, por la lengua que intentamos aprender… Conforti decía: “El misionero es el signo más evidente y el apóstol más convencido y entusiasta de la fraternidad universal.”

- La misión como amor a sí mismo. Sensación que recibimos mucho más de lo que damos. Dejarnos querer por la hospitalidad y el respeto que recibimos.

- Claves para hablar en público (de un curso de verano, pero que sirve de resumen a todo esto): amar el mensaje, amar a los destinatarios y amarse a sí mismo.


COMENTARIO DE CONFORTI

Y junto con el amor a Dios debemos alimentar en nuestros corazones la caridad hacia nosotros mismos y hacia nuestros hermanos y, en primer lugar, con quienes formamos una misma familia religiosa y tenemos en común la vida, los ideales, las fatigas, los méritos, la dirección, todo, en espera de disfrutar juntos también, un día más o menos lejano, de la gloria celestial. Acerca de este deber esencial no debe quedarnos ningún género de duda: “Este mandamiento hemos recibido de Dios: que aquel que ama a Dios ame también a su hermano” (1 Juan 4,21).

“¡Ved cuán bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!”, dice el salmista. Quiera el Señor que nuestra Sociedad ofrezca siempre este espectáculo consolador, y sin duda lo ofrecerá si la caridad de Cristo, tal cual nos la describe el sublime Apóstol de las Gentes, regula todas las relaciones entre los hermanos y hace de todos los miembros que la componen un solo corazón y una sola alma.

Cada uno, por lo que a él le corresponde, esfuércese por conservar diligentemente el vínculo de esta unión santa evitando todo lo que pudiera debilitarla. Reprima en sí el egoísmo individual, el espíritu de censura y de murmuración, la tendencia a las disputas y a las singularidades, la manía de lucirse y de sobresalir en todo. Todo debe ser generosamente sacrificado sobre el altar de la concordia fraterna, que hace agradable la convivencia y consolida y hace prósperas las instituciones.

(De la Carta Testamento 9)


SILENCIO MEDITATIVO


ORACIONES Y REFLEXIONES COMPARTIDAS


ORACIÓN FINAL (de la canonización de Guido Mª Conforti)

Oh Dios, Padre de todos los pueblos
que en el Espíritu de tu Hijo
eres el principio de todo lo bueno y santo.

Te alabamos, Señor,
por la vida de tu siervo Guido Mª. Conforti.

Él, contemplando en tu Hijo crucificado
tu amor hacia toda creatura,
se entregó totalmente
a la urgencia del anuncio del Evangelio.

Te damos gracias, Señor,
por habérselo dado a los Javerianos como Padre,
a la Iglesia como Pastor y Misionero,
y a todos como ejemplo de virtud y modelo de santidad.

Te pedimos, Señor,
que, por su intercesión,
aumentes nuestra fe,
para que podamos ser
anunciadores de tu amor,
testigos de tu esperanza
y constructores de tu Reino.

A Ti la gloria y la alabanza por los siglos. Amén

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